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Tecnología> Innovación 10 sep 2021

Universal y humanitaria: Tecnología para mejorar la vida de colectivos vulnerables

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Nadie está a salvo de ser vulnerable en algún momento de su existencia. Fortalecer la capacidad de un colectivo para hacer frente a un riesgo o peligro es esencial. La tecnología, cuando es sostenible, segura y universal, se presenta como una vía frente a la desigualdad.

La música no es más que la combinación de sonidos en el tiempo. Al menos, técnicamente. En realidad, el concepto va mucho más allá: se trata de un arte que busca resultar agradable a nuestros oídos, evocar sensaciones y transmitir emociones. La música tiene la capacidad de evadirnos, mejorar nuestro estado de ánimo y transportarnos a otras épocas y lugares.

A menudo escuchamos que nada activa nuestro cerebro como la música. Y lo cierto es que la memoria musical es, junto a la del olfato, una de las últimas que perdemos. Basta con escuchar un par de compases de una melodía conocida para que en nuestra mente empiecen a formarse las imágenes de situaciones vividas años e incluso décadas atrás.

Un equipo de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona ha querido sacar partido a esta realidad con la creación de Banda Sonora Vital, un proyecto que busca ayudar a personas con Alzheimer a estimular la memoria. A través de su web interactiva, los pacientes pueden reconectar con su entorno y mejorar, así, su bienestar emocional.

Banda Sonora Vital es un ejemplo de lo que podríamos considerar tecnología humanitaria. Aquella que pone el foco en colectivos vulnerables y en riesgo de vulnerabilidad, y tiene como principal objetivo mejorar su calidad de vida. Pero no es el único. En los últimos años, la tecnología se ha puesto a disposición de la sociedad y han surgido numerosas soluciones que buscan hacer de nuestro entorno un lugar más igualitario.

¿Qué entendemos por colectivo vulnerable?

El término vulnerabilidad hace referencia a la incapacidad de una persona o un grupo de personas de anticiparse, hacer frente y resistir a los efectos y las consecuencias de un problema o peligro. De acuerdo con la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (IFRC), se trata de un concepto relativo y dinámico. La vulnerabilidad social puede adoptar diferentes formas y depender de numerosos factores.

“Se trata de un término que puede dar lugar a confusión, ya que cualquiera de nosotros podemos ser vulnerables”, explica Carlos Capataz, director de Servicios Tecnológicos y Digitales de Cruz Roja Española. “No sabemos cómo van a cambiar nuestras vidas de aquí a quince días, por lo que todos podemos entrar en ese espacio de vulnerabilidad. Sin embargo, hay gente en una situación en la que cualquier contingencia de la vida cotidiana le deja en una situación vulnerable”, sostiene.

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El nivel de riesgo depende de una serie de elementos determinados por el contexto. Actualmente, existe una mayor amenaza de vulnerabilidad entre mujeres, personas mayores, desplazados, refugiados, enfermos crónicos y personas con discapacidad, entre otros. “La vulnerabilidad casi siempre se asocia con la pobreza, pero también son vulnerables las personas que viven en aislamiento, inseguridad e indefensión ante riesgos, traumas o presiones. La exposición de las personas a riesgos varía en función de su grupo social, sexo, origen étnico u otra identidad, edad y otros factores”, explican en la web de IFRC.

Para contrarrestar esta vulnerabilidad es necesario, por un lado, reducir las causas que la fomentan, como pueden ser la pobreza y la desigualdad. Por el otro, fortalecer la capacidad de todos los colectivos de hacer frente a los peligros. La tecnología se presenta como una de las principales vías, aunque no la única, para conseguirlo.

Reducir la brecha digital

“La tecnología nos rodea en nuestra vida cotidiana y está presente en prácticamente cualquier ámbito. Como consecuencia, puede presentarse como una aliada o como un lastre”, explica Capataz. “Todo depende de si se tiene o no la posibilidad de sacarle partido”.

Para que la tecnología contribuya a mejorar la vida de los colectivos vulnerables, es fundamental garantizar el acceso universal a la misma. Acabar con la brecha digital depende de que todas las personas tengan conocimientos para utilizar herramientas tecnológicas, dispositivos electrónicos y acceso a la conectividad. Pedir una simple cita, solicitar una ayuda o comunicarte con tus semejantes requiere de unas competencias digitales mínimas, seguras y accesibles: digitalización sostenible lo llaman.

“Muchas veces se piensa que lo más importante es dotar a las personas de dispositivos. Sin embargo, el verdadero reto está en garantizar el derecho a la conectividad”, señala Capataz. “Los conocimientos se pueden adquirir, de forma autodidacta o con acompañamiento, y lo mismo sucede con los dispositivos, que pueden obtenerse a través de amigos, familiares o iniciativas sociales como las que ofrece Cruz Roja. Sin embargo, esto no sirve de nada si después no se puede pagar la cuota de conectividad cada mes”.

De acuerdo con el director de Servicios Tecnológicos y Digitales de Cruz Roja Española, el papel de la sociedad es fundamental para reducir la brecha digital. “No podemos esperar que la responsabilidad recaiga exclusivamente sobre la administración o las empresas. A nivel individual, podemos mirar a nuestro alrededor y echar una mano. Seguramente tengamos vecinos que tengan dificultad para acceder a internet, con los que podamos compartir nuestra conexión o parte de nuestros datos, o personas a las que podamos enseñar cómo usar los dispositivos”, reflexiona.

Tecnología para mejorar el día a día

En las últimas décadas, numerosas herramientas tecnológicas se han diseñado exclusivamente para mejorar la calidad de vida de personas en riesgo de exclusión. Banda Sonora Vital, el proyecto del Grup de Recerca en Tecnologia Musical de la Universitat Pompeu Fabra que busca despertar el recuerdo de personas con Alzheimer, es solo un ejemplo.

En Vietnam, un grupo de niñas utilizó el videojuego Minecraft para rediseñar un barrio de Hanoi, lleno de zonas oscuras y mal iluminadas, que tenían que cruzar para ir a la escuela. Hoy, y gracias a la Fundación Block by Block, parte de sus propuestas se han convertido en realidad y la zona, antes peligrosa, cuenta con fuentes de iluminación, señales y elementos de seguridad.

Al otro lado del Pacífico, vecinos de numerosos barrios de Lima (Perú) se unieron también para imaginar cómo podrían ser sus calles y darles forma a través de Minecraft. Hoy, más de 300.000 personas se benefician de más espacios verdes y zonas de ocio gracias a esta iniciativa.

En España, un grupo de investigación diseñó Berdac, un dispensador de medicamentos inteligente que alerta al paciente de cuándo le toca tomar la medicación y le facilita la dosis que necesita. Y la lista no acaba aquí. Drones para localizar a personas desorientadas, webs para favorecer la inclusión laboral de mujeres o realidad virtual para prevenir el desarrollo de problemas cognitivos son otros de los muchos ejemplos de tecnología humanitaria. Aquella, señala Capataz, pensada para ser accesible y útil para los colectivos más vulnerables.

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