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Mimo familiar y empeño, principios activos de los productores sostenibles de octubre

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Un viaje por los sueños cumplidos y el empeño familiar nos lleva desde los aromas de un vino pensado en México y ejecutado en La Rioja, hasta la exquisita mantequilla asturiana fundida a golpe de manaser, el refrescante limón valenciano o las castañas gallegas que desprenden olor a otoño.

El logroñés Abundio Baños (1908-1989), natural de Badarán, fue un indiano que hizo fortuna en México. Cuando llegó al país americano se empleó en una ferretería. Había que empezar a salir adelante. Con el tesón de la mayoría de aquellos emigrantes que cruzaban el Atlántico con la idea de prosperar, Abundio consiguió darle un giro a su vida y se transformó en un empresario de renombre. Una de las primeras cosas que hizo fue comprarle un autobús a su equipo de fútbol, el Logroñés. Lo prometió después de un ascenso y lo confirmó a través de un telegrama al club el 14 de junio de 1950: “Cuenten autobús”. El 21 de septiembre de 1951, el autocar llegaba a Logroño.

Pero aquel no era el único sueño que el emigrante quería cumplir cuando la vida le estaba sonriendo. Uno de los sueños de su vida había sido tener una bodega, y Abundio se hizo con una en su Rioja natal: Bodegas Gómez Cruzado.

Allí, en el Barrio de la Estación de la localidad de Haro, se fundó esta bodega en 1886, fecha en la que Ángel Gómez de Arteche, noble mejicano relacionado con el ducado de Moctezuma de Tultengo, decidió elaborar y embotellar vinos. Tras pasar por otras manos, cayó finalmente en las de Abundio. Hoy son sus nietos los propietarios. Ellos viven en México, pero su corazón está en la bodega que su abuelo les dejó.

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David González es el director de enología y CEO, y también quien cuida de la empresa familiar en España durante todo el año. “Estamos en un lugar de vinos tradicionales muy clásicos, y aunque la bodega tiene 135 años, nosotros hacemos un trabajo muy contemporáneo y comercializamos una gama más acorde a lo que hoy en día demanda el mercado”, explica. Son vinos limpios en nariz, con fruta y con mucha intensidad en boca. Como Abundio habría querido.

Las Bodegas Gómez Cruzado son pequeñas, pero comercializan ocho deliciosos caldos diferentes a través de 300.000 botellas al año. Para elaborarlos seleccionan lo mejor de las vides riojanas: “Tenemos viticultores en muchas zonas de La Rioja, lo que nos permite construir una paleta muy variada para hacer nuestros vinos”. Un 40% de la producción anual se queda en España. El resto se exporta y México, cómo no, es uno de los principales destinos.

Paciencia y convicción por los cítricos

Solo el tesón, la paciencia y la plena convicción de que los sueños se cumplen hace que muchos productos exquisitos tengan como destino nuestros paladares. Gracias al amor a la tierra ha sido como muchas empresas familiares han logrado ofrecer productos elaborados con mimo. Fede Aparicio Vercher es una de esas personas que no se rinden, que saben que cuando algo es bueno, ese algo debe ser compartido, ese algo debe ser acercado a las mesas de todas aquellas personas que van a saber apreciarlo.

Fede supo desde el principio que sus cítricos no tenían rival. El problema era cómo contárselo a la gente. Había que presentárselos a los posibles clientes y para hacerlo decidió dar un salto en el tiempo. “Mi familia y yo nos dedicábamos a la tierra, pero llegó un momento en que aquello se hacía demasiado duro para nosotros. Era el año 1998 cuando vi aquel programa de Informe Semanal un sábado por la noche. Entrevistaban a Carlos Barrabés, que tenía una tienda de alpinismo en Benasque y que había decidido meterlo todo en internet para enseñarlo. Aquello me llamó mucho la atención y a los pocos días le llamé”.

El fundador de Naranjas Lola necesitaba claves para comercializar sus productos y la idea de usar internet en un momento en el que la red apenas se estaba creando le llamaba la atención. “Lo primero que hice fue hablar con él y después una lista de unos 10.000 hoteles y restaurantes a los que les envié una carta para contarles que podíamos enviarles nuestras naranjas recién recogidas en su punto justo de maduración. Nos contestaron unas 15 personas. Yo estaba muy angustiado. Lo único que quería en aquel momento era recuperar las 20.000 pesetas (unos 120 euros) que había invertido en los envíos”.

