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Bancos centrales 20 may 2015

Abeconomía: endeudamiento, devaluación e inflación contra la crisis

El mayor reto de la fórmula económica implantada en Japón por el presidente Shinzo Abe, consiste en revertir la tendencia que ha llevado al país a acumular más de 15 años de deflación. Las medidas se configuran bajo la denominación de “Abeconomía” o estrategia de “Las tres flechas”, como el propio presidente denominó.

Una política ambiciosa

La caída de la demanda interna ha mantenido aletargado al país del sol naciente durante años, pero la determinación de volver a recuperar el esplendor logrado desde la refundación del sistema realizada tras la segunda Guerra Mundial hasta comienzos de los años 90, podría convertirse en el segundo “milagro” vivido en la zona.

El camino para lograrlo se define por un antiguo proverbio japonés: “si cogemos una flecha con la mano y tratamos de doblarla, veremos que no ofrece gran resistencia antes de romperse, pero si agarramos varias al mismo tiempo será prácticamente imposible doblar alguna de ellas”. En otras palabras, la fortaleza de un país se debe basar en las políticas integrales y en una reestructuración profunda.

En el caso de la economía hablamos de tres flechas muy concretas: fomentar la inflación mediante la acción del Banco Central de Japón, aumentar el gasto público e implantar iniciativas que promuevan el empleo y la inversión. Todas contienen algunas medidas solicitadas por muchas voces en el seno de Europa.

Primera flecha

La primera flecha puso en circulación una gran cantidad de yenes, lo cual aplastaba las tasas de interés y estimulaba el consumo interno, aumentando los precios, como consecuencia.

Con la ayuda del gobernador del Banco de Japón, Haruhiko Kuroda, se esperaba que la subida llegase a ser de dos puntos para revertir el largo periodo deflacionista del país.

Por otro lado, la inyección masiva de yenes produjo la devaluación de la moneda en torno al 20%, lo cual aumentaba la competitividad del país y fomentaba sus exportaciones, ya bastante relevantes. Sin duda, tener el control sobre su moneda puede ser una ventaja decisiva, aunque cabe la posibilidad de que otras economías sigan el mismo camino y se inicie una competencia feroz.

Segunda flecha

La segunda flecha era posiblemente la más controvertida, ya que suponía aumentar el endeudamiento del país mediante una fuerte inversión pública, lo cual podría llevarles a un extremo insostenible. Hay que destacar que en 2012 la deuda suponía un 230% de su PIB, un índice mucho mayor al de países como Grecia (175%), pese a lo cual han estado pagando la tasa de interés a diez años más baja del mundo (menor al 1% e incluso negativa).

Esto fue posible gracias a que la fortaleza del Yen y la continua deflación interna produjeron un cóctel muy jugoso, al hacer que el tipo interés de los bonos japoneses fuera más alto que su tasa nominal. Ahora bien, al lanzar la primera flecha todo se puede tambalear, ya que al debilitarse el yen y al fomentarse la inflación, los inversores exigirán mayores tipos de interés, lo cual encarecerá el endeudamiento del país y podría hacer que la segunda flecha no diera en la diana.

Es una jugada arriesgada, sin duda, aunque por ello se plantea dentro de una estrategia global donde todas las flechas son importantes. El gasto público puede dirigirse a obras públicas, servicios públicos, etc… y se estudia como un punto esencial para reactivar la economía pese al riesgo comentado.

Tercera flecha

La tercera flecha va dirigida al empleo y es el punto en el que se concentraban más esfuerzos. Se pretendían aumentar los salarios para fomentar el errático consumo interno, así como mejorar las políticas de inversión que permitan la creación de puestos de trabajo, la mejor introducción de las mujeres al mercado laboral, la mejora de la productividad, la reactivación de centrales nucleares y el fomento de la inmigración.

Todas estas medidas se resumen en una palabra difícil de leer sin escepticismo en esta época: “crecimiento”. Son tres flechas que, según Abe, son indestructibles cuando están juntas en nuestra mano, pero ahora quedará descubrir si seguirán estando juntas cuando lleguen a la diana. Hará falta muy buena puntería.

Como hemos visto, la Abeconomía trata de solucionar un caso muy específico como el de Japón y es difícil de extrapolar, sobretodo a Europa donde los países miembros carecen de la independencia necesaria para elegir con qué flechas se enfrentan a esta guerra llamada crisis.

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