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¿Qué es la ecología? La ciencia que entiende el planeta

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La observación de la naturaleza nos lleva hasta Aristóteles, pero es a partir de mediados del siglo XX cuando se vislumbra el impacto del desarrollo humano en el medioambiente. Es entonces cuando la ecología ganó estatus científico al explicar cómo se relacionan los seres vivos entre sí y con el entorno. Hoy este término adquiere aún más importancia para la sostenibilidad del planeta.

A principios del verano de 1903, Theodore Roosevelt hizo algo poco habitual para un presidente de Estados Unidos. Pasó una noche al raso, sin más protección que las estrellas, en uno de los picos emblemáticos del Parque Nacional de Yosemite: Glacier Point. Le acompañaba un hombre de barba desaliñada y, ya entonces, canosa. Una persona que había hecho de la defensa de Yosemite su vida.

Aquel hombre era John Muir; y aquella noche no solo logró cambiar la forma en que Roosevelt observaba la naturaleza, sino que sentó las bases de un cambio que resuena en nuestros días. Muir fue uno de los primeros exponentes del conservacionismo y dedicó su vida a proteger espacios naturales emblemáticos del impacto de la civilización. Fue, también, el fundador de Sierra Club, una de las organizaciones ambientales más antiguas, aún hoy en funcionamiento.

Pero la historia de uno de los precursores del ecologismo no tiene sentido de forma aislada. La vida de Muir no puede entenderse sin la de Alexander von Humboldt, un científico alemán nacido casi 150 años antes de la excursión de Roosevelt y Muir. Los viajes de Humboldt por América, abriendo camino para otros grandes exploradores científicos como Darwin, inspiraron la obsesión de Muir con la conservación de la naturaleza.

A principios del siglo XIX, Humboldt recorrió los territorios de lo que hoy es Venezuela, Colombia, México o Perú. Navegó el Orinoco y subió al Chimborazo. En todos sus viajes, tal como explica su biógrafa Andrea Wulf en ‘La invención de la naturaleza’ (Taurus, 2016), Humboldt buscaba entender la relación entre especies animales y vegetales con el medio, la relación de la biología con la física y la química. Su obsesión era demostrar que todo estaba conectado. Quería entender los ecosistemas más de un siglo antes de que se inventase la palabra.

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Alexander von Humboldt.

Humboldt es uno de los padres de la ciencia de la ecología y una de las primeras personas en describir científicamente cómo el ser humano tenía la capacidad de alterar su entorno de forma irreversible. Su historia y la de Muir son la historia de la ecología y del ecologismo. Una ciencia y un movimiento social que recorren caminos separados, pero con algunos puntos de encuentro.

Ecología frente a ecologismo

Por mucho que pueda ayudarnos a entender las cosas, nada tiene origen en un único punto. La ecología y el ecologismo tampoco. Antes de Humboldt y Muir hubo muchos otros y, tras ellos, llegarían muchos más. Para recorrer los caminos de la ecología y el ecologismo, sin embargo, es necesario hacer una pequeña parada antes. Porque, aunque a veces se usen de forma similar, no son lo mismo.

“La ecología es al ecologismo lo que la sociología al socialismo”, ironiza Jaume Terradas, catedrático de Ecología de la Universidad Autónoma de Barcelona, hoy emérito y honorario. “El ecologismo es un conjunto de activismos y movimientos políticos, mientras que la ecología es una ciencia. Lo que ocurre es que muchos ecólogos somos un poco ecologistas, porque nuestro conocimiento de la relación entre el ser humano y los sistemas ecológicos nos hace pedir más prudencia y más conservación de los espacios naturales”.

La ecología es una ciencia que bebe de la biología, la química, la geología, las matemáticas o la física. Persigue, tal como perseguía Humboldt, entender las complejas relaciones que mantienen los seres vivos entre sí y con su medio, comprender los entresijos de los sistemas ecológicos. El ecologismo es, sin embargo, un movimiento social y político de defensa de la naturaleza; un movimiento que tuvo su origen en conservacionismos como el de Muir, pero que hoy va mucho más allá.

