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¿Qué es una pandemia y cuántas ha habido a lo largo de la historia?

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Viruela, peste, cólera, tifus, VIH… Epidemias y pandemias han azotado a la humanidad desde que el mundo es mundo. La lucha contra la actual, causada por el coronavirus SARS-CoV-2, se diferencia de las anteriores en la conexión global que facilita el contagio, pero también en una respuesta científica con una coordinación y una inversión sin precedentes.

"Hay que diferenciar entre tres conceptos básicos", responde Vicente Martín —catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública en la Universidad de León y vocal de la Sociedad Española de Medicina de Atención Primaria (Sermergen)— cuando se le pregunta por la diferencia entre epidemia y pandemia:

  • Brote epidémico. "Se da cuando detectamos más casos de lo esperado con el mismo cuadro de síntomas en un tiempo y lugar específicos y con una causa identificada". Pone como ejemplo típico una intoxicación alimentaria entre los asistentes a una boda.
  • Epidemia. "Cuando detectamos un exceso de casos de forma mantenida en el tiempo". La gripe que vuelve todos los años en algunas latitudes sería una epidemia.
  • Pandemia. "Cuando la enfermedad afecta a dos o más continentes y hay transmisión comunitaria, es decir, se dan casos en personas que no han viajado a ningún sitio y se han contagiado en el lugar donde residen". Se trata por tanto de la opción más grave, peligrosa y su declaración oficial corresponde a la Organización Mundial de la Salud (OMS).

A partir de aquí, cada país pone en marcha sus medidas para prevenir la expansión de la enfermedad —desde cuarentenas y confinamientos de la población al uso de mascarillas o la distancia social— y sus sistemas de información y vigilancia epidemiológica, donde son muy importantes "la rapidez y la homogeneidad de la información, porque es lo que da idea de cómo se está desarrollando la transmisión comunitaria", resalta el experto en salud pública.

Relación con la sociedad y la naturaleza

"Sabemos que la caída de determinados imperios se vio muy influida por fenómenos epidémicos, por pestes, por la viruela... La fiebre tifoidea ha matado a más soldados que las balas", añade Martín. "Las epidemias también han ido, históricamente, muy ligadas a los cambios sociales. Por ejemplo, la tuberculosis se transmite muy fácilmente cuando las poblaciones pasan del campo a las ciudades de forma desordenada y la mano de obra barata se concentra en barracones insanos", apunta.

Algunas investigaciones en parte relacionan la actual pandemia por la COVID-19 con la pérdida de biodiversidad, y por lo tanto concluyen que ese fenómeno podría ser un factor de riesgo para sufrir otras pandemias en el futuro. Así lo ha sugerido la ipbes (Plataforma Intergubernamental Científico-normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas) en el taller 'Biodiversidad y pandemias', que también reflexionó sobre "el uso de la tierra y el cambio climático como impulsores del riesgo de pandemias y la pérdida de biodiversidad".

Un enemigo histórico

La humanidad ha sufrido más de 20 grandes epidemias y pandemias de las que se tiene constancia, según la cronología bosquejada en 'COVID-19'. La historia se repite y seguimos tropezando con la misma piedra', un estudio de varios autores publicado en 2020 por Sermergen. Entre ellas destacan cuatro especialmente virulentas:

Viruela. Se cree que se originó en la India o Egipto hace unos 3.000 años. Llegó a América en el XVI y se estima que acabó con gran parte de sus poblaciones indígenas. En Europa pudo causar la muerte de 60 millones de personas solo en el siglo XVIII, y de unos 300 millones en todo el mundo durante el siglo XX. Que se haya erradicado se considera un gran éxito de la vacunación.

Peste o ‘muerte negra’ (1346-1353). Es difícil conocer el número de fallecidos, se calcula de 80 a 200 millones en África del Norte y Eurasia, y que acabó con entre el 30% y el 60% de la población europea.

Gripe española (1918-1920). No se sabe dónde comenzó la pandemia que costó la vida a entre 40 y 50 millones de personas en todo el mundo. Si se ha terminado popularizando esta denominación es porque España, al ser un país neutral en la I Guerra Mundial, no censuró la publicación de los informes sobre la enfermedad y sus consecuencias, como sí lo hicieron las naciones involucradas en el conflicto.

VIH (desde 1981). El Virus de la Inmunodeficiencia Humana ataca el sistema inmunitario y, si no se trata, puede causar SIDA (Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida). No tiene cura pero la ciencia ha conseguido al menos paliar sus peores efectos y convertirlo en una dolencia crónica para la mayor parte de pacientes. Entre 30,2 millones y 45 millones de personas padecían VIH en todo el mundo en 2020, según los últimos datos de ONUSIDA (programa conjunto de Naciones Unidas sobre VIH/SIDA).

