¿Qué son los bancos de semillas y por qué son clave para la biodiversidad?
Los bancos de semillas son instalaciones que conservan variedades vegetales para proteger la biodiversidad agrícola frente al cambio climático, las enfermedades o la pérdida genética de los cultivos. Estos depósitos permiten preservar semillas durante décadas y garantizar recursos esenciales para la alimentación futura.
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Los bancos de semillas, también conocidos como bancos de germoplasma, son instalaciones especializadas. Conservan ejemplares de distintas especies vegetales, tanto silvestres como agrícolas, en forma de semilla. Su función principal es proteger la biodiversidad agrícola. Actúan como un escudo frente al cambio climático, las enfermedades y la pérdida genética de los cultivos.
Estas instalaciones permiten preservar semillas durante décadas. Así, garantizan recursos esenciales para la alimentación del futuro. Tienen dos objetivos fundamentales. El primero es conservar la diversidad genética de las plantas, especialmente de aquellas en riesgo de desaparición. El segundo es facilitar este material a investigadores y expertos en mejora vegetal.
Como explica Isaura Martín, ingeniera agrónoma del Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA), muchos de estos centros se crearon en los años setenta y ochenta del siglo XX. Surgieron como respuesta a una pérdida genética cada vez más rápida. Esta desaparición se debió, en parte, a la sustitución de variedades locales por unas pocas variedades mejoradas.
Hoy, estos bancos siguen conservando variedades locales. Además, priorizan las especies silvestres emparentadas con los cultivos. Estas plantas pueden aportar características de interés, como una mayor resistencia.
Los bancos de semillas ayudan a preservar variedades resistentes frente al cambio climático y nuevas enfermedades.
Qué es el Banco Mundial de Semillas de Svalbard
La historia de este enclave ártico tiene raíces mineras: en 1906, el industrial estadounidense John Munro Longyear fundó la Arctic Coal Company, iniciando la extracción comercial de carbón que cambiaría para siempre este salvaje archipiélago y daría nombre a su capital, Longyearbyen. Décadas más tarde, con muchas minas abandonadas, el Centro Nórdico de Recursos Genéticos (NordGen) escogió una de esas galerías para establecer una primera copia de seguridad de la agricultura. Allí, bajo la protección del permafrost —un suelo que permanece eternamente congelado—, nació la idea de un gran guardián global de la biodiversidad.
En 2001, tras aprobarse el Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura, se estableció la necesidad de conservar e intercambiar semillas de forma sostenible. Tres años después, en 2004, el Gobierno de Noruega se comprometió a financiar y construir el Banco Mundial de Semillas de Svalbard cerca de aquel primer depósito.
En el exterior, la instalación se alza como un edificio de ángulos marcados que recorta el paisaje helado, pero su verdadero valor está bajo tierra. La bóveda está excavada al final de una galería que penetra 100 metros en la montaña. En su interior, a una profundidad de entre 40 y 60 metros, reposa la seguridad alimentaria del planeta: actualmente almacena más de 900.000 muestras de semillas, aunque posee una asombrosa capacidad total para resguardar hasta 4,5 millones.
En 2026, el Banco Mundial de Semillas de Svalbard fue reconocido con el Premio Princesa de Asturias de Cooperación Internacional por su contribución a la conservación de la biodiversidad agrícola y a la seguridad alimentaria global. El jurado destacó su papel como gran reserva genética mundial frente a amenazas como el cambio climático, las guerras o la pérdida de variedades cultivadas.
Por qué los bancos de semillas son clave para la seguridad alimentaria
Desde la aparición de la agricultura hace 12.000 años, las variedades locales evolucionaron constantemente gracias a la selección natural (adaptándose a entornos concretos) y a la selección humana (escogiendo frutos más eficientes o resistentes). Este proceso histórico nos legó cientos de miles de variedades locales con características únicas.
Sin embargo, la preocupante falta de diversidad actual hace a los cultivos extremadamente vulnerables frente a escenarios inestables. Aquí es donde los bancos de semillas se revelan como esenciales: albergan los materiales genéticos que funcionan como herramientas indispensables de resiliencia agrícola. Tener disponible toda esta diversidad vegetal permite aportar a los cultivos los caracteres de adaptación necesarios para sobrevivir y garantizar la alimentación de la humanidad ante las nuevas condiciones climáticas y biológicas.
Cómo funciona un banco de semillas
Aunque el de Svalbard es extraordinario, existen más de 1.500 bancos de semillas a nivel mundial que trabajan día a día en red. Estos bancos de germoplasma, como el del INIA en España que gestiona unas 70.000 muestras, conservan las semillas dormidas: inactivas pero con su capacidad para germinar totalmente intacta.
