Microinnovaciones locales: cómo se adaptan los barrios al cambio climático
Las microinnovaciones locales son pequeñas acciones realizadas en espacios públicos y privados, de coste reducido y fáciles de replicar, diseñadas para que los barrios y las comunidades vulnerables puedan adaptarse al impacto de las olas de calor, las inundaciones o la alta contaminación.
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El último informe de ONU-Hábitat confirma que las ciudades están en primera línea de la crisis climática. Además, inundaciones, olas de calor, tormentas y sequías aumentan su vulnerabilidad cada año. Por ello, muchas urbes sufren crisis repentinas vinculadas a fenómenos extremos. Actualmente, más de la mitad de la población mundial —más de 4.000 millones de personas— vive en ciudades. Asimismo, el Banco Mundial prevé que esta cifra alcance casi 7 de cada 10 personas en 2050.
En este contexto, el cambio climático incrementa las desigualdades y la vulnerabilidad. Al mismo tiempo, también evidencia la necesidad de enfoques creativos y comunitarios. De este modo, se puede reforzar la resiliencia local.
¿Qué son la microinnovaciones locales?
Entre esos enfoques novedosos destacan las microinnovaciones locales para la adaptación al cambio climático, intervenciones a pequeña escala, generalmente de bajo coste y fácilmente replicables, que se ponen en marcha en barrios y comunidades. Su objetivo es reducir el calor extremo, evitar las inundaciones, garantizar la seguridad alimentaria o mejorar la calidad del aire. Es en las zonas con mayor fragilidad económica y social donde el cambio climático suele golpear con más fuerza y donde estos avances pueden marcar la diferencia entre sufrir una ola de calor o resistirla.
“Se trata de transformar pequeños espacios como calles, plazas, espacios estanciales, parques infantiles, tejados, aceras, aparcamientos, etc. con acciones principalmente de renaturalización, rápidas y relativamente económicas, que pueden proporcionar grandes beneficios”, asegura Gemma García Blanco, investigadora del Equipo de Adaptación al Cambio Climático de la Fundación Tecnalia, miembro del Basque Research and Technology Alliance (BRTA).
Estos pequeños cambios combinan soluciones basadas en la naturaleza, ajustes tecnológicos sencillos, rediseño del espacio público, prácticas sociales de adaptación al calentamiento global y herramientas participativas. Su eficacia va a depender de la actuación de todos los actores locales –desde colegios de arquitectos a asociaciones vecinales, de instituciones públicas a expertos en adaptación climática–, de la disponibilidad de datos y de cómo se integran las políticas municipales.
Todas las ciudades sufren el “efecto de isla de calor”, zonas altamente expuestas a las altas temperaturas, generadas, fundamentalmente, por el material de las vías, el tráfico rodado y la calidad de las edificaciones. Hay otros problemas, como las inundaciones, que requieren intervenciones más tecnológicas, cambios en los suelos para hacerlos más permeables o herramientas para la gestión del agua de lluvia.
“Es muy importante realizar una acupuntura urbana que se fije en las necesidades de cada calle, analizando qué confort necesita, sobre todo en los barrios más vulnerables y con construcciones más precarias. Intervenir en el espacio urbano es lo más eficaz porque afecta directamente a la salud, la calidad de vida y el bienestar de los ciudadanos”, explica Marta Olazabal, ingeniera ambiental, investigadora de la Fundación Vasca para la Ciencia (Ikerbasque) y experta en adaptación del Centro Vasco para el Cambio Climático (BC3).
Para esta especialista, las estrategias de adaptación pasan por un “urbanismo táctico” que reduzca los vehículos motorizados, que es la principal fuente de calor. “Se pueden añadir puntos de agua e infraestructuras verdes para mejorar el confort térmico, pero hay que cambiar elementos, quitar asfalto, peatonalizar…”, comenta.
Ejemplos de microinnovaciones en ciudades del mundo
América Latina y el Caribe es la segunda región más urbanizada del mundo, con 8 de cada 10 habitantes residiendo en centros urbanos. El Fondo Verde para el Clima (GCF, en sus siglas en inglés), un fondo climático para los países en vías de desarrollo, calcula que el 48% de las ciudades capitales de esta zona muestran “riesgo extremo” a los efectos del cambio climático. La situación ha impulsado iniciativas de adaptación en Latinoamérica y Europa como estas:
- Jardines de lluvia. En Mérida (México) se están implementando Sistemas Urbanos de Drenaje Pluvial Sostenible para hacer más permeables los suelos, afectados por la deforestación derivada de la expansión demográfica. La impermeabilización potencia el incremento de temperaturas, elimina la filtración con el consiguiente aumento de la contaminación y de las inundaciones. Uno de estos sistemas sostenibles son los llamados jardines de lluvia, áreas de vegetación (plantas, arbustos y árboles) que ayudan a absorber el agua y a drenarla en el suelo.
