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Análisis y opinión 01 mar 2019

Empresa y ciencia hoy. La reinvención del I+D

Isaac Newton —al pie de un manzano en Lincolnshire— se preguntaba alrededor de 1666 ¿por qué caen las manzanas?. Alguno de sus vecinos agricultores quizás pensaría: “eso es una pérdida de tiempo”. Y tal vez añadiría “¿No es inútil pensar en fenómenos evidentes? Las manzanas caen porque caen”. Detrás de esa posible recriminación hay ideas estimables sobre la importancia de la productividad o sobre la alimentación: lo importante de las manzanas es saber cosecharlas y aprovecharlas.

El interés de Newton, paradójicamente, no tenía ningún fin inmediato. Su indagación era desinteresada y abierta: quería saber por saber. Para una mentalidad funcional o pragmática no es fácil convivir con este tipo de aproximación científica. Saber integrar estas dos perspectivas en la vida social es uno de los desafíos que han permitido el desarrollo de la civilización.

Los descubrimientos de Newton sumados a los de la física contemporánea han tenido innumerables aplicaciones en diversas industrias: aeronáutica, astronómica, meteorológica e incluso en la exploración espacial. Aunque el mundo empresarial ha tenido que esperar muchos años para obtener réditos por los mismos. Parte de la tarea actual es integrar mejor estos procesos.

¿Cómo se pueden potenciar las relaciones entre ciencia y empresa en el mundo actual? La historia sobre ellas es compleja y conviene dar una mirada a las diversas iniciativas y posibilidades existentes: laboratorios empresariales, gubernamentales, independientes o universitarios. Sus relaciones podrían incluso encontrar una enorme variedad: sinergéticas, simbióticas o incluso utilitarias, comensalistas y parasitarias. El siglo XX es un muestrario de esas contradicciones.

Saber equilibrar y potenciar las relaciones entre ciencia y empresa es difícil pero posible. El programa marco de la Union Europea Horizonte 2020 responde a ello. Según su propia definición: “Horizonte 2020 integra por primera vez todas las fases desde la generación del conocimiento hasta las actividades más próximas al mercado”. Después de un impacto favorable se confirma una continuación del mismo proyecto bajo la denominación Horizonte Europa.
Pero las sinergias entre ciencia y empresa no se producen solo desde las políticas gubernamentales. Uno de los ejemplos más interesantes es la fundación del Stanford Research Park en Estados Unidos, germen de Silicon Valley. Este programa nació de una idea Frederick Terman, profesor de la Universidad de Stanford. El profesor Terman supo encontrar esas líneas de confluencia entre la universidad y la empresa. En un mundo donde la tecnología es fundamental, la investigación aplicada es uno de los pilares de innovación de las empresas. Su importancia radica en el desarrollo de nuevas tecnologías que repercutan en la calidad laboral y el avance social.

Las sinergias entre ciencia y empresa no se producen solo desde las políticas gubernamentales

La conciencia de las empresas sobre la necesidad de la investigación científica también es clara. Su aproximación al mundo académico es cada vez más responsable, sostenible y respetuosa. Aunque hoy en día ha de ser sobre todo flexible y dialogal. En ‘Reinventar la empresa en la era digital’ Henry Chesbrough, profesor de la Haas School of Business, señala que los flujos de innovación han de ser abiertos y asociarse a modelos que permitan una reinvención constante. Las empresas miran con atención, por ejemplo, a las dinámicas de los llamados ‘spinoff’.

‘CityHome’ es un proyecto de investigación que se desarrolló en el Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT) hace algunos años. La idea era desarrollar un mobiliario con “superpoderes”, como dice Hasier Larrea en una charla TED en Cambridge. Este modelo de hogar flexible y eficiente para espacios reducidos, fue desarrollado por un equipo de científicos liderados por el arquitecto Kent Larson en el City Science Group. A partir de las invenciones que se gestaron en el laboratorio, se creó una empresa de nombre Ori. Como dice el MIT News este spinout se apoya en años de trabajo de investigación en el MediaLab y es un buen ejemplo de una empresa que se funda desde la dinámica inventiva de un laboratorio universitario.

En inglés el verbo ‘spin’ tiene varios significados; todos están relacionados de una u otra manera con la idea de movimiento. La acepción más común es “girar”. Hay dos vocablos actuales: ‘spinoff’ y ‘spinout’ que señalan analógicamente un impulso proveniente de un dinamismo giratorio. Estos conceptos se refieren a proyectos empresariales o mediáticos que nacen a partir de otras ideas o propuestas. Impulsados por una especie de fuerza centrífuga, que se aleja del centro aunque proviene de él.

Aprovechar la energía que proviene de la investigación y desplegarla en proyectos empresariales es una formula interesante. Pero para lograrlo los equipos científicos necesitan también una sensibilidad y conocimiento del mundo empresarial y financiero.

Quizás una de las claves para fomentar la conectividad entre los dos mundos sea la capacidad de sus líderes para entenderse mutuamente. Las necesidades tecnológicas apremian este diálogo. Para ello también se necesita claridad ética y una legislación adecuada que salvaguarde los derechos de los actores implicados.

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