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Adultos 15 oct 2016

¿Es viable nuestro sistema de pensiones?

Según los cálculos de BBVA Research, para mantener la relación actual entre pensión media y salario medio  en el futuro habrá que alcanzar los 27 millones de cotizantes en 2050, unos 10 millones más que en la actualidad. Unas cifras que solo se alcanzarán si la recuperación económica es verdaderamente intensa, con entrada de futuros inmigrantes, y si los ingresos aumentan de forma considerable. Si este escenario no se plantea, ¿qué alternativas tiene la sociedad para disminuir la tasa de dependencia actual?

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El principal reto al que se enfrenta el sistema de pensiones actual es, por un lado, que la esperanza de vida a partir de 65 años aumenta aproximadamente 16 meses cada diez años. Y, por otro, que la  generación del ‘baby boom’ se empezará a retirar a principios de la próxima década y lo harán con una esperanza de vida mayor que la de sus coetáneos europeos.

Ante este panorama, las posibles combinaciones que hay son tres. Por un lado, aceptar la reducción de la pensión media sobre el salario medio y compensarla con más recursos procedentes del ahorro privado. Por otro, aumentar los recursos destinados a las pensiones públicas, es decir, financiar parte del sistema por la vía de impuestos más eficientes, como los indirectos o reducir el gasto público en otras partidas. Y, por último, se podrían realizar reformas estructurales que disminuyan la tasa de desempleo, aumenten la población ocupada y los salarios.

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Ocho posibles reformas

– Alargar la vida laboral. Incentivar al retraso voluntario de la jubilación es una fórmula posible que podría activar la economía y ampliar la base de cotizaciones a la Seguridad Social. Uno de los errores más comunes es pensar que el trabajo es algo fijo que tenemos que repartirlo entre todos y que necesitamos que la población se jubile pronto para que dejen el empleo a los jóvenes. La evidencia internacional muestra justo lo contrario:, cuando los mayores trabajan más años su consumo es mayor, lo que genera más actividad y mayores oportunidades para los jóvenes.

– Estudiar la progresividad de las cotizaciones. Una de las propuestas sería evaluar un cambio en las políticas públicas y establecer un sistema progresivo con un tipo fijo y un mínimo exento en la base de cotización. Se trata de una medida que tendría que plantearse  de forma gradual y con una evaluación rigurosa.

– Ligar el salario a la productividad en lugar de a la antigüedad. Otra posible solución sería introducir criterios de productividad en la evolución salarial a lo largo de la carrera laboral. Esta propuesta se enfrenta al sistema tradicional del ‘plus’ por antigüedad, que lleva a que muchas empresas tengan incentivos a no seguir empleando a los trabajadores de mayor edad. Si al aumentar la esperanza de vida la población se jubila más tarde, el perfil de productividad puede llegar a decrecer en las personas de mayor edad, algo que requiere gestionar el talento e invertir en formación continua.

– Políticas activas de inmigración. Para que el sistema de pensiones mantenga la generosidad actual en 2050 con el aumento de los pensionistas hasta los 15 millones, los cotizantes tendrán que pasar de 17 a 27 millones. El reto demográfico en las próximas décadas no se va a poder resolver solo con natalidad, sino que también necesita la ayuda de  la inmigración. Por lo tanto es necesario implantar una política de inmigración activa para atraer capital humano.

– Impuestos indirectos para sufragar las pensiones. Algunos países nórdicos pagan la mayor parte de sus pensiones con impuestos  distintos a las cotizaciones. Este es el caso de Dinamarca, que llena la ‘hucha de las pensiones’ mediante impuestos indirectos, y que recauda menos de un 2% a través de las cotizaciones sociales. En este sentido, mayores impuestos indirectos en relación a menores contribuciones a la Seguridad Social facilitan que estos países alcancen menores niveles de desigualdad gracias a mayores tasas de empleo.

– Sistema de revalorización de pensiones. En 2016 las pensiones han subido un 0,25%, y la inflación ha sido negativa, por lo que los pensionistas han ganado poder adquisitivo. Si las pensiones se hubieran ajustado al índice de revalorización teórico (IRP) de las pensiones deberían haber bajado un 2,5% para corregir el déficit existente. Hay que poner en valor ese esfuerzo del Estado de Bienestar, en el que España es el cuarto país de la UE con una mayor tasa de generosidad, definida como la pensión media sobre el salario medio. Es necesario que la revalorización de las pensiones se ajuste al índice teórico que garantiza el reequilibrio del sistema a largo plazo.

– Compensar con ahorro privado. Aunque la pensión media siga mejorando su capacidad adquisitiva, una alternativa es compensar la previsible disminución que se producirá de la pensión media sobre el salario medio incentivando el ahorro privado o mediante planes de pensiones de empresas. Es posible aceptar la reducción de la pensión media respecto al salario medio y compensarlo con recursos procedentes de ámbito privado, una práctica que ya se lleva a cabo en países del norte de Europa.

– Aumentar la base máxima de cotización. Si la base máxima se destapa gradualmente, aumentando las pensiones máximas proporcionalmente, la medida resultaría creíble, no afectaría a la contributividad pero apenas aportaría recursos adicionales al sistema. Si el aumento es rápido  y sin aumento de la pensión máxima, el sistema sería menos contributivo, encarecería el factor trabajo, reduciría el empleo y generaría problemas de credibilidad y reputación para el futuro.

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