- Agricultura urbana. En la ciudad argentina de Rosario, provincia de Santa Fe, se ha diseñado un proyecto de agricultura urbana que no solo pretende evitar problemas de seguridad alimentaria, también aumentar la resiliencia urbana a eventos climáticos extremos y reducir las emisiones de carbono. Alrededor de 300 agricultores de la localidad lograron la propiedad temporal de tierras públicas y privadas, y al menos 2.400 familias comenzaron a producir en sus propias huertas y a vender los productos locales en siete espacios de mercado permanente. Por un lado, los terrenos cultivados ayudan a absorber las lluvias y prevenir las inundaciones, y por otro, la producción local reduce las emisiones de dióxido de carbono (CO2)
- Restauración de ecosistemas. Xalapa es la capital del estado mexicano de Veracruz, una ciudad que se acerca al medio millón de habitantes. En lengua náhuatl, Xalapa significa manantial en la arena, pero es el agua el elemento que más quebraderos de cabeza produce a sus vecinos. Bajo los volcanes de Sierra Madre Oriental, Xalapa está atravesada por siete ríos, una laguna y cuatro lagos artificiales. El desarrollo de infraestructuras urbanas ha provocado la deforestación de ecosistemas como bosques, humedales y corredores, y las consecuencias del cambio climático, unidas a esta expansión no planificada, han aumentado la intensidad de las inundaciones.El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) ha impulsado, dentro de su proyecto CityAdapt, cuatro intervenciones: restauración de la ribera de un río urbano y de un cerro para construir zanjas que retengan el terreno y aumenten la infiltración de agua, instalación de sistemas de captación de agua de lluvia en los barrios más pobres, y desarrollo de humedales artificiales en las escuelas.
- Techos verdes. Una ordenanza del municipio argentino de Córdoba obliga desde 2016 a colocar cubiertas vegetales en terrazas de edificios de viviendas, industriales e institucionales situados en los barrios centrales. Los techos verdes ayudan a disminuir la temperatura, retienen agua de lluvia, capturan dióxido de carbono y liberan oxígeno, y ahorran energía al actuar como aislante térmico.Muchas capitales están fomentando estas azoteas verdes. En Madrid, el ayuntamiento incluye incentivos urbanísticos para agilizar la naturalización de las cubiertas y habilitará una línea de subvenciones para su implantación a partir de 2026. Además de las mejoras térmicas y de adaptación al cambio climático, el consistorio español destaca que estos espacios “fomentan el encuentro, la socialización y la cohesión vecinal”.
- Refugios climáticos. En 2022, la capital francesa puso en marcha el programa OASIS para transformar diez patios escolares de París en refugios climáticos accesibles tanto para los estudiantes como para los vecinos de la zona. Niños, madres con bebés, personas mayores o con problemas de salud son los principales beneficiarios. Climate-ADAPT, plataforma europea de adaptación al cambio climático en la que colaboran la Comisión Europea y la Agencia Europea de Medio Ambiente, ha advertido que París, –una ciudad con gran densidad de población– tendrá un aumento de temperatura promedio de 2oC a 4oC en las próximas décadas. El proyecto OASIS aumenta las áreas de vegetación de los patios plantando árboles, césped y huertos; introduce elementos materiales ecoinnovadores de color claro y porosidad modular para garantizar el frescor; usa agua de lluvia para humedecer el suelo e instala aire acondicionado solar. Todo ello para disminuir el efecto isla de calor local, educar a los residentes sobre el cambio climático y crear espacios frescos, y de encuentro, para las poblaciones vulnerables.Una idea similar se está llevando a cabo en Barcelona. Acabada la ola de calor que azotó la ciudad catalana en julio de 2023, 80 científicos ciudadanos recopilaron datos de calor utilizando cámaras termográficas, termómetros láser y sensores de humedad en espacios públicos, calles, edificios y parques. Con los resultados se ha desarrollado una estrategia de sensibilización sobre los problemas del calentamiento global y las soluciones prácticas para reducir el efecto de isla de calor urbana que sufre la ciudadanía barcelonesa. Actualmente, el plan CALOR 2025-2035 incluye incrementar la vegetación y el arbolado en la ciudad, generar más sombras, ampliar los juegos de agua y los refugios climáticos, impulsar los pavimentos y cubiertas antirreflectantes, y climatizar escuelas y residencias de personas mayores.En comunas vulnerables de la región metropolitana de Santiago (Chile), la solución elegida han sido los bosques de bolsillo, la plantación de especies vegetales nativas en alta densidad en espacios reducidos como calles y parques. Con un crecimiento acelerado se genera un ecosistema que reduce el calor extremo y mejora la habitabilidad de esos barrios. En total, serán 33 bosques con más de 3.600 árboles.
