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¿Qué es la taxonomía social para las finanzas sostenibles de la Unión Europea?

Mónica Coca (Colaboradora externa)

La taxonomía social es la clasificación de actividades económicas que contribuyen significativamente a objetivos sociales en la UE y supone un código común para inversores, empresas y reguladores sobre lo que es sostenible desde el punto de vista social y lo que no.

Supone un cambio de rumbo para las finanzas sostenibles. Dicho cambio viene marcado por la publicación del informe final del Grupo Técnico de Expertos en Finanzas Sostenibles de la Comisión Europea con la clasificación de actividades que favorecería el cumplimiento de los objetivos sociales de la Unión Europea y que contribuirá al desarrollo de una sociedad más verde e inclusiva. Por ejemplo, mejorando el impacto de sectores como la educación, la salud y la vivienda, entre otros.

Es muy esperada y es igual de relevante o más que la taxonomía verde”, declaraba el presidente de Spainsif, Joaquín Garralda, en el encuentro ‘La Taxonomía Social de la UE’, organizado por la entidad a finales de enero de este año. Sin embargo, “al basarse en principios internacionales, normas y criterios relacionados con aspectos culturales, [la taxonomía social] puede presentar un desarrollo más lento que la relativa a objetivos ambientales”.

El Grupo Técnico de Expertos en Finanzas Sostenibles de la Comisión Europea había presentado, en julio de 2021, el primer borrador sobre taxonomía social cuya segunda versión estaba prevista para finales de 2021. Finalmente, el informe ha visto la luz en febrero de 2022 y servirá para impulsar la inversión sostenible en Europa, poniendo foco en la protección de los derechos humanos y en el impacto social hacia los principales grupos de interés de las empresas: trabajadores, clientes y comunidades.

La clasificación, según la propuesta de la UE, tiene una estructura similar a la de la taxonomía medioambiental, pero se centra en establecer criterios  dirigidos por un lado, a entidades económicas y por otro lado, a los productos y servicios que generan . “La idea de incorporar aspectos sociales se tomó en cuenta desde el momento en el que surgió la taxonomía verde, pero la taxonomía social recae de forma más marcada en estándares internacionales y en valores, que en la ciencia”, explicaba Hugo Gallagher, Senior Policy Adviser de Eurosif, en el encuentro de Spainsif. “Además, la UE tiene competencias más limitadas sobre los aspectos sociales”, matizaba. 

¿Por qué es necesaria una taxonomía social?

Son varios los argumentos por los que esta clasificación es fundamental. “La introducción de una taxonomía social sería un paso importante para avanzar en el marco regulatorio de la sostenibilidad en Europa”, afirma Ana Rubio, desde el área de Regulación Financiera de BBVA. En este sentido, los bancos llevan mucho tiempo trabajando con objetivos sociales y de inclusión financiera “y esta taxonomía facilitará criterios comunes para promoverlo”. “En cualquier caso, la taxonomía debería ser sencilla y fácil de implementar y debe converger con iniciativas similares internacionales para facilitar su aplicación en grupos globales”, afirma. 

“Clarificar en el mercado lo que puede considerarse que tiene un impacto medioambiental o social positivo es un paso importante que beneficia a todos, inversores, empresas y sociedad”, explica Fernando Varela de Ugarte, director de Social Gob y codirector de Entidades Financieras Sostenibles (EFS) en este artículo para Ibercampus. “Transmite transparencia al mercado y reduce las posibilidades de ‘greenwashing’”. En segundo lugar, “el impulso de una taxonomía solo en su vertiente verde quedaría coja, ya que el ámbito social es un ámbito relevante, complementario e íntimamente unido a la dimensión ambiental”, añade Varela.

Por su parte, el informe de la UE resalta los siguientes factores principales por los cuales la taxonomía social es necesaria:

  • La necesidad de inversiones sociales en sectores como la vivienda asequible, la atención médica, la educación y el respeto por los derechos humanos de trabajadores, consumidores, comunidades.
  • Vínculo con el medioambiente: necesidad de medidas socialmente inclusivas para acompañar la transición verde y justa.
  • Oportunidades: los inversores buscan cada vez más oportunidades de inversión social. Por ejemplo, el aumento en los bonos sociales impulsado por la pandemia y la recuperación pospandemia demuestran la demanda que hay en el mercado.
  • Riesgos: la ausencia de consideraciones sobre cuestiones sociales conlleva riesgos especialmente reputacionales para los inversores.
  • Complejidad de medir lo social: la falta de definiciones y de un sistema de clasificación estandarizado es un obstáculo para orientar el capital hacia actividades socialmente sostenibles y para la medición de su impacto. Además, es necesario evitar el ‘social-washing’ o lavado social.

