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Vida submarina 03 ene 2017

Un hospital para los corales del Mediterráneo

En el Mediterráneo hay más de 200 especies diferentes de corales. No son tan espectaculares ni han sufrido tanto en este 2016 como los maltrechos arrecifes de la Gran Barrera australiana, pero son imprescindibles para alimentar la vida marina. Algunos viven a cientos de metros de profundidad y se encuentran seriamente dañados. Una investigación financiada por la Fundación BBVA se dedica a estudiar cómo curarlos.

Los pescadores del cabo de Creus, en el extremo oriental de la Península Ibérica, saben desde hace cientos de años que en las profundidades del mar que les alimenta se esconde un secreto que hace la pesca más abundante. Sin embargo, no eran conscientes hasta hace muy poco tiempo de que la riqueza de estas aguas se debe, en gran medida, a los corales de agua fría que viven a cientos de metros de profundidad y proporcionan refugio y alimento a peces y crustáceos.

Las redes de los pescadores son precisamente una de las amenazas más graves a que se enfrentan estos valiosos ecosistemas desconocidos para la ciencia hasta hace solo algunas décadas. Las plataformas petrolíferas y el calentamiento global son los otros dos grandes enemigos de estos jardines submarinos que a menudo se comparan con los bosques tropicales por la enorme biodiversidad que albergan.

Hidrocorales en las costas de California -NOAA Southwest Fisheries Science Center

Coral de agua fría rodeado de peces en el Banco Cortés, cerca de las costas de California. - NOAA Southwest Fisheries Science Center

“La presión de la pesca ha provocado, y sigue provocando actualmente, daños severos en las poblaciones de especies como corales, gorgonias y esponjas”, explica Andrea Gori, coordinador de ShelfReCover, un proyecto financiado por la Fundación BBVA que trata de recuperar los corales de profundidad en el Mediterráneo.

Por este motivo, este investigador de la Universidad de Barcelona decidió pedir ayuda a los propios pescadores cuando se propuso encontrar un método para curar a los corales heridos, y devolverlos después al fondo del mar.

“Los pescadores nos avisan cuando las gorgonias se quedan enredadas accidentalmente en las redes, nosotros nos encargamos de transportarlas hasta los acuarios experimentales que tenemos en Barcelona para poder curarlas y luego trasplantarlas de nuevo a su hábitat natural”, explica Gori.

Este procedimiento ya se llevaba a cabo con éxito con corales tropicales, que viven más cerca de la superficie, pero –al menos que Gori sepa– no se había conseguido nunca con corales de aguas profundas.

Para llevar los corales de vuelta al fondo del mar, hay que fijarlos en unas estructuras de acero diseñadas especialmente para esta función. Estos landers se colocan después a más de 80 metros de profundidad con la ayuda de unos robots submarinos cedidos por la Universidad de Gerona, que se utilizan también para vigilar cómo va creciendo el nuevo bosque submarino.

Investigadores del proyecto ShelfReCover supervisan los corales trasplantados.

Los primeros resultados de la investigación han sido muy favorables. “Hemos podido demostrar que, a pesar de los traumas y las heridas producidas por las redes, más del 90% de los corales que pudimos volver a trasplantar en 2015 sobrevive un año después”, afirma Gori.

El próximo paso es llevar a otros mares las técnicas desarrolladas en el Mediterráneo porque, a diferencia de sus parientes tropicales, los corales de aguas frías viven en casi todos los océanos del mundo.

“Desde el pasado verano, estamos participando en un experimento parecido en las Azores. También está previsto llevar a cabo acciones en el Golfo de México”, anuncia el investigador, ilusionado ante la oportunidad de continuar protegiendo uno de los ecosistemas más amenazados del planeta.

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