Tecnologías y datos al servicio del vecindario para la adaptación al cambio climático
“Muchas de las microinnovaciones no requieren grandes inversiones y pueden ser construidas o mantenidas por los vecinos con apoyo técnico”, añade Gemma García, de Fundación Tecnalia. La creación de herramientas digitales de baja barrera, aquellas aplicaciones y plataformas sencillas de usar, están permitiendo a instituciones municipales y vecinos una reacción rápida ante los fenómenos meteorológicos extremos.
Por ejemplo, los sensores de calor, están logrando monitorear temperatura y factores de humedad en muchas ciudades; y los riegos inteligentes, que integran sensores IoT (Internet de las Cosas), algoritmos de inteligencia artificial y sistemas de automatización, consiguen optimizar la distribución de agua en las cubiertas vegetales, jardines verticales y otras zonas verdes.
Cascais, en la costa de Portugal, es una de las nueve ciudades piloto del proyecto Re-Value para acelerar su camino hacia la neutralidad climática en 2050. Ya se han desarrollado herramientas de modelado y simulación de escenarios y otras numéricas para mejorar la adaptación de la ciudad al cambio climático. La hoja de ruta de Cascais –casi 200.000 habitantes– incluye en una segunda fase probar microintervenciones participativas para poner en marcha soluciones basadas en la naturaleza en espacios naturales y urbanos, desde la creación de ciclovías y paseos peatonales hasta el desarrollo de comunidades energéticas locales en zonas vulnerables. Según el estudio publicado en Elsevier, para la electrificación con fuentes de energía renovables se instalarán sistemas fotovoltaicos en azoteas, pequeñas turbinas eólicas y se aprovechará la energía que generan las olas.
Beneficios sociales y ambientales de las microinnovaciones
Las microinnovaciones que buscan la adaptación urbana al calentamiento global se han convertido en una prioridad con beneficios ambientales y sociales medibles:
- Mejoran de la calidad del aire. Los espacios con vegetación filtran los contaminantes y capturan CO2.
- Reducen el efecto isla de calor en zonas urbanas con exposición a altas temperaturas.
- Aumentan el confort térmico de los residentes, y de esta manera su bienestar y cohesión social.
- Protegen y restauran los ecosistemas urbanos e incrementan su biodiversidad.
- Disminuyen brechas sociales fortaleciendo la inclusión y la equidad en las áreas más vulnerables.
- Sensibilizan sobre las consecuencias del cambio climático y permiten aprender.
- Mejoran la salud pública. Los riesgos de enfermedades respiratorias, golpes de calor y ansiedad disminuyen con menos olas de calor y más calidad del aire y espacios verdes.
- Generan empleos vinculados al diseño, implementación y mantenimiento de los espacios verdes.
- Preparan a los barrios para resistir y responder mejor ante eventos extremos.
- Reducen costos al ser soluciones locales y fácilmente replicables.
- Incrementan la seguridad porque los espacios bien cuidados y verdes reducen el delito.
- Fomentan el sentido de comunidad mediante herramientas de participación y diseño de las microinnovaciones.
“La participación de la ciudadanía en el diseño de esas intervenciones es clave para que los barrios se apropien de ellas, se involucren en su mantenimiento y comprendan sus beneficios”, comenta la investigadora de Fundación Tecnalia.
Sobre la participación, Marta Olazabal, de BC3, añade que a veces esta intervención se realiza sin conexión con las necesidades reales. La adaptación al cambio climático pasa por reducir emisiones, la contaminación atmosférica, pero hay que pensar también en un cambio de comportamiento, que es lo más complicado. Y luego está el tiempo, para identificar necesidades y promover la participación de las personas afectadas se necesita tiempo, y muchas veces no lo hay”.
Preguntas frecuentes sobre microinnovaciones locales
¿Qué son las microinnovaciones locales?
Son soluciones de pequeña escala, de bajo coste y fácil implementación que se aplican en barrios y ciudades para adaptarse al cambio climático y reducir sus impactos.
¿Para qué sirven las microinnovaciones locales?
Sirven para reducir el calor urbano, mejorar la gestión del agua, aumentar la calidad del aire y fortalecer la resiliencia de las comunidades frente a fenómenos extremos.
¿Qué ejemplos de microinnovaciones existen?
Algunos ejemplos son los jardines de lluvia, los techos verdes, la agricultura urbana, los refugios climáticos o los bosques de bolsillo en zonas urbanas.
¿Por qué son importantes en el cambio climático?
Porque permiten adaptar las ciudades de forma rápida y eficaz a fenómenos como olas de calor o inundaciones, especialmente en comunidades vulnerables.
¿Dónde se pueden aplicar estas soluciones?
Se pueden implementar en espacios urbanos como calles, plazas, parques, edificios, patios escolares o barrios con alta exposición a riesgos climáticos.
¿Quién impulsa las microinnovaciones locales?
Las impulsan administraciones públicas, organizaciones sociales, expertos en urbanismo y, cada vez más, los propios vecinos mediante procesos participativos.