¿Cuál es la estructura que se propone para la taxonomía social? 

La taxonomía social se dirige a los bancos, empresas y reguladores para clasificar  y orientar las inversiones sostenibles. El informe para esta taxonomía de la UE propone tres  objetivos sociales. Cada objetivo contiene subobjetivos específicos orientados a generar un impacto positivo directo en los tres principales grupos de interés de las empresas: los trabajadores, los clientes y las comunidades

Objetivo 1: Trabajadores:

  • Promover la igualdad y los derechos humanos de toda la cadena de valor a través de la remuneración equitativa, protecciones sociales, eliminación de la precariedad, etc.
  • Impulsar la igualdad y la no discriminación en el trabajo: brecha salarial, empleo para las mujeres, empleo a colectivos desfavorecidos, etc.
  • Garantizar los derechos humanos de los trabajadores en toda la cadena de valor.

Objetivo 2: Clientes: Nivel de vida y bienestar adecuados para los usuarios finales.

  • Protección de los datos y ciberseguridad de usuarios
  • Prácticas de marketing y comunicación clara y responsable.
  • Accesibilidad a productos y servicios básicos de calidad como alimentación, salud, vivienda, educación, agua y servicios asistenciales.
  • Diseño de productos duraderos, seguros y reparables.

Objetivo 3: Comunidades sostenibles e inclusivas

  • Infraestructura económica básica: transporte, telecomunicaciones (incluyendo Internet), servicios financieros, electricidad y eliminación de residuos.
  • Creación y preservación de empleos decentes, particularmente en el contexto de un entorno verde y justo y de transición digital.
  • Promoción de la igualdad de género.

Según el informe, las actividades que podrían considerarse sostenibles desde el punto de vista social, deberían ser aquellas que realizan algún tipo de “contribución sustancial” a uno de los tres objetivos que plantea la taxonomía. La contribución podría hacerse mediante inversiones que eviten o mitiguen riesgos de incumplimiento de la protección a los derechos humanos en sectores de alto riesgo (ej. textil o agrícola) o bien,  con inversiones que mejoren el impacto social positivo inherente de ciertas actividades económicas; principalmente en sectores de servicios básicos, educación, salud, vivienda e infraestructura digital.

En este punto es importante el rol del criterio “do no significant harm” (DNSH) que podría traducirse como “no causar daños significativos”. Dicho criterio se asegura de que una actividad haga una contribución sustancial a un objetivo social, sin perjudicar a los demás objetivos sociales.

BBVA alineado con la taxonomía social

“La metodología que venimos utilizando en BBVA para definir la financiación sostenible en crecimiento inclusivo está alineada con la propuesta de taxonomía social presentada”, explica el director de Negocio Responsable de BBVA, Antoni Ballabriga. “De forma complementaria, en BBVA también contamos con un marco ambiental y social en financiación, principalmente en Corporate Investment Banking, para cubrir las salvaguardas mínimas sociales  ‘Minimum Safe Guards’ en la terminología en inglés”, concluye.

El estándar BBVA excluye actividades económicas que bajo ninguna circunstancia podrían considerarse como socialmente sostenibles como: generación nuclear, defensa, minería, armas de fuego, juegos de azar, pornografía y tabaco. En la propuesta de la taxonomía social las definen como "Harmful activities" (actividades perjudiciales o dañinas a los objetivos sociales).

En su propósito de poner al alcance de todos las oportunidades de esta nueva era, BBVA ha incorporado la acción climática y el crecimiento inclusivo como uno de los pilares que sustentan su estrategia de sostenibilidad. Su objetivo es movilizar los recursos oportunos para gestionar el desafío del cambio climático y abordar los ODS relacionados con este reto. Para ello, ha desarrollado una taxonomía interna de riesgos de transición que clasifica los sectores en función de su sensibilidad al riesgo de transición e identificar así métricas a nivel de cliente. Para el crecimiento inclusivo, los esfuerzos de BBVA están en promover la inclusión financiera, las infraestructuras inclusivas y el apoyo a emprendedores y micronegocios.

Además, la entidad colaboró, junto a 26 bancos en 2020, en una iniciativa para determinar cómo la taxonomía de la Unión Europea sobre actividades sostenibles podría aplicarse a los productos bancarios básicos y así lograr que existan criterios comunes para determinar qué productos son sostenibles y permitir a los bancos impulsar la financiación sostenible de toda la economía.