“Convendría sentir menos curiosidad por las personas y más por las ideas”. Ésta es una de las frases más famosas de la célebre científica Marie Curie. Fue, precisamente, su interés por el mundo lo que la convirtió en la primera mujer en ganar un Nobel, en una época donde las féminas no tenían acceso a la Universidad, al menos en Polonia.

Gracias al tesón de figuras como Curie, que superaron mil y una dificultades para perseguir sus sueños, la historia ha cambiado bastante y, a día de hoy, hay más mujeres que hombres en las aulas, aunque muy pocas se deciden por carreras de ciencia y solo constituyen un 29% de los investigadores en todo el mundo, según la UNESCO. En el Día Internacional de la Mujer hablamos de algunas de las principales científicas de la historia.

Merit Ptah (hacia 2700 a.C.)

Merit Ptah vivió en el Antiguo Egipto y tiene el honor de ser la primera mujer científica de la historia de cuyo nombre existe registro. Aunque las referencias no son demasiado exactas, los archivos la sitúan en la Distanía II, durante el Período Arcaico, aproximadamente 2700 años antes de Cristo.

La vida de Ptah es una incógnita pero, lo que sí se conoce es que no era la única médico de su tiempo: las mujeres tenían un papel importante en la medicina en el antiguo Egipto, sobre todo en la especialidad de obstetricia. Paradójicamente, su nombre ha llegado a nuestros días gracias a un hombre: su hijo, que era sumo sacerdote, dejó una referencia sobre ella que rezaba “jefa de médicos”.

Émilie du Châtelet (1706-1749)

“Un gran hombre cuya única culpa fue ser una mujer”, así definió Voltaire a la marquesa de Châtelet, su amante y colaboradora. Los dos compartieron su amor por la ciencia y, en 1738, participaron en un ensayo sobre la naturaleza del fuego que presentaron a los premios bianuales que organizaba la Academia Real de las Ciencias en París.

Émilie du Châtelet es conocida por su traducción al francés de los Principia Mathematica de Isaac Newton, un texto que, además de traducir, analizó y comentó. Su condición de cortesana –su padre era el jefe de protocolo de Luis XIV– no le impidió dedicar su vida a su gran pasión: las matemáticas.

Henrietta Swan Leavitt (1868-1921)

La Vía Láctea tiene 100.000 años luz de extensión, un hallazgo que hizo famoso en 1918 a Edwin Hubble pero que nunca se hubiera sido posible sin las investigaciones de Henrietta Swan Leavitt. Esta astrónoma americana tuvo una dificultad añadida para realizar su trabajo: a las mujeres no se les permitía utilizar telescopios en aquella época.

Todo empezó en el Observatorio del Harvard College en 1893, donde Henrrietta se unió a otro grupo de mujeres después de graduarse en Radcliffe College (Massachusetts, EE. UU.). Un sueldo bajo, malas condiciones y un trabajo ignorado por las publicaciones científicas no impidieron que la astrónoma encontrase en las fotografías que tenía que examinar la respuesta a un misterio del universo: una ley en las estrellas que permitía calcular, por primera vez, grandes distancias en el cosmos.

Maria Goeppert-Mayer (1906- 1972)

Además de Curie, solamente otra mujer ha ganado el premio Nobel de Física (de un total de 203 distinciones): Maria Goeppert-Mayer, que lo obtuvo en 1963 gracias a su modelo de las capas nucleares. Sorprendentemente, la científica no tuvo un trabajo remunerado hasta los 50 años, ya que solo podía ser colaboradora por su condición de mujer. Su camino hacia el éxito comenzó al conocer a su marido Joseph Edward Mayer, con quien viajó a las universidades de Columbia y California para trabajar a tiempo parcial. En su andadura, de laboratorio en laboratorio, fue perfeccionando la teoría que la llevó a ganar la máxima distinción científica.

Antes, estudió física y matemáticas en la Universidad de Göttingen y consiguió su doctorado bajo la tutela de otro Premio Nobel, Max Born, figura principal de la mecánica cuántica.

Susan Solomon (1956)

Susan Solomon es una científica estadounidense y catedrática del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts). Su descubrimiento sobre los gases clorofluorocarbonos (CFC), que causan el agujero en la capa de ozono de nuestra atmósfera, estableció las bases del Protocolo de Montreal (1987) y con él la prohibición de los CFC, el primer esfuerzo global y conjunto para frenar el daño al medio ambiente. Solomon, que trabajó durante dos décadas en el NOAA (Instituto Nacional del Océano y la Atmósfera de EEUU) y es doctora honoris causa por 12 universidades, ganó el premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento  en Cambio Climático por su indudable aportación a la preservación del planeta.

Emmanuelle Charpentier (1968) y Jennifer Doudna (1964)

La francesa Emmanuelle Charpentier es directora del Instituto Max Planck de Biología de la Infección (Berlín, Alemania), donde estudiaba el papel de un tipo de molécula en la activación de genes. Para dar un impulso a su investigación unió fuerzas con otra científica, Jennifer Doudna, catedrática de Química y de Biología Molecular y Celular en la universidad de Berkeley (California). Juntas reprodujeron de forma artificial el mecanismo CRISPR/Cas 9, que destruye a los invasores de los microorganismos a base de cortar su ADN.

Así fue como, en un laboratorio de Massachusetts, nació una potente herramienta para editar el genoma. La nueva técnica permitía, además de cortar el ADN de forma ultraprecisa, pegarlo de nuevo a partir de los mecanismos naturales de reparación del ADN presentes en la célula. Gracias a este importante avance, publicado en la revista Science en 2012, las investigadoras han ganado el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en  Biomedicina, junto al español Francisco Martínez Mojica.

(En la foto Emmanuelle Charpentier a la izquierda y Jennifer Doudna a la derecha )

En la web del proyecto OpenMind de BBVA hay más historias sobre las grandes pioneras de la ciencia.

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