“La relación del ecologismo con la ecología es fundamental. La ecología nos hace entender que todas las especies están interrelacionadas entre sí y con su medio, formando los ecosistemas”, señala Luís Suárez, coordinador de conservación de WWF España. “Según se desarrolla la ecología y nos damos cuenta de la complejidad de estas relaciones, la respuesta del ecologismo se hace también más compleja. La ecología es la ciencia base que nos da la información teórica que necesitamos”.

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Pasado griego y futuro en el Antropoceno

En un sentido amplio, la ciencia lleva miles de años acompañando la historia del ser humano. Muchas civilizaciones antiguas manejaban conocimiento científico y estudiaban la anatomía, la biología, las matemáticas o la astronomía, entre otras disciplinas. Pero, si hay una civilización clásica en la que la mayoría de las ciencias hunden sus raíces, esa es la griega.

La observación de la naturaleza de Aristóteles o el análisis de la relación del entorno y el ser humano de Hipócrates son algunas de las primeras señales que marcan el camino de la ecología, tal como recoge en ‘Breve historia de la ecología’ el ecólogo José María Blanco Martín. Aun así, tendrían que pasar todavía muchos siglos para que la ciencia de la ecología empezase a tomar forma.

Anton van Leeuwenhoek, quien estudió las cadenas alimentarias; Carl Linneo, que puso nombre a miles de especies y desarrolló la idea de la economía de la naturaleza; Charles Darwin y el origen de las especies, o el propio Humboldt abrieron las puertas al nacimiento de la ciencia de la ecología durante los siglos XVII, XVIII y XIX. Fue, precisamente, pasado ya el ecuador del XIX cuando apareció por primera vez el término ecología en los escritos de un ferviente defensor de las teorías de Darwin.

“Ernst Haeckel, un estudioso de la biología, propone por primera vez el término ecología para referirse al estudio de las relaciones de los seres vivos entre sí y con el medioambiente”, señala Jaume Terradas. “Este término quedó aparcado durante algún tiempo, pero a finales del siglo XIX empezaron a salir algunos trabajos que se podrían adscribir a esta nueva línea de investigación biológica”.

Durante el siglo XX, explica el doctor de la Universidad Autónoma de Barcelona, la ecología se desarrolla y gana estatus científico con la aparición de nuevas teorías y conceptos, así como la publicación de estudios detallados y profundos sobre los ecosistemas. Hoy es una ciencia que intenta avanzar en el entendimiento de las dinámicas complejas que rigen nuestro planeta y, sobre todo, busca el encaje del ser humano en todo ello.

“Nosotros formamos parte de los sistemas ecológicos y, como todos los organismos, los alteramos. Pero, en nuestro caso, debido a las derivaciones culturales de nuestra evolución, la alteración del medio es mucho más profunda”, subraya Terradas. “La ecología nos ha ayudado a darnos cuenta de que los seres humanos y sus culturas son un resultado de la evolución biológica, una cultura que ha hecho que nuestra relación con el medio sea mucho más fuerte”.

“Estamos alterando enormemente lo que era la diversidad antes de nuestra aparición. De hecho, lo hacemos desde hace solo 5.000 años, que es cuando empieza a notarse el peso de la ganadería y la agricultura”, añade. “Se habla incluso de que estamos en una nueva fase geológica: el Antropoceno, una época dominada por el ser humano. La ciencia de la ecología debe ayudarnos a entender de qué manera los ecosistemas reaccionan a nuestro impacto y a hacer propuestas que mejoren nuestra relación con el entorno”.

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EFE.

