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Cocina Social Vistalegre: dar una comida caliente a los más vulnerables

Cocina Social Vistalegre: dar una comida caliente a los más vulnerables

La emergencia sanitaria provocada por la COVID-19 primero, y la crisis económica desencadenada por la invasión de Ucrania pocos meses después han multiplicado el número de hogares que sufren inseguridad alimentaria y, con ello, la relevancia de los comedores sociales. Detrás de la sencilla idea de proporcionar una comida caliente a quien no puede permitírsela hay una complicada logística que la Cocina Social de Vistalegre trata de facilitar preparando 420 menús diarios. La implicación de los voluntarios y la puesta en marcha de una cocina industrial son los dos pilares de este proyecto que combate el hambre.

Para millones de personas de todo el mundo, la pandemia llegó acompañada de un sonido muy característico: el de las puertas de sus negocios cerrando. Poco después, este sonido dio paso al silencio de las calles vacías, los comercios desiertos y las vidas pausadas. Pero también a otro ruido muy diferente: el del bullicio de los comedores sociales, que aumentaron su actividad para dar respuesta a una demanda que no paraba de crecer y que se ha vuelto a incrementar en los últimos meses por las consecuencias económicas de la guerra de Ucrania.

En la Cocina Social Vistalegre, ubicada en el distrito madrileño de Carabanchel, este sonido no cesa. Varios grupos de voluntarios se afanan en cocinar, envasar y organizar menús para alimentar a cientos de personas. Al final de sus turnos, la comida queda lista en una cámara frigorífica, a la espera de que los camiones la distribuyan entre los comedores sociales de la Comunidad de Madrid.

Esta cocina social nació con el objetivo de apoyar la actividad de los comedores y, a través de ellos, a las personas y familias que se encuentran en una situación de vulnerabilidad. Los voluntarios que la hacen realidad comenzaron preparando unos 120 menús a la semana. Hoy, con el aumento de la demanda que ha supuesto el impacto de la guerra de Ucrania, la crisis de suministros y la consecuente subida de la inflación, la cifra asciende a 420, y se espera que pronto alcance el medio millar.

Una sucesión de buenos gestos

La Cocina Social Vistalegre es un proyecto que Cooperación Internacional desarrolla en colaboración con el Palacio Vistalegre y el Instituto Tecnológico Fuenllana. Desde el inicio, su historia ha sido el resultado de la colaboración entre diferentes entidades que quisieron poner su granito de arena para hacer frente a la crisis que desencadenó la pandemia.

“Cuando comenzó la pandemia de la COVID-19 se incrementó la situación de pobreza de muchas personas, sobre todo de aquellas que ya estaban en una situación de vulnerabilidad. De la noche a la mañana, se vieron sin trabajo y obligadas a buscar ayuda para cubrir sus necesidades más básicas”, explica Icíar Lumbreras, directora de Desarrollo Corporativo en Cooperación Internacional.

“Comenzaron a llegarnos peticiones de ayuda de los comedores sociales, porque tenían cada vez más usuarios y necesitaban apoyo para dar respuesta a toda esta necesidad”, señala Lumbreras. “En el verano de 2020, nos pusimos a barajar opciones y ver qué podíamos hacer desde Cooperación Internacional para ayudar a cubrir esta demanda”.

Cocina Social Vistalegre: dar una comida caliente a los más vulnerables

La Cocina Social Vistalegre es un proyecto que Cooperación Internacional desarrolla en colaboración con el Palacio Vistalegre y el Instituto Tecnológico Fuenllana. - Cocina Social Vistalegre

Fue entonces cuando la ONG supo que tanto el Palacio Vistalegre como el Instituto Tecnológico Fuenllana (centro de Formación Profesional) también estaban buscando formas de colaborar. La solución fue conjunta: decidieron crear una cocina industrial en la que elaborar menús que después se distribuyesen a los comedores sociales, para permitirles así aumentar su capacidad.

