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Lenguaje 13 mar 2018

Dos preguntas que nunca te has hecho sobre el cambio de hora

El próximo 29 de octubre ocurrirán cosas memorables: Winona Ryder cumplirá cuarenta y seis años, habrán pasado ochenta y ocho desde el mayor crac bursátil de la historia, habrán transcurrido trescientos sesenta y un años desde el nacimiento de Edmund Halley, en cuyo honor se bautizó el cometa Halley, y españoles y mexicanos debatiremos sesudamente sobre qué hora es.

—Pero ¿se atrasa o se adelanta?

—Se retrasa: a las dos será la una.

—¿Y entonces anochece antes o después?

Desde luego, esta última pregunta esta íntimamente relacionada con la cantidad de luz, esto es, de si quienes la planteamos tenemos más o menos luces. No estaría de más formulársela, por ejemplo, a nuestros compañeros hispanohablantes argentinos, que aplican el cambio de hora en el tercer domingo de octubre y digo yo que para el día veintinueve ya tendrán resuelta la cuestión.

Admito que no es sencillo: aunque decidamos mover la manija del reloj de muñeca al acostarnos, la duda nos asaltará de nuevo al despertar cuando el reloj del móvil, el del ordenador y el de la cadena de música marquen horas dispares. Se supone que estos aparatos hacen el ajuste automáticamente, pero solo se supone: alguna conjura misteriosa interfiere por fuerza para que esa noche salten los plomos y, por tanto, los relojes que dependen de la red eléctrica se detengan y desacompasen.

Como encima te dé por sacar a pasear el temita de si de verdad es lógico este mareo horario, de si se aprovecha mejor la energía solar o se despilfarra menos electricidad, entonces echas el día y, al final de la conversación, esto sí, cada cual mantiene su postura sin ceder un ápice.

Imaginemos ahora que a una reina le da por parir gemelos y a las dos menos cuarto nace una niña y a las dos y cuarto nace un niño. Teniendo en cuenta el cambio horario, ¿quién es el primogénito?, ¿hay heredero o heredera? En países con ley sálica vigente, ¿hay que reformar la Constitución?

Y, en el extremo opuesto de la vida, supongamos que en un accidente de tráfico un multimillonario divorciado muere en el acto a las dos menos cuarto y su hijo, menor de edad, a las dos y cinco, durante el traslado en ambulancia al hospital. ¿Quién fallece primero? Y, con mucho menos dolor y mucho más pragmatismo, ¿qué dinero recibe la madre? Si el padre muere antes, el hijo hereda y, con la muerte posterior de este, la madre divorciada hereda del hijo; mientras que, si el hijo es el primero en morir, cuando fallece el millonario no existe vínculo alguno entre este y la madre huérfila, por lo que por ley no ve un euro.

Explico todo esto para mostrar que el cambio horario encierra aspectos resbaladizos, de modo que sería bueno no equivocarse al menos en lo fácil. Y es que a menudo olvidamos que huso horario se escribe con hache, no uso horario, por favor. En invierno o en verano, se trata de un mal uso ortográfico.

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