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Después de mucho tiempo las recuperó, pero el negocio no acababa de prosperar. Google no existía, y eso le dificultaba las cosas. Pero pensó que tal vez ofreciendo a sus clientes comprar el producto a través de una web, probarlo y después pagarlo conseguiría clientela. Y así fue. Del árbol a la mesa en 24 horas. “Tuve la suerte de que los cuatro o cinco restaurantes más famosos de España empezaron a comprar mis cítricos y comenzamos a vender cada vez más. Y así llevamos ya 23 años”.

Fede Aparicio; Lola, su mujer, y dos de sus hijos trabajan unas 13 horas al día entregados a sus cosechas. Les costó llegar, pero una vez que lo consiguieron, entraron por la puerta grande en el mundo de la gastronomía. No había duda de que sus productos no tenían rival: pomelos, mandarinas, naranjas, limones… “Con la fruta más fea hacemos mermeladas”, dice.

Las fincas donde cultivan están en Cullera (Valencia) y los grandes cocineros españoles alaban sus productos. Pero la familia sigue siendo la misma de siempre. “Yo soy el paleto más famoso de España”, bromea. Hace unos años alguien le ofreció comprarle una de sus fincas con un cheque en la mano. “Me daban cuatro millones de euros, pero entonces Naranjas Lola ya tenía pulmón. Rechazamos el dinero por cariño a la tierra y por amor propio”.

Más de 35 años especializados en la castaña

El cariño a la tierra y la conciencia sobre el esfuerzo que supone trabajarla es lo que ha llevado a tantos y tantos productores a conseguir frutos tan especiales como estos. Por eso en Castañas Naiciña este año están especialmente decepcionados. Un hongo causado por la climatología ha estropeado gran parte de la producción y en plena época de castañas no tienen tantas como les hubiera gustado. Trabajar sin descanso y que luego ocurran estas cosas son los sinsabores que a veces da también la tierra. Pero vendrás mejores temporadas.

La empresa surgió como un pequeño negocio familiar en Chantada (Lugo). Allí, la familia Areán Gonzalez se dedicaba desde 1972 a la comercialización de productos agrícolas cuando en el año 1985 decidieron apostar por el mercado de la castaña, especializándose en su elaboración y distribución. “Era el producto más específico de la zona, por eso mis padres decidieron comercializar solo con él. Galicia es una gran productora de castañas dentro de España”, explica Miguel Areán. “A partir de los años 2001 y 2002 el negocio dio un gran impulso” y fue entonces cuando Miguel y su hermana Cristina se dieron cuenta de que el esfuerzo de sus padres por levantar aquella empresa y dedicarse a ese negocio había merecido la pena.

Compran el producto a los miles de productores de castaña que hay en Galicia y luego lo preparan. Más de la mitad se va al extranjero –“en España no somos grandes consumidores de castañas”, se queja Miguel– y el resto se queda aquí para vender a los asadores de castañas, para elaborar el marrón glacé, las castañas cocidas envasadas al vacío o la famosa harina de castañas, un producto que no contiene gluten, colesterol ni grasa y con una proteína muy asimilable.

Lorenzana, la clave está en el manaser

¿Qué es lo que hace especial a aquellos productos que nos resultan tan agradables a nuestro paladar? El buen trato que han recibido es uno de los aspectos más importantes. También el conocimiento de la materia a través de generaciones y generaciones de una misma familia que han sabido mantener la tradición y el cuidado por hacer un trabajo especial con sus productos. En este caso, han transcurrido ya cien años desde que cuatro socios fundaron Mantequera de Tineo.

Y ahí siguen, con un producto en el mercado que se ha convertido en un bocado realmente delicioso: la mantequilla tradicional Lorenzana. La clave está en el manaser: rodillo con el que se amasa la mantequilla lentamente para conseguir la textura perfecta. El proceso de elaboración es manual. “Es un elemento clave junto a la sabiduría de nuestros mantequeros”, dice Lorena Rodríguez, una de los 15 empleados que tiene la fábrica. “A más amasado, el sabor cambia, y también lo hacen el olor y el sabor. Por eso hay que saber muy bien cómo manejarlo para conseguir el punto exacto”.

En el caso de la mantequilla salada, otra de las especialidades de la mantequera de Tineo, este ingrediente consigue fundirse con total delicadeza en la crema a través del manaser, que parece ser el auténtico dueño de un sabor que nadie ha conseguido igualar en el tiempo. Sin él y sin los cinco maestros mantequeros de esta productora tradicional asturiana nunca se podría haber conseguido una crema con tantísimos matices.

La tradición la familia, el esfuerzo y la experiencia es lo que han hecho de estos cuatro productores un ejemplo para otros muchos. El otoño se hace mucho más cálido con ellos, más suave, más apetitoso y, sobre todo, mucho más feliz.

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