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Ahorro 20 mar 2015

Nuestros abuelos sabían de finanzas: los mejores consejos de ahorro de su generación

Es cierto que cuando nuestros abuelos ahorraban, eran otros tiempos. Ahora tenemos otros métodos de ahorro, pero también otros gastos. Sin embargo, existen ciertos trucos que pueden adaptarse para ser aprovechados en el momento presente.

Ahorra en la cocina

En este caso, las abuelas eran las grandes expertas en ahorro. A la hora de hacer la comida, conseguían llenar la mesa con excelentes guisos a un coste casi irrisorio. Para ello tenían muchos trucos que, aún hoy pueden recuperarse con un buen resultado. Lo primero del manual de la abuela era realizar compras diarias o cada dos días, de este modo se evitaba que la comida se estropease en la nevera.

El segundo punto del manual del ahorro culinario de la abuela hacía referencia a la planificación y al orden. Planificaba las comidas de la semana y compraba en función de eso. Por otro lado, tener una despensa ordenada le ahorraba tiempo a la hora de saber qué necesitaba comprar y, además, impedía que le caducara la comida.

Las ofertas eran otro punto fuerte de la abuela. Compraba verduras de temporada, la carne o el pescado del día, etc. De este modo, la comida del día salía más barata y, con el toque que tienen las abuelas en la cocina sumado a la frescura de los alimentos, se obtenía un resultado para chuparse los dedos. Cuando sobraba comida, no se tiraba, sino que se aprovechaba para el día siguiente. Si sobraba carne, se hacían croquetas, con la cabeza del pescado y los huesos, hacía unos caldos que entraban muy bien en los inviernos fríos. En los momentos en que, a pesar de todo, sobraba algo, se tiraba de congelador para cuando sí pudiera aprovecharse.

Lo que nunca hacía la abuela, era comprar alimentos precocinados, tampoco era necesario, pues contra las croquetas de la abuela, no había congelado que pudiera hacerles sombra, además, cómo solía decir, la comida precocinada sale más cara y no sabe tan bien. Sí, es verdad que te puede sacar de un aprieto, pero si tienes tiempo, cocinar comida fresca es mucho mejor y más económico.

Ahorra en el baño

Cuando nuestro abuelo se afeitaba, era un espectáculo comparar su enorme maquinilla de afeitar con las maquinillas desechables que gastaban nuestros padres. En la maquinilla de los abuelos, se insertaba una cuchilla cada dos o tres meses, de modo que afeitarse le resultaba muy económico, eso si no contamos los pedacitos de papel higiénico que tenía que pegarse en los cortecitos.

Hoy día, cuando vas a comprar recambios para la maquinilla de afeitar, si se trata de un modelo relativamente nuevo, el pack de cuatro recambios se acerca a los veinte euros y suele dar para un periodo que oscila entre los dos y los cuatro meses, eso es entre sesenta y ciento veinte euros al año.

Sin embargo, siempre existe la opción de conseguir un afeitado más barato. Últimamente, se está viendo un resurgir del afeitado clásico, bien con maquinillas como las del abuelo que gastan apenas unas pocas cuchillas al año, bien con navaja de barbero que, bien cuidada, se estima que puede servir para más de mil afeitados, y luego, se puede afilar y seguir afeitando.

Es cierto que un kit de afeitado clásico de calidad cuesta alrededor de cien euros, sin embargo, se amortiza en el primer año de uso y, además, dicen que es mucho mejor para la piel que las cuchillas desechables de hoy en día. De modo que tenemos un dos por uno, ahorro en el afeitado y en el cuidado de la piel.

Ahorro en la oficina

Contaba Jesse Livermore, un famoso inversor de bolsa de principios del siglo XX, que con frecuencia visitaba las oficinas de las empresas en las que iba a invertir para hablar con el presidente. En sus memorias relata un caso en el que el presidente de la empresa le explicaba las cifras de ésta en un papel de mucha calidad, y por tanto caro. El ejecutivo garabateaba unas pocas cifras y tiraba el papel, durante la hora de explicaciones, Livermore contó más de diez cuartillas desperdiciadas.

En otra ocasión, se entrevistó con el presidente que una empresa que utilizaba el papel de los sobres de correspondencia para realizar sus anotaciones, insistía en que todo se aprovechara al máximo y hasta el mobiliario de su oficina era absolutamente austero. En esta ocasión, Livermore no pudo ser recibido, sin embargo, le bastó ver cómo trabajaba el presidente y cómo ahorraba hasta el último céntimo posible para entender que a la empresa le iría bien y decidir invertir en ella.

La moraleja de la historia es que reutilizar y reciclar es una de las mejores formas de ahorrar. Podemos, como en la historia, reciclar el papel de cartas que recibimos para hacer nuestras cuentas, reciclar los envases de plástico de comida que compramos en los establecimientos de catering para usarlos de tupperware en la nevera, etc.

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