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"La mayoría de los países habían olvidado cómo comportarse ante una epidemia de estas características sin disponer de los recursos adecuados. Es preciso realizar un balance de todo lo sucedido, instruir a la población y generar un nuevo conocimiento que nos permita afrontar nuevas epidemias", escriben los expertos del estudio citado, que establecen una comparación entre lo ocurrido durante la epidemia de peste de Londres (1665-1666), basándose en el relato de Douglas Guthrie en su 'Historia de la Medicina', y lo acaecido con la pandemia por Covid-19.

Aquella peste comenzó en los barrios pobres, y en la actual en algunas ciudades como Boston "los 'sin techo' presentaron una prevalencia de PCR [Reacción en Cadena por Polimerasa] positiva frente al SARS-CoV-2 del 36%". En 1665 se procedió al aislamiento forzoso de las casas infectadas, y con la Covid-19 se ha recurrido a los confinamientos. Si en el siglo XVII las leyes se burlaban con frecuencia —"muchas personas huían de los edificios infectados y propagaban la enfermedad"—, en el siglo XXI se han registrado millones de denuncias por incumplir confinamientos. Y si en 1665 los médicos estuvieron cuidando de los enfermos hasta que las temidas manchas oscuras aparecieron en sus propias pieles, muchos países han registrado una alta tasa de contagios por Covid entre su personal sanitario.

Visión de largo alcance

Para Salvador Macip —médico, investigador de la Universidad de Leicester y autor del libro 'Las grandes epidemias modernas'—, "el problema es que la política piensa a corto plazo, a cuatro años vista, mientras que la ciencia lo hace a largo, a 10 o 20 años vista". Macip conversó con Manel Peiró, director del Institute for Healthcare Management de ESADE, en el ‘webinar’ de mayo de 2020 'La lucha de la humanidad contra los enemigos invisibles', y recordaba cómo "en 2003 apareció un virus desconocido y dio lugar a una enfermedad que al principio parecía una gripe, pero era el SARS”.

Fue un brote en 29 países, muy localizado y concentrado sobre todo en China, por lo que no llegó al grado de pandemia. “Cuando estuvo controlado, la financiación que estaba recibiendo la ciencia para investigarlo se cortó en seco", lamenta el investigador. Solo nueve años después, en 2012, apareció otro coronavirus, MERS-CoV, causante del síndrome respiratorio de Oriente Medio y para el que no había ni vacuna ni tratamiento eficaz.

"Si en 2003 y después en 2012 no se hubieran cerrado los laboratorios, ahora habría mucho trabajo hecho", destacó el experto."Es un toque de atención que explica cómo funciona la ciencia, y por qué necesita una inversión constante y sostenida a lo largo del tiempo. La ciencia puede anticiparse, pero necesita la complicidad de políticos e instituciones para prevenir y evitar situaciones como la actual". "Ahora no se puede pedir una vacuna en 10 meses", advertía en el ‘webinar’.

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Vacunas, por fin

No han sido en 10 meses, pero sí entre 12 y 18, cuando han aparecido las vacunas. "Nunca antes en la historia se pudo contar con vacunas altamente eficaces para prevenir una enfermedad grave con tanta celeridad", resalta, desde su base de trabajo en Argentina, Marcela Uhart, directora del Programa Latinoamericano del One Health Institute de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad de California. Es la caballería que llega para vencer a un enemigo "serio, global y de difícil control" —describe Uhart— debido a su mecanismo de transmisión por aerosoles y a la conectividad del mundo globalizado. "Además el hecho de que se contagie incluso antes de que se manifiesten los síntomas, y que haya infectados asintomáticos mientras cursan la enfermedad", agrega la científica.

"Una diferencia notable con pandemias previas ha sido la velocidad y calidad de la respuesta de la ciencia", insiste Uhart. "No solo se pudo identificar al virus causante de lo que inicialmente fueron grupos o 'clusters' de neumonías atípicas en tiempo récord, sino que las características moleculares y genéticas de ese virus se compartieron rápidamente con el mundo a medida que se iba alertando sobre su dispersión desde el sitio de origen o detección inicial en Wuhan, China", enfatiza.

Generosidad y colaboración

Por su parte, Martín considera que las vacunas han sido "la guinda del pastel" y el premio de una cadena de colaboración: "Primero los chinos tuvieron que genotipar el virus en tiempo récord, compartieron la información, hubo intención política de invertir dinero y una base de estudios y experiencias con ARN Mensajero [enseña a las células a producir una proteína que desencadena una respuesta inmunitaria], fundamentalmente veterinarias, también relacionadas con la investigación sobre el ébola". "Se ha puesto de relieve la importancia de la investigación, con mayúsculas. Investigar es generosidad y colaboración. Y, lo más novedoso de todo, ha funcionado la transferencia de conocimiento", concluye.

Uhart destaca el número de publicaciones científicas sobre el nuevo virus, estimadas en “al menos 87.500 publicaciones sólo entre enero y octubre de 2020", y "la colaboración internacional y global, a escalas sin precedentes, aún en medio de la crisis". "Yo creo que la pandemia ha provocado un cambio de actitud respecto a la ciencia por parte de la sociedad y de los políticos, que al final son los que transfieren ese sentimiento social a los presupuestos".

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