El secreto está en el tratamiento de las denominadas "semillas ortodoxas", que toleran una desecación intensa y prolongada. Para garantizar su supervivencia, se recomienda reducir la humedad de las semillas a un rango de entre el 3% y el 7% y mantenerlas almacenadas a temperaturas de unos 20 °C negativos. En estas condiciones extremas de frío y sequedad, muchas simientes pueden mantenerse viables más de 100 años, aunque la longevidad varía según la especie: las de lechuga viven poco tiempo, mientras que las legumbres son muy duraderas.
Todo este proceso requiere una gran precisión e involucra tareas sistemáticas como la limpieza, la desecación y el envasado de nuevas muestras, además de la revisión periódica de las tasas de germinación y la multiplicación de las semillas en el campo para rejuvenecerlas y aumentar sus cantidades.
La conservación genética de cultivos es clave para garantizar la seguridad alimentaria futura.
Cómo la agricultura moderna ha reducido la biodiversidad genética
El camino de la diversidad agrícola se invirtió drásticamente en los últimos 200 años, acentuándose a partir de 1950. La búsqueda de variedades más uniformes fue el motor que permitió la verdadera industrialización del campo y el desarrollo agrícola e industrial.
Esta uniformidad genética, sumada a la unificación de los hábitos culturales y alimenticios globales, ha provocado que la heterogeneidad de los cultivos no deje de descender. El resultado es abrumador: hoy se calcula que el 90% de la alimentación mundial está basado en apenas 30 especies vegetales y unas pocas docenas de variedades.
Depender de monocultivos y genéticas idénticas es un riesgo histórico comprobado. La humanidad ya ha sufrido graves catástrofes agrícolas por esta causa, como la gran hambruna irlandesa del siglo XIX (donde una enfermedad arrasó las plantaciones de patata) o el colapso del plátano Gros Michel, la variedad comercial dominante que fue declarada virtualmente extinta en 1965 por culpa de un hongo.
Qué riesgos amenazan a los cultivos del planeta
La agricultura moderna se enfrenta a un escenario de alta incertidumbre y vulnerabilidad. Los riesgos más inminentes que amenazan la alimentación a nivel global incluyen:
- El aumento constante de la temperatura global.
- La prolongación e intensificación de los periodos de sequía.
- La aparición de nuevos organismos patógenos, hongos y plagas, como el que causó la enfermedad de Panamá en los plátanos.
- Las consecuencias de difícil predicción derivadas del cambio climático en su conjunto.
Si estos factores golpean a cultivos que carecen de variabilidad genética para defenderse, se pone en riesgo directo el pilar más primordial de la sociedad humana: la alimentación.
Qué problemas afrontan los bancos de germoplasma
A pesar de ser los guardianes estratégicos de la agricultura global, la realidad diaria de los bancos de germoplasma está llena de obstáculos técnicos y económicos. Todo el proceso de conservación, monitoreo y rejuvenecimiento supone un volumen de trabajo inmenso que exige disponer de personal técnico muy especializado y adecuadamente entrenado.
Sin embargo, como advierte Isaura Martín, estas instituciones sufren de forma alarmante y frecuente una grave falta de recursos financieros y humanos para el mantenimiento correcto de los materiales genéticos que resguardan. Esta situación añade una enorme tensión a los centros, ya que la deficiencia en el mantenimiento es preocupante y puede desembocar en una catástrofe silenciosa: la pérdida masiva e irremediable de muestras únicas en el mundo.
Preguntas frecuentes sobre los bancos de semillas
¿Qué es un banco de semillas?
Un banco de semillas es una instalación que conserva semillas de distintas especies vegetales para proteger su diversidad genética y garantizar su uso futuro.
¿Para qué sirven los bancos de semillas?
Sirven para preservar variedades agrícolas y silvestres, proteger la biodiversidad vegetal y asegurar recursos genéticos esenciales para la alimentación y la agricultura.
¿Qué es el Banco Mundial de Semillas de Svalbard?
Es una bóveda situada en el archipiélago noruego de Svalbard que almacena copias de seguridad de semillas procedentes de bancos genéticos de todo el mundo.
¿Por qué son importantes los bancos de semillas para la seguridad alimentaria?
Porque ayudan a conservar variedades resistentes frente a sequías, enfermedades o cambios climáticos, fundamentales para garantizar cultivos futuros.
¿Cómo se conservan las semillas en estos bancos?
Las semillas se almacenan en condiciones controladas de baja humedad y temperaturas cercanas a los -20 °C para mantener intacta su capacidad de germinación durante décadas.
¿Qué amenazas ponen en riesgo la biodiversidad agrícola?
El cambio climático, los monocultivos, la pérdida de variedades locales y la aparición de nuevas enfermedades reducen la diversidad genética de los cultivos.
¿Cuántos bancos de semillas existen en el mundo?
Se calcula que existen más de 1.500 bancos de semillas o bancos de germoplasma repartidos por distintos países y centros de investigación.