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Historia 30 mar 2016

Ada Lovelace: historia de la "encantadora del número"

En diciembre de 2015 Augusta Ada Byron, única hija legítima del poeta Lord Byron, hubiera cumplido 200 años. Un simposio en la Universidad de Oxfordrepasó su figura y desveló nuevas informaciones muy interesantes para comprender mejor el papel que está mujer victoriana desempeñó en el nacimiento de la protoinformática.

La historia

Cuando el filoheleno de Lord Byron murió por fiebres en Grecia, luchando por un ideal romántico, su única hija legítima tenía 8 años. Los mismos, aproximadamente, que hacía que no veía a su padre. Su madre, a la que Lord Byron llamaba cariñosamente “la princesa de los paralelogramos”, se encargó de que recibiera una sólida educación matemática. La visión romántica más extendida de esta parte de la vida de Ada Lovelace nos habla de que, despechada por lo mujeriego que era Lord Byron, su madre trató de enterrar las pasiones de las letras bajo cuadrículas de números y fórmulas.

Pero Augusta Ada Byron, que devendría la condesa de Lovelace después de casarse con William King, terminó logrando fusionar las corrientes aparentemente antagónicas que fluían por sus antecesores.

Ada conoció a Charles Babbage en una fiesta, cuando todavía no se había casado. En esta fiesta Babbage presentó a Ada Byron y a su madre su primer modelo de la Máquina Analítica, un embrionario proyecto de ordenador que nunca se pudo llevar a cabo. Sin embargo, la “encantadora del número” (apodo que Babbage dio a Ada Lovelace en su largo historial de correspondencia) es conocida como la primera programadora precisamente por las aportaciones que hiciera en la creación teórica de una computadora que librase de carga intelectual a la mente del hombre.

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Carl H. Pforzheimer Collection of Shelley and His Circle, The New York Public Library. "Ada Byron" New York Public Library Digital Collections

El impacto

Tras unas charlas que Babbage diera en Turín, Luigi Menabrea, ingeniero y matemático que llegaría más tarde a ser el primer ministro de Italia, publicó un artículo en francés que Ada Lovelace tradujo al inglés. El propio Babbage, asombrado de que no escribiese algo original acerca de un tema que conocía de primera mano, sugirió que anotase el ensayo con sus propias ideas. Las notas de Lovelace terminaron siendo más largas que el ensayo de Menabrea, y constituyeron el primer escrito público en que se debatía la programación de una computadora de forma exhaustiva. Y lo sería por más de un siglo.

Esto es lo que ha granjeado para la celebrada figura de Ada Lovelace la designación de la primera programadora.  Aunque recientemente se ha descubierto que algunos escritos de Babbage anteriores a la publicación de la obra de Lovelace contemplaban sus ideas, Ada Lovelace sigue siendo considerada la primera programadora, la visionaria que estableció que “la Máquina Analítica teje patrones algebraicos de la misma manera que el telar de Jacquard teje flores y hojas”, un símil que hunde sus raíces en las tarjetas perforadas que servían para programar estas primeras máquinas, pero también en la diferencia entre la Máquina Analítica y la anterior Máquina Diferencial.

Ada Lovelace se consideraba, en su intercambio de misivas con Charles Babbage, un “expositor” de la obra del ingeniero. El trabajo y la idea de la Máquina Analítica están fuera de toda discusión. Sin embargo, ella propugnaba su “visión grande, general y metafísica”, por lo que acabó sugiriendo a Babbage encargarse de todo lo que rodeaba a la máquina para que él pudiera centrarse “en la ejecución del trabajo”. Babbage se negó, pero ello desembocó en una amistad que duraría toda una vida.

El algoritmo de cálculo de los números de Bernoulli de Lovelace no fue el primer programa computacional jamás concebido, pero sí el más conocido. Y los trabajos de Babbage que lo antecedieron tenían restricciones conceptualescomo la idea de que la Máquina Analítica sólo podía trabajar con números, mientras Lovelace pensaba que también podía hacerlo con símbolos, entre otras cosas.

El legado

La figura de Ada Lovelace fue rescatada del olvido cuando, pasado el primer tercio del s.XX, los trabajos de Alan Turing fusionaron la lógica matemática con la computación universal. El propio Turing puso el nombre de Lady Lovelace’s Objection a su máxima de que una Inteligencia Artificial no puede generar nada. Una imagen de Ada Lovelace aparecía en todos los certificados de autenticidad de Windows 95, y hoy hay diferentes iniciativas que llevan su nombre celebrando el avance de la mujer en campos de matemáticas, ciencia y tecnología, incluyendo el Día de Ada Lovelace (11 de octubre).

Si bien en los últimos tiempos dirimir la identidad del primer programador de la historia se ha podido convertir en una cuestión de género, lo importante es reconocer la labor desempeñada por la mujer que transgredió los límites de lo establecido no sólo en la mente humana, sino también en la sociedad victoriana. Un ejemplo a seguir para todos, pero también un recordatorio de que la tecnología, y en especial la programación, no son competencias únicas de un sexo determinado.

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