Greta Thumberg y los retos del ecologismo

La historia del ecologismo es más corta pero puede que más intensa. El movimiento ecologista tiene sus precursores en el conservacionismo de Muir y en el pensamiento romántico que recupera el valor de lo salvaje. Pero, tal como recogen en el artículo ‘Environmentalism and ecologism’ los sociólogos Kevin Harrison y Tony Boyd, es, sobre todo, un movimiento de la segunda mitad del siglo XX.

La sensación de que el desarrollo de nuestras civilizaciones estaba causando impactos profundos en la naturaleza llevaba décadas presente. Pero fue durante los años cincuenta y sesenta del siglo pasado que la ciencia empezó a demostrar claramente que aquello era más que una simple impresión.

“En aquellos años percibimos las primeras señales fuertes de este impacto. Las especies que desaparecen o las alteraciones de espacios naturales fantásticos hacen saltar las primeras alarmas”, explica Luís Suárez. “Habíamos iniciado un camino de destrucción, aunque los impactos se notaban todavía a nivel muy local. Poco a poco, con el paso del tiempo, nos hemos ido dando cuenta de que el daño se produce en todo el planeta”.

El ecologismo empieza como una suma de movimientos locales, bastante espontáneos y desestructurados, en diferentes países. Además, bebe de varias fuentes distintas. “Al principio, el ecologismo se centraba en la conservación de especies y hábitats. Pero pasa a integrar también el movimiento antinuclear, que a su vez integró otros movimientos sociales y pacifistas”, añade el coordinador de WWF España.

Entre 1961, año de la fundación de WWF, y 1971, año del nacimiento de Greenpeace, el movimiento ecologista empieza a articularse en asociaciones y organizaciones cada vez más estructuradas. Poco a poco, deja de ser un conjunto poco definido de protestas locales y va ganando influencia. La constatación del cambio climático y la pérdida alarmante de biodiversidad durante las décadas siguientes contribuiría a convertir el ecologismo en el movimiento social que es hoy.

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“El ecologismo hoy se ha profesionalizado a todos los niveles para hacer frente a muchos retos. Ha incorporado más que biólogos y naturalistas, ha sumado administradores, comunicadores, abogados, economistas… El ecologismo es más complejo y más profesional, pero también abarca más temas”, señala Suárez.

La publicación en 1990 del primer informe del IPCC –panel de expertos de referencia en la ciencia climática– marca un antes y un después a nivel comunicación y alcance social. De golpe, la subida del nivel del mar, el deshielo o el futuro de algunas especies emblemáticas ocupan portadas y son objeto de debate político. El impacto del ser humano en su entorno, poniendo en jaque su propio futuro, se transforma en una preocupación global.

“El mayor logro del ecologismo ha sido conseguir que buena parte de la sociedad tenga claro que tenemos que abordar una serie de retos medioambientales, empezando por el cambio climático y continuando por la pérdida de la biodiversidad”, explica Suárez. “Hoy, la sociedad ha adelantado incluso a las organizaciones. Los jóvenes salen a la calle pidiendo más compromiso, más respuestas. Han convertido el cambio climático en la lucha de una generación. Greta Thunberg es el mejor ejemplo”.

Y, a partir de ahora, qué. “Tenemos que ser capaces de explicarle a la sociedad que la salida a esta crisis pasa por cambiar nuestro modelo de producción y consumo, que estamos viviendo por encima de los límites del planeta”, concluye Luís Suárez. Para ello, el conocimiento que pueda aportar la ecología será fundamental. “La ciencia tiene que acabar de entender el encaje, o el desencaje, del ser humano en los sistemas ecológicos”, añade Jaume Terradas.

Al igual que desde los tiempos de Humboldt y Muir, la ecología y el ecologismo seguirán recorriendo caminos separados. Uno, guiado por la ciencia. Otro, canalizando protestas sociales e intenciones políticas. Pero los puntos de encuentro seguirán existiendo y seguirán girando en torno al planeta y nuestra relación con los demás seres que lo habitan.

* Imagen de apertura: EFE

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