“El palacio nos cede parte de sus instalaciones y el instituto tecnológico nos asesora para trabajar en una cocina profesional”, explica Lumbreras. “Y la colaboración no acaba aquí: el grupo de restauración La Fábrica, MVGM y el Grupo Emperador nos cedieron y donaron equipos de cocina industrial, y Logista Parcel se encarga de la distribución en frío de los menús, siguiendo las normas sanitarias para salvaguardar la salud de los beneficiarios”.

Entre los colaboradores que han contribuido a hacer realidad esta iniciativa figuran también empresas como Velilla Confección, Bergner, Intelect Search o ALD Automotive. Y es que, como señala la directora de Desarrollo Corporativo en Cooperación Internacional, este proyecto es el fruto del trabajo y la motivación de muchas entidades que han querido y siguen queriendo colaborar.

El trabajo de los voluntarios

La Cocina Social Vistalegre comenzó a funcionar el 21 de marzo de 2021 y, desde entonces, sus menús han llegado a tres comedores de la Comunidad de Madrid: el de Tetuán, el de Torrejón de Ardoz y el de San José de Carabanchel (y se espera que en el futuro puedan ser más). Detrás de este logro está el trabajo de voluntarios de Cooperación Internacional, que preparan los menús bajo la supervisión de profesionales de la hostelería vinculados al IT Fuenllana.

“Acudimos a la Cocina Social un día a la semana en un turno de cuatro horas. Hay dos turnos por día, de nueve de la mañana  a una de la tarde y de una a cinco de la tarde. Hacemos las tareas necesarias para poder preparar el menú para cientos de personas: cocinar, fregar, envasar, ordenar… También aportamos ideas sobre diferentes menús y posibilidades de cocinado para las siguientes semanas”, explica Dolores, una de las voluntarias.

“Lo que más me motiva de participar como voluntaria es ser consciente de que puedo ayudar a mucha gente sin recursos y conseguir que el siguiente día a nuestro cocinado sea un poco más reconfortante para ellos y ellas”, explica Dolores. “Supone una alegría y una satisfacción muy grandes pensar que, con solo dedicar unas horas a la semana a cocinar, podemos ayudar a otras personas a tener una vida mejor y a paliar en cierta medida la situación en la que se encuentran”.

Para voluntarios como Dolores, las personas que acuden cada día a los comedores sociales son algo más que un número y una estadística. “Creemos que hacemos una buena labor y siempre pensamos si les habrá gustado y cómo habrán recibido ese día nuestro menú”, señala esta voluntaria.

Cocina Social Vistalegre: dar una comida caliente a los más vulnerables

El proyecto Cocina Social Vistalegre comenzó a funcionar el 21 de marzo de 2021. - Cocina Social Vistalegre

Dos lados de una cadena

Al otro lado de esta cadena están quienes acuden cada día a los comedores sociales para satisfacer una necesidad tan básica como es la alimentación. Personas como Isabel o Adriana, que dependen de la labor de estos voluntarios para contar con un plato de comida cada día.

Adriana acude al comedor dos veces al día de lunes a viernes, y los sábados en los que hay mercado, desde hace tres meses. Es colombiana, actualmente no tiene empleo y considera el comedor una bendición para ella y para su marido. “Agradezco al comedor sus ricos alimentos y la atención que nos ha brindado. Es una bendición de Dios para muchas personas con problemas económicos”, asegura.

Isabel es otra de las personas que acuden de forma regular al comedor. Agradece sobre todo el buen trato del personal y la comida que recibe. “Para mí el comedor tiene muchísima importancia, porque gracias a él como todos los días”, cuenta. “Antes no tenía nada para sobrevivir”.

El hambre en España

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) define la inseguridad alimentaria como la ausencia de acceso regular a alimentos inocuos y nutritivos suficientes para tener un crecimiento y un desarrollo normales y para llevar una vida activa y saludable. En España, más de seis millones de personas sufren esta pobreza alimentaria por falta de recursos.

