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Energía> Eficiencia Energética Act. 04 may 2021

¿Qué son las comunidades energéticas y cómo funcionan?

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Las comunidades energéticas permiten aprovechar recursos renovables allí donde están y activan la participación ciudadana en la producción de energía. Aunque la idea del autoconsumo no es nueva, su contribución en la transición hacia un sistema sin emisiones de CO2 gana puntos. El éxito va por países.

A 50 kilómetros al este de Chernóbil, en Ucrania, se levanta la ciudad de Slavutych. Es una localidad joven, fundada para reubicar a los habitantes de Prípiat, en su mayoría trabajadores de la central nuclear, tras el accidente y la evacuación del lugar en 1986. Hoy, a Slavutych se la conoce también como Sonyachne Misto, pueblo solar. En sus calles ha tomado forma una de las muchas comunidades energéticas que han nacido en Europa en los últimos años. Una apuesta por la sostenibilidad.

La historia de Sonyachne Misto empieza en 2018. Impulsada por un grupo de ciudadanos y tras lograr el apoyo del Ayuntamiento, se convirtió en la primera comunidad energética de Ucrania. Hoy la integran 97 miembros que gestionan tres plantas fotovoltaicas y que reciben un retorno económico regular. Al mismo tiempo, se ha convertido en una fuente de energía limpia y más barata para los vecinos, en un pilar de la transición energética local.

Su historia es una de las muchas recogidas en el informe ‘Community Energy: A practical guide to reclaiming power’, elaborado por Amigos de la Tierra, REScoop.eu y Energy Cities con el apoyo de la Unión Europea. Según los datos de la UE, las comunidades energéticas son cada vez más habituales. Existen cerca de 1.800 en Alemania, 700 en Dinamarca y 500 en los Países Bajos, los estados que mayor número tienen. En España hay 33 registradas.

¿Qué son las comunidades energéticas?

Las comunidades energéticas se construyen sobre el concepto del autoconsumo energético local. Es decir, la producción de energía para uso propio, individual o colectivo, y en el mismo lugar en el que se genera. La idea no es nueva, pero sí ha ganado relevancia en los últimos años tras habérsele reconocido cierto estatus jurídico y legal y haberse señalado su importancia para acelerar la transición hacia un sistema energético sin emisiones de CO2.

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Según el Instituto para la Diversificación y el Ahorro de Energía (IDAE), una comunidad energética es una entidad jurídica formada por socios que pueden ser tanto personas físicas como otras asociaciones, pequeñas y medianas empresas (pymes) o, incluso, administraciones públicas. Esta sociedad, de forma cooperativa, establece una serie de objetivos de obtención de energía para sí misma, una comunidad o terceros beneficiarios. Su objetivo principal será ofrecer beneficios energéticos, de los que se derivan los medioambientales, económicos y sociales.

Tal como recoge el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) 2021-2030 de España, pendiente de aprobación definitiva, la definición de comunidad energética engloba dos conceptos:

  • Comunidad de energías renovables. Enfocada a cualquier proyecto comunitario energético que implique el uso de fuentes renovables como la eólica o la fotovoltaica.
  • Comunidad ciudadana de energía. Está pensada para abarcar cualquier proyecto del sector eléctrico destinado a sus miembros, incluyendo distribución, suministro, consumo, agregación, almacenamiento y prestación de servicios energéticos (como renovación de edificios) o servicios de recarga para vehículos eléctricos.

A nivel europeo, las comunidades energéticas han sido reconocidas legalmente dentro del Clean energy for all Europeans package, la reforma de la Directiva Europea sobre las normas comunes para el mercado interior de la electricidad de 2019 y la revisión de la Directiva Europea de Energías Renovables de 2018. A nivel nacional, Alemania, Dinamarca, Francia, Polonia y Reino Unido reconocen las comunidades energéticas en sus legislaciones y otros estados europeos –entre los que está España– lo harán en el corto plazo.

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Fuera de Europa, las comunidades energéticas también han sido reconocidas en EE. UU. y Canadá. En América Latina, la figura está muy poco desarrollada, a pesar de que la Agencia Internacional de las Energías Renovables (IRENA) ha reconocido el potencial renovable de la región y, en particular, el de las comunidades energéticas para producir electricidad sostenible en las zonas más aisladas.

Ventajas de las comunidades energéticas

Las comunidades energéticas son una pieza clave en la reorganización de los sistemas de producción y distribución de energía. Permiten aprovechar los recursos renovables allí donde están y son una puerta abierta para la participación activa de los ciudadanos en el sistema energético. Según el informe ‘Community Energy: A practical guide to reclaiming power’, sus ventajas pueden resumirse en:

  • Abandono de las energías fósiles y reducción de la huella de carbono local.
  • Mayor eficiencia en el consumo, sobre todo, en aquellas comunidades que tengan como objetivo mejorar la distribución y reducir el gasto de las viviendas y el transporte.
  • Alternativas de inversión colectiva para el desarrollo de las energías renovables.
  • Implantación de renovables desde el respeto y el compromiso de la comunidad, en lugar de apostar por grandes proyectos desarrollados de espaldas a los ciudadanos.
  • Posible solución a la pobreza energética. Las comunidades energéticas pueden favorecer precios más bajos para los vecinos con menos recursos.
  • Desarrollo de la economía local.
  • Fortalecimiento de los lazos de la comunidad.
  • Redistribución de los beneficios, que revierten en su mayoría en la comunidad local.

Las comunidades energéticas son, en definitiva, una nueva forma de enfocar la generación y la distribución de la electricidad, así como multitud de servicios energéticos. Desarrolladas a nivel local, colocan en el centro el beneficio de la comunidad y su sostenibilidad medioambiental, social y económica.

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