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Educación financiera 24 abr 2017

Analizando el IPC negativo, ¿por qué no bajan los precios en la cesta de la compra?

Enero 2015, el IPC experimenta una variación interanual de -1,3%, en línea con la tendencia que arrastramos desde 2014. ¿Lo has notado en tu bolsillo? Hoy vamos a analizar el IPC negativo, respondiendo a aquellos que se cuestionan por qué no bajan los precios en la cesta de la compra.

Dicho de otro modo, tratamos de dar explicaciones a aquellos que no ven dicha reducción de precios en su consumo del día a día. Para ello, analizaremos en primer lugar cómo se construye el IPC, pudiendo, a continuación, encontrar las razones de la aparente paradoja, que no es tal.

¿Cómo se construye el IPC?

El IPC o Índice de Precios al Consumo, publicado por el INE, es un dato estadístico que trata de reflejar la evolución de los precios de los bienes y servicios que consumen los hogares españoles. Para ello, se recogen cerca de 220.000 precios de 489 artículos, procedentes de más de 30.000 establecimientos distribuidos en 177 municipios.

Dichos productos y servicios se integran dentro de una cesta, donde se agrupan por familias, cada una con un peso distinto, con una ponderación determinada a la hora de configurar el IPC. Esta ponderación, al igual que los productos y servicios que se recogen, se cambia cada 5 años. Actualmente la distribución es la siguiente:

  1. Alimentación y bebidas no alcohólicas 18,98%
  2. Bebidas alcohólicas y tabaco 2,79%
  3. Vestido y calzado 7,62%
  4. Vivienda 12,68%
  5. Menaje 6,21%
  6. Medicina 3,33%
  7. Transporte 15,45%
  8. Comunicaciones 3,49%
  9. Ocio y cultura 7,08%
  10. Enseñanza 1,56%
  11. Hoteles, cafés y restaurantes 11,31%
  12. Otros 9,49%

Una aclaración importante, especialmente en el país que vivimos, es que el dato referente a vivienda no hace referencia a la variación de precios de la misma, ya que ésta se considera bien de inversión y no de consumo. Por contra, en dicho dato si se recoge todo lo relativo al mantenimiento de la vivienda, como los consumos vinculados a la misma o la evolución de los alquileres (se considera, así mismo, una suerte de imputación ficticia de los mismos para aquellos que tienen la vivienda en propiedad).

¿Por qué no coinciden el IPC y mi cesta de la compra?

La primera conclusión a la que podemos llegar es clara. Para que la evolución del IPC y la del coste de la cesta de la compra de una familia coincidan, la distribución de ambas ha de coincidir. Y esto no es tan sencillo, pues las pautas de consumo varían enormemente entre las mismas, lo que dificulta considerar el IPC como un indicador fiel del coste de la vida. Pensemos, por ejemplo, que el peso de los productos alimenticios es mucho más fuerte porcentualmente en el consumo de las familias con menores ingresos.

Por tanto, habrá que ver cuál es la evolución de los distintos grupos de bienes y servicios que componen el IPC. Si le echamos un vistazo a los últimos datos, tenemos que la bajada se explica fundamentalmente en la reducción de precios energéticos y de los alimentos sin elaborar, la parte del IPC más volátil, y de la que se suele prescindir para configurar otro índice, la inflación subyacente, la cual se ha elevado en un 0,2%.

Si eres de los que tiene un gasto energético por debajo de lo ponderado en el IPC, si comes más fuera de casa de los estimado o lo haces en mayor medida con productos elaborados, si tu gasto en servicios, en cultura, se aleja de lo representado en el IPC, entonces es posible que tu cesta de la compra no haya experimentado esa bajada de la que hablan los periódicos. Además de esta cuestión fundamental, a la hora de manejar el IPC, hemos de tener en cuenta otras limitaciones que impiden que lo traslademos sin más a nuestras finanzas individuales:

  • El IPC varía por comunidades autónomas y por provincias, y el INE nos proporciona ese dato, pero también es cierto que dentro de la misma provincia podemos encontrar fuertes diferencias por ciudades y barrios.
  • Al IPC le cuesta reflejar los posibles cambios en los hábitos de consumo motivados por las variaciones en los precios, como por ejemplo las desviaciones del mismo hacia otros productos en función de la evolución de los precios, el llamado efecto sustitución.
  • Tampoco refleja las variaciones en la calidad o valor de los productos ofrecidos.
  • Por supuesto, no recoge el impacto del fuerte crecimiento de las importaciones por comercio electrónico.

¿Conclusión? No podemos decir que el IPC es un fiel reflejo del coste de la vida para una familia, o no al menos sin tener en cuenta todos los aspectos que acabamos de comentar. Es una herramienta que nos indica las tendencias de fondo, lo que se mueve, pero que no podemos trasladar sin más a nuestra realidad del día a día.

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