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Consejos sencillos para una decoración sostenible que fomente la economía circular

Los muebles de segunda mano reutilizados, los objetos familiares antiguos puestos en valor, el aprovechamiento de la luz natural, los productos ecológicos o la apuesta por elementos locales reducen el impacto ambiental de la decoración y la dotan de personalidad. Así es el interiorismo sostenible.

Calidad del aire, iluminación y materiales naturales o de segunda mano, ahorro energético… salud. Son las grandes cuestiones que se han de responder cuando se habla de decoración sostenible. “Hace 30 años había que hablar con los clientes y convencerlos sobre las diferencias entre trabajar o vivir en un lugar diseñado y en uno no diseñado. Treinta años después nos toca hacer esa misma evangelización, esta vez sobre la importancia de aplicar la sostenibilidad a los proyectos”. Son palabras de Aurelio Vázquez, director de DIN Interiorismo (empresa mexicana especializada en arquitectura de interiores con tres décadas de experiencia), en el encuentro ‘Interiorismo Sustentable’, organizado por la Universidad Anáhuac en Mérida (México). Como el resto de los participantes en este seminario web, Vázquez defiende que la sostenibilidad esté integrada en el diseño desde la primera fase de creación.

Si se entiende por decoración sostenible aquella que reduce su impacto ambiental, resulta fundamental elegir muy bien. Para ello hay que analizar a fondo el ciclo de vida de los elementos que la conforman, desde el diseño al reciclado. Así lo aconseja Siân Moxon, profesora titular y coordinadora de Sostenibilidad de la Escuela de Arte, Arquitectura y Diseño de la London Metropolitan University, en su libro ‘Sostenibilidad en interiorismo’. La docente apuesta por los artículos naturales, de segunda mano y por los materiales renovables. Todo en línea con la economía circular: las tres R (Reducir, Reutilizar y Reciclar).

Moxon exhorta a hacerse “las preguntas adecuadas” a la hora de abordar un proyecto de interiorismo sostenible. Respecto a los materiales y los sistemas de energía y agua más eficientes. Más allá de eso, también sobre los usos y el propósito de la habitación o espacio que se quiere decorar.

“Por un lado, debemos tener en cuenta el uso que se le va a dar a ese espacio, cómo se va a vivir, si será utilizado por niños o adultos, las aficiones de cada persona que vive en casa, sus manías, sus necesidades específicas, su estilo de vida”, coincide Olga Alonso, socia cofundadora del estudio de interiorismo y decoración Diseño Interior Bruto. “Por otro lado, recomendamos hacer un listado con los elementos que posee el cliente, los que quiere y los que realmente necesita. Teniendo todo esto claro, evitaremos equivocaciones y compras por impulso”, precisa.

Estos son sus consejos prácticos:

  • Deshazte de lo que no utilices, no quieras o no te sirva. Así conseguirás despejar las estancias y quedarte con lo que realmente te hace feliz. “Recuerda regalarlo, donarlo o vendérselo a alguien para darle una segunda vida”, recomienda.
  • Redistribuye el mobiliario para optimizar el espacio disponible, favorecer la circulación en la estancia, la entrada de luz natural o la ventilación. A veces, dice Alonso, solo con reubicar las piezas conseguimos que todo fluya y el puzle “encaje a la perfección”.
  • Rescata cosas con valor sentimental guardadas en armarios y trasteros, por si pueden encajar en la nueva decoración: fotografías antiguas, vajillas de los padres, algún objeto decorativo de los abuelos.
  • Cualquier rincón o estancia se transforma con un papel pintado o una buena mano de pintura ecológica y no tóxica.
  • “Si tienes algún mueble del que no te quieres deshacer, pero te aburre, le puedes dar una nueva identidad: puedes pintarlo, lijarlo para dejarlo en su color de madera natural, cambiar tiradores, retapizarlo si tiene parte textil (…) Tendrás una pieza única y, además, tanto tu bolsillo como el medioambiente agradecerán que evites compras innecesarias”, explica.
  • Es una buena idea invertir en textiles sostenibles –cojines, visillos, alfombras– y en plantas naturales, que, “además de decorar y dar sensación de frescura, ayudarán a oxigenar el aire”.

Olga Alonso pide a los clientes que se preocupen por la procedencia y la manufactura de lo que compran, y se informen sobre los procesos de fabricación. “Hoy es sencillo averiguar si un objeto se ha producido de manera respetuosa con el planeta”, acota. Si tiene una menor huella ecológica, si su durabilidad va a ser mayor, si ha sido creado con materiales reciclados, y reciclables, lo que garantizará que pueda convertirse en otra cosa una vez que termine su vida útil.

“Otro punto que nos parece fundamental es apostar por artículos que provengan de comercio justo, y también dar valor a artistas y artesanos locales, u otros negocios de proximidad”, prosigue Alonso. Lo que consigue que los clientes disfruten de piezas más especiales en casa; mientras que por otro lado, “aportamos nuestro granito de arena a una labor social y a pequeños negocios que no están bajo el paraguas de un gigante internacional”. Por último, minimizamos la huella de carbono que produce transportar la mercancía desde una a otra punta del mundo.