De acuerdo con el informe ‘Alimentando un futuro sostenible. Estudio sobre la inseguridad alimentaria en hogares españoles antes y durante la COVID-19’, elaborado por la Universidad de Barcelona (UB) y la Fundación Daniel y Nina Carasso, el número de personas que no puede alimentarse de forma adecuada en España es alarmante. Un 13,3 % de los hogares (6.234.900 personas) experimentan inseguridad alimentaria.

Esta cifra aumentó en más de 656.000 personas a raíz de la emergencia sanitaria y ha seguido creciendo a raíz de la situación actual, marcada por el aumento de los precios. Sin embargo, señalan en el informe, el problema de los hogares españoles para acceder a alimentos adecuados es estructural y no está únicamente ligado a crisis coyunturales. Por lo general, el problema afecta a los hogares de rentas más bajas y en especial a aquellos en los que hay personas con enfermedades crónicas o alguna discapacidad.

Muchos hogares afrontan estas dificultades con ayudas de familiares o prestaciones sociales, como las de los bancos de alimentos o los comedores. “Desde las entidades sociales vemos cómo la situación en los comedores sociales no mejora, sino que empeora”, señala Lumbreras. “El número de hogares que no recibe ningún tipo de renta aumenta, y su situación se agrava a medida que siguen subiendo los precios. Está habiendo mayor protección social por parte del Estado, pero no lo compensa. Ahora mismo, el reto está en que la pobreza y los problemas que conlleva no se cronifiquen”.

De acuerdo con la directora de Desarrollo Corporativo en Cooperación Internacional, el comedor social de Torrejón de Ardoz atendía a 40 beneficiarios antes de la pandemia, la mayoría personas sin hogar. Tras la llegada de la COVID-19, pasó a ayudar a 180, gran parte miembros de familias que no tienen cómo llegar a fin de mes, pagar el precio de la luz, el agua o la comida. En los últimos meses, el número ha subido a 220 personas.

“Uno de los objetivos en la agenda 2030 de la ONU es conseguir el Hambre Cero: que todas las personas tengan comida suficiente, sana y nutritiva para llevar una vida sana. Hasta hace poco no se veía como un objetivo prioritario en nuestro país, pero ahora sí lo es”, señala Lumbreras. “Muchas personas acuden para poder dar comida a sus hijos. Agradecen que sean menús equilibrados, que garanticen una buena alimentación”.

Los próximos pasos de la Cocina Social Vistalegre

Durante sus primeros meses de vida, la Cocina Social Vistalegre contó con las donaciones de varios hoteles que se habían visto obligados a parar su actividad y tenían alimentos congelados que no iban a poder aprovechar. “Nos dieron productos básicos que eran de muy buena calidad y que nos permitieron trabajar durante varios meses”, afirma Lumbreras.

Más adelante, el proyecto recibió el premio de la Convocatoria Solidaria BBVA Futuro Sostenible ISR. “Fueron 100.000 euros que nos permitieron continuar con el proyecto con estabilidad, comprar la materia prima, mejorar los procesos y hacernos con el equipamiento que necesitábamos. El premio llegó en el mejor momento y fue fundamental para incrementar nuestra producción”, indica la responsable.

A todo esto, se suman las donaciones de empresas y particulares, ferias gastronómicas, el Banco de Alimentos y particulares. Sin embargo, su crecimiento va acompañado del aumento de las personas que acuden a los comedores y a los centros sociales en busca de ayuda. “Aquí vemos un reto: ¿cómo podemos seguir creciendo para dar respuesta a este problema?”, plantea Lumbreras. Por ahora, el objetivo principal de Cooperación Internacional es conseguir donaciones de producto estables, que les permitan garantizar a medio plazo la ayuda que los comedores necesitan y seguir colaborando para reducir los números del hambre.

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