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Colección BBVA 19 oct 2016

Cuando ‘vestir a la española’ estaba de moda

Hubo una época en la que la moda no se decidía en París, Milán o Nueva York. Era la España de Felipe II, el imperio donde nunca se ponía el sol, quien dictaba al mundo cómo vestir. El arte, reflejo del tiempo y las épocas, es el guía perfecto para acercarnos la moda de los siglos XVI y XVII a través de las obras de la Colección BBVA.

La alta sociedad española impuso un estilo en el que dominaban el decoro y la solemnidad. Las rígidas prendas negras se convirtieron en símbolo de poder y la nobleza de las cortes europeas y de los virreinatos americanos empezó a “vestir a la española”.

Si el negro se convirtió en el color de moda, fue por la calidad del colorante, al que se le denominó “ala de cuervo”. Llegó de América, concretamente de México, y su alto coste hizo de este color un lujo anhelado por muchos pero al alcance de pocos. Fue Felipe II quien impuso por ley, a través de las pragmáticas, esta austeridad por motivos morales y económicos, una moda que alargaron Felipe III y Felipe IV.

Fotografía del cuadro Felipe II Colección BBVA

Felipe II, Anónimo (Círculo de Alonso Sánchez Coello), h.1565

El jubón, una vestidura que cubría desde los hombros hasta la cintura, se ponía sobre la camisa, ajustado al cuerpo. Los muslos se cubrían con unas calzas acuchilladas con aperturas. Las medias calzas eran blancas y cubrían toda la pierna.

El calzado durante el reinado de Felipe II tenía forma apuntada, con grandes cuchilladas en el empeine y otras más pequeñas a los lados. Más adelante, la punta se fue achatando, y se incorporó la lazada.

Los cuellos de lechuguilla, de color blanco, contrastaban con la sobriedad del traje. Esta prenda, confeccionada con tela fina de Holanda, se teñía con unos polvos para darle un ligero tono azul. Con los años, fue aumentando el tamaño de la lechuguilla hasta que, en el reinado de Felipe III, fue necesario incorporar los alzacuellos para sujetarla. Los puños, también blancos, hacían juego con la gola.

Fotografía de Felipe III Colección BBVA

Felipe III, Juan Pantoja de la Cruz, 1605

El siglo XVII, fin de la hegemonía española 

A lo largo del siglo XVII, la moda francesa sustituyó a la española en las cortes europeas, como reflejo de los cambios en el escenario político mundial. El negro, sin embargo, siguió imperando tanto en España como en los Países Bajos, donde se convirtió en símbolo de austeridad fruto de la Revolución Puritana.

Fotografía del cuadro Retrato de caballero y Retrato de dama, Michiel J. Van Mierevelt Colección BBVA

Retrato de caballero y Retrato de dama, Michiel J. Van Mierevelt, h.1610-1620

Los motivos dorados sobre el negro y el encaje en la toca y los puños eran un distintivo, tanto en hombres como en mujeres, de la pertenencia a la nobleza. El abanico —detalle en Retrato de dama no se introdujo en Holanda hasta el siglo XVII y era también prueba de un alto nivel socioeconómico.

Felipe IV, culmen de la sobriedad en la moda española

En 1623, España se alejó de los cánones impuestos por la moda francesa, de gran lujo y colorido, con la pragmática de Felipe IV, que acentuaba la sobriedad en la vestimenta de la nobleza española.

Fotografía del cuadro Joven caballero de Santiago Colección BBVA

Joven caballero de Santiago, Anónimo madrileño, h.1650

Las ostentosas lechuguillas de las épocas anteriores dieron paso a una gola mucho más austera, formada por un cartón rígido forrado de tela negra sobre el que se colocaba un cuello blanco llamado valona. Esta prenda obligaba a mantener la cabeza erguida. Además, el blanco de las medias se sustituye por el negro y las calzas acuchilladas dejan paso a otras más ajustadas a la pierna, también de color negro.

Fotografía del cuadro de Doña María de Vera y Gasca, Juan Carreño de Miranda Colección BBVA

Doña María de Vera y Gasca, Juan Carreño de Miranda, h.1670

En la segunda mitad del siglo XVII, empieza a apreciarse en las mujeres la creciente influencia de la moda francesa con el guardainfante. Aunque el origen de esta prenda sea francés, se trata de una evolución del verdugado surgido en España, que se usaba también para ampliar el volumen del vestido. A mediados del siglo XVII, las mangas del jubón se abren para poder ver las mangas de la camisa, que solían hacerse con telas suntuosas. Además, las mujeres dejan de utilizar las tocas y empiezan a llevar el pelo más largo y suelto (incluso se recurre a los postizos). La raya se hace a un lado y se coloca una onda sobre la frente.

Así vestía el mundo durante el siglo de oro español

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