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Análisis económico 05 feb 2018

La sostenibilidad del déficit externo en Argentina

El informe ‘¿Es sostenible financiar el déficit en cuenta corriente con endeudamiento?‘ realizado por BBVA Research describe un escenario de suave crecimiento económico para Argentina, con una corrección gradual del déficit fiscal y con una inversión extranjera directa creciendo hasta niveles similares a países de la región para los próximos años.

En este contexto, el significativo déficit externo que hoy vemos en Argentina y que se explica por una insuficiencia de ahorro interno para financiar la inversión, en parte debido al elevado déficit fiscal, requiere ser financiado transitoriamente con endeudamiento externo.

Argentina cerró el año 2017 con un déficit comercial de casi USD 8.500 millones, lo cual explicará una gran parte del desequilibrio de la cuenta corriente que se estima estará ligeramente por encima de los 5 puntos del PIB. Además, no se espera que este resultado se revierta en el corto plazo, lo que vuelve necesario recurrir a un mayor endeudamiento externo para cubrir este déficit.

Las autoras del informe, María Celeste González y Adriana Haring intentan responder al interrogante de hasta cuándo será sostenible continuar financiando el déficit por cuenta corriente con más endeudamiento externo.

La primera conclusión a la que arriban las autoras es que “el déficit externo podría ser financiado a mediano plazo sin que el endeudamiento externo se desborde y evitando una de las cíclicas crisis externas que ha sufrido Argentina”.

Para que el endeudamiento externo no se haga explosivo, subrayan que es imprescindible que el déficit fiscal se reduzca y converja a las metas estipuladas por el gobierno; no obstante, destacan que Argentina parte de un nivel de endeudamiento bajo en términos relativos.

El déficit externo podría ser financiado a mediano plazo sin que el endeudamiento externo se desborde”

El desequilibrio fiscal debería reducirse gradualmente, lo cual requerirá menos financiamiento externo, mientras que los flujos de inversión extranjera podrán alcanzar al 4% del PIB en los próximos cinco años, siempre que el país se mantenga ordenado y con una política económica estable y previsible, estiman las autoras.

Hasta 2015, la imposibilidad de distribuir utilidades y dividendos debido a la existencia del ‘cepo cambiario’ hacía que la inversión extranjera directa (IED) en Argentina resultara ‘artificialmente’ más elevada de lo que hubiera sido sin dicha restricción. Con la eliminación de esta distorsión, los flujos de inversión registrados son ingresos genuinos de capitales aunque menores. BBVA Research estima que no luce imposible el objetivo de incrementar la inversión directa en vistas de lo rezagada que está Argentina frente a la región.

La vulnerabilidad externa refleja un riesgo moderado

Una luz amarilla se encendería ante la mayor vulnerabilidad externa que muestra el país respecto de la región, ya que la deuda externa, aunque resulta baja como proporción del PIB, representa más de dos años y medio de exportaciones, mientras las reservas internacionales están creciendo y alcanzan para cubrir siete meses de importaciones, pero son inferiores al promedio de la región.

¿Es sostenible financiar el déficit externo con más endeudamiento? Sin mejoras adicionales en los términos de intercambio y escaso dinamismo de las exportaciones, el rojo comercial continuará incrementándose en los próximos años, si bien a una tasa menor que en 2017.

Las perspectivas de un tipo de cambio real relativamente apreciado no permiten un mayor dinamismo en las exportaciones, principalmente en lo correspondiente a los servicios reales (v.g. turismo). Pero además, en un contexto de crecimiento de la actividad económica, las importaciones se están recomponiendo rápidamente, luego de varios años de estar reprimidas, lo que acelera el deterioro de la balanza comercial.

Históricamente, la cuenta corriente argentina ha mostrado déficits recurrentes y sólo en contadas excepciones tuvo superávit. El principal motivo de estos resultados es que Argentina no genera el suficiente ahorro doméstico y debe financiar el exceso de gasto doméstico con ahorro externo (endeudamiento).

Las perspectivas de un tipo de cambio real relativamente apreciado no permiten un mayor dinamismo en las exportaciones”

Lo cierto es que la decisión de residentes de ‘fugar’ ahorros al exterior también reduce la disponibilidad de financiamiento local y en el escenario escenario base no se plantea que se pueda revertir la salida de capitales del sector privado, que actualmente equivalen al 1,6% del PIB.

Argentina ha financiado sus desequilibrios por cuenta corriente con mayor endeudamiento, como ha ocurrido desde 2016 y con uso de reservas internacionales del Banco Central, como sucedió entre 2010 y 2015, dado que en este período no tenía acceso a los mercados internacionales de deuda.

Actualmente, la mejora del riesgo país va permitiendo una reducción virtuosa, aunque moderada, en las tasas de rendimiento de la deuda soberana, pero también requieren atención una eventual suba brusca de la tasa de interés en Estados Unidos, caída del precio de los ‘commodities’ por desaceleración del crecimiento de China o un aumento de la aversión al riesgo internacional, que pondrían en riesgo la continuidad del financiamiento externo del país.

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