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¿Qué es y cómo ayuda la economía ecológica? El respeto a los límites de la naturaleza

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Su concepto es fácil de entender: el ser humano no produce, comercializa y consume en una burbuja aislada, sino dentro de un sistema mayor llamado biosfera. Por lo tanto los recursos, la energía, los residuos, los ecosistemas o la biodiversidad tienen impacto y valor económico dentro de la fórmula.

Una de las primeras definiciones modernas de ‘economía ecológica’ la dio Robert Costanza, cofundador y expresidente de la Sociedad Internacional de Economía Ecológica (ISEE), en 1989: "Es el estudio de las relaciones entre los ecosistemas y el subsistema económico en su acepción más amplia". De esta forma subrayaba el carácter transdisciplinar de su enfoque. "Considera elementos como la energía, los materiales o el territorio, y así obliga al economista a abrirse a los impactos ambientales generados por la producción de bienes y servicios, y a prestar atención a otros campos científicos", apunta Óscar Carpintero, doctor en Economía y profesor en la Universidad de Valladolid, en España.

"Proporciona una visión sistémica de las relaciones entre la economía y la biosfera y, de manera particular, señala la tensión que existe entre la escala desmesurada que ha alcanzado la actividad económica y la conservación de la naturaleza", reza el prólogo de 'Economía Ecológica: reflexiones y perspectivas', libro que Carpintero coordinó junto con Santiago Álvarez Cantalapiedra. En el capítulo 'La economía ecológica como enfoque abierto y transdisciplinar', Carpintero habla de ese divorcio entre economía y medio ambiente provocado por la manera de enfocar estas relaciones por parte de la economía tradicional.

Valor económico de la naturaleza

"Simplificando un poco, el enfoque convencional que domina la enseñanza académica y las políticas públicas contempla el proceso económico de producción de bienes y servicios como un sistema aislado del entorno social y medioambiental", reflexiona el experto. "Solo en la medida en que el conjunto de los recursos naturales y los ecosistemas hayan sido valorados monetariamente, se convierten en subsistemas dentro de un sistema más amplio que sería el económico".

La visión tradicional implica un medioambiente externo que deja fuera muchas cosas, "entre ellas, los recursos naturales o funciones ambientales que carecen de un precio de mercado, los residuos y la contaminación generados en los procesos productivos". De ahí provienen las famosas "externalidades", los efectos secundarios de la actividad frente al modelo de desarrollo sostenible.

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"Razonando así no tenemos presente lo que pasa en realidad. No contamos con los efectos de la primera ley de la termodinámica [que la energía y la materia no se crean ni se destruyen, solo se transforman] ni de la segunda [ley de la entropía], según la cual en ese proceso la energía y la materia se degradan irreversiblemente y disminuye la capacidad de aprovechamiento por los humanos", apunta Carpintero. "Y si no lo tenemos en cuenta, no tendremos criterios para decidir si determinadas producciones deben evitarse, reducirse o prohibirse porque los males que acarrean superan los beneficios de los bienes producidos y comprometen nuestra supervivencia".

Por su parte, la economía ecológica plantea que "la relación de inclusión es precisamente la contraria: es el sistema económico el que constituye un subsistema dentro de un sistema más amplio de la biosfera, y por lo tanto las relaciones economía-naturaleza se dan entre dos sistemas abiertos pero donde hay jerarquía", describe el experto.

Como un organismo vivo

Un concepto clave para entender esta vuelta a la tortilla es el metabolismo social. "Al igual que cualquier organismo ingiere energía y alimentos para mantenerse vivo y permitir su crecimiento y reproducción, el sistema económico capta energía y materiales del entorno para producir bienes y servicios y genera residuos que van a parar finalmente a la naturaleza. Esto supone ir más allá del enfoque convencional, pues incorpora los recursos naturales antes de ser valorados, así como los residuos una vez han perdido su valor", señala.

El economista Joan Martínez Alier ha ayudado a rescatar a autores que ya anticiparon la economía ecológica como Podolinski, Geddes o Soddy, quienes entre finales del siglo XIX y principios del XX reflexionaron sobre las relaciones energía-economía. "Si dejamos al margen estos interesantísimos precedentes, la moderna economía ecológica surge a partir de la década de los setenta en el siglo XX, de la confluencia progresiva entre dos grupos de científicos insatisfechos y disidentes", tercia Carpintero.

¿Qué economistas? Por un lado, algunos como Nicholas Georgescu-Roegen, Kenneth Boulding, Herman Daly o Karl W. Kapp, que criticaron abiertamente la economía convencional por representar los procesos económicos de producción al margen de las leyes de la termodinámica y la ecología. Por otro, científicos naturales como Howard Odum, Robert Costanza, John Proops o Robert Ayres, procedentes de la ecología, la biología y la física, en desacuerdo con la forma en que sus disciplinas dejaban de lado el comportamiento socioeconómico de la especie humana en la explicación de los fenómenos reales.

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Este encuentro transdisciplinar se produjo en un momento en el que “la conciencia ambiental sobre los límites ecológicos a la expansión del sistema económico y sus consecuencias en términos de deterioro ecológico afloraban con fuerza", señala Carpintero. Sus aportaciones fueron previas a la aparición de textos como 'Los límites al crecimiento', 'Manifiesto ecologista para la supervivencia' o la celebración de la Cumbre de la Tierra de Estocolmo", todo ello en 1972.

El futuro de teoría y práctica

El profesor está convencido de que la economía del futuro será ecológica o no será. Al menos desde el enfoque práctico. "Desde el punto de vista de la teoría económica, soy algo más escéptico", ya que sus postulados "cuestionan verdades asentadas de la economía convencional que será difícil derribar".

Opina, no obstante, que los debates sobre las necesarias transiciones ecológicas y energéticas hacia economías bajas en carbono han puesto sobre la mesa estrategias y políticas públicas que la economía ecológica lleva décadas planteando. Y ve posible que la emergencia climática "haga todavía más visible la inoperancia de muchos de los análisis y herramientas de la economía convencional y facilite la consolidación y aceptación generalizada de las tesis de la economía ecológica".

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