La materia y la energía oscura libran, desde los orígenes del universo, una batalla de proporciones épicas. “La gravedad de la materia oscura intenta mantenerlo todo unido, mientras que su hermana malvada, la energía oscura, deshace su trabajo y consigue que la expansión de nuestro universo sea más y más rápida cada día”, ha explicado la astrofísica Catherine Heymans en la Fundación BBVA.

Aunque nos parezca difícil de creer cuando contemplamos las imágenes de brillantes constelaciones, nebulosas, nacimientos y muertes de estrellas, la mayor parte de nuestro universo es oscuro: nada menos que el 95%. Y es oscuro en dos sentidos: no se puede detectar de forma directa porque no emite luz y además permanece velado a nuestro conocimiento porque aún no sabemos bien de qué está compuesto.

Sí sabemos que está formado por algo, porque ese algo interactúa con la materia visible afectando a su comportamiento. A partir de esa interacción, los cosmólogos han propuesto la existencia de una materia y una energía oscuras en esos espacios invisibles. Uno de los principales retos de la cosmología actual es poder confirmar que efectivamente existen y comprender su papel en el cosmos.

La materia oscura es materia que no podemos ver, pero que deja sentir los efectos de su gravedad sobre la materia visible. Como explica Catherine Heymans, astrofísica de la Universidad de Edimburgo que ha estado esta semana en Madrid para participar en el ciclo de conferencias de la Fundación BBVA “La ciencia del cosmos, la ciencia en el cosmos”, la materia oscura es responsable, por ejemplo, de que las galaxias mantengan su forma: “Hay un gran conglomerado de materia oscura alrededor de la Vía Láctea. Si no estuviera ahí, las estrellas que forman nuestra galaxia sencillamente saldrían volando hacia el universo”.

Por su parte, la energía oscura es un concepto que ha surgido para intentar explicar uno de los grandes enigmas de la expansión del universo: ¿por qué, lejos de detenerse como cabría esperar, nos expandimos cada vez más rápido? Los científicos proponen que la energía oscura sería la causante, ya que estaría creando cada vez más espacio entre las galaxias.

Heymans explica la búsqueda de una “nueva física” capaz de resolver el misterio de la materia oscura

Sin embargo, para la cosmóloga británica aún es muy poco lo que se ha avanzado. Por ejemplo, el LHC, el acelerador de partículas del CERN, todavía no ha podido “cazar” una partícula de materia oscura. Y en el caso de la energía oscura, aún no hay acuerdo sobre el modelo teórico que podría justificar su existencia.

Por eso, está convencida de que la clave para desentrañar el misterio está en una mezcla de “datos y genialidad”.

La recopilación de datos no es fácil, porque los efectos que se buscan son extremadamente pequeños. “Pero lo emocionante es que, por primera vez, tenemos la tecnología para llevar a cabo las observaciones: grandes telescopios basados en tierra y en el espacio, y capacidad de computación para analizar las cantidades enormes de datos que nos están proporcionando”.

El segundo elemento de la mezcla consiste en generar nuevas ideas para dar lugar a una “nueva física” que revolucione nuestra concepción de la realidad, como en su día lo hicieron la relatividad general y la mecánica cuántica.

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