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Energía> Consumo energético Act. 29 nov 2021

¿Qué son y qué ventajas ofrecen las calderas de condensación?

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No dejar escapar el calor ahorra y es más sostenible. En las calderas tradicionales, la energía generada durante la fase de condensación se acaba perdiendo. Las ventajas de la tecnología de condensación son que reduce el consumo de energía en torno a un 25 % y adapta su potencia a la demanda de la vivienda.

Largas avenidas, taxis amarillos y enormes nubes que salen de los edificios y envuelven a los ciudadanos. En la imagen que el mundo tiene de Nueva York, las alcantarillas y los bajos de los edificios sueltan una misteriosa niebla que ha dado lugar a todo tipo de teorías. Aunque lo cierto es que no se trata de humo, sino de vapor, y su origen está en un gran sistema de tuberías subterráneas que se utilizan, principalmente, para aclimatar y dotar de agua caliente a los edificios.

Desde que comenzó a instalarse este sistema de vapor hasta hoy, los sistemas de calefacción y refrigeración han evolucionado enormemente. Son más eficientes, más sostenibles y, sobre todo, buscan aprovechar al máximo la energía que utilizan. Uno de los sistemas más eficaces a la hora de evitar que se escape la energía –tal y como sucede en estos antiguos sistemas de Nueva York– es el de las calderas de condensación.

El calor que ya no se escapa

Dotar a los edificios de sistemas de climatización eficientes es fundamental para mejorar su eficiencia energética y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera. Sin embargo, un gran porcentaje de viviendas y edificios cuenta con sistemas obsoletos que no consiguen hacer un uso optimizado de la energía.

“En la Unión Europea, casi el 50 % del consumo de energía final se destina a calefacción y refrigeración, de la cual el 45 % se consume en el sector de la vivienda. Pero una gran parte de ella es malgastada, porque más del 52 % del parque de las calderas instalado, que supera los 128 millones de aparatos en la Unión Europea, es viejo e ineficiente”, explican en el informe Sistemas eficientes y renovables en edificación, de la Asociación de Fabricantes de Generadores y Emisores de Calor (FEGECA), publicado en diciembre de 2020.

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En España, se estima que el parque de calderas instalado alcanza los nueve millones de equipos, de los cuales más de seis millones se han quedado atrás. Sin embargo, existen soluciones: el desarrollo tecnológico de los últimos años ha permitido diseñar sistemas altamente eficientes y mucho más sostenibles.

Un ejemplo es la tecnología de condensación, que permite aprovechar el conocido como calor latente: la energía que se genera en la fase de transformación del estado gaseoso al estado líquido del agua, es decir, durante la condensación. Una energía que, en las calderas tradicionales, se terminaba escapando.

“Las calderas de condensación tienen la capacidad de condensar una parte importante de los vapores de agua contenidos en los gases de la combustión”, explica Félix Moreno, director técnico de Wolf, una empresa especializada y destacada por la fabricación de sistemas de calefacción y climatización. “En las calderas que no son de condensación, este calor latente se escapaba en forma de humo. Se calcula que casi un 35 % del poder calorífico se iba por las salidas de gases”.

Ventajas de las calderas de condensación

La principal ventaja de instalar calderas de condensación frente a otras más antiguas es su eficiencia energética, ya que su tecnología evita que el calor (es decir, la energía) se escape en forma de vapor de agua.

“Con estas calderas se reduce la temperatura de los humos hasta el mínimo necesario para que puedan elevarse e irse por la salida de gases”, explica Moreno. “En calderas que no son de condensación, los humos se evacúan a una temperatura que puede alcanzar los 150 o los 180 grados Celsius, perdiéndose así una energía muy valiosa. En las de condensación, este humo sale a unos 40 grados”.

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Se calcula que, en comparación con las que trabajan sin tecnología de condensación, estas calderas reducen el consumo de energía en torno al 25 % y el 30 %. Esto implica un ahorro económico y una amortización media de la inversión inicial -con respecto a una caldera convencional- de 1 o 2 años dependiendo del uso y para una vida útil media normal de 10 años.

Entra en juego, también, la sostenibilidad: su uso reduce hasta en un 70 % las emisiones de dióxido de carbono (CO2) y de óxidos de nitrógeno (NOx). El ratio medio de amortización respecto a una caldera convencional es de 1 o 2 años, dependiendo del uso para una vida útil media normal de 10 años.
Otra de las grandes ventajas de estas calderas es que su funcionamiento es modulante. La caldera funciona en función de la demanda de la vivienda, es decir, si la casa demanda energía por valor de un 50%, la caldera funciona al 50%. Las antiguas calderas si necesitabas el 50% daban el 100% de la energía, lo que suponía un mayor consumo innecesario.

“Esto significa que no tienen que parar, sino que adaptan la potencia a la demanda de la vivienda –señala Moreno–. Siempre damos el mismo consejo: con este tipo de calderas es mejor mantener una temperatura constante a lo largo del día, en lugar de encenderla y apagarla. Se obtiene mayor confort, porque la vivienda no tiene grandes cambios de temperatura, y además es más eficiente”. Al funcionar sin paradas, estas calderas resultan además más silenciosas. En periodos de ausencia prolongados, como las vacaciones, es conveniente dejar apagada la caldera por el consiguiente ahorro en consumo. Si es posible, es importante incorporar equipos de control domóticos gestionados a través del móvil que permiten el encendido de los equipos desde cualquier lugar, consiguiendo ahorros adicionales de hasta un 7%.

Su uso en España: un paso hacia la sostenibilidad

Actualmente, y con el objetivo de reducir el consumo de energía y las emisiones de gases de efecto invernadero, todas las calderas a la venta en España deben contar con generadores de alta eficiencia. Así, en el caso de instalar calderas de gas, estas deben de ser de condensación. “Las anteriores, como las de tipo atmosférico, ya no se instalan ni están a la venta”, explica el experto de Wolf.

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De acuerdo con el informe Sector de la Calefacción 2020 de FEGECA, las calderas con tecnología de condensación se han consolidado como una pieza clave para la consecución de los objetivos climáticos de la UE, gracias a la reducción del consumo energético y de las emisiones de CO2.

Tal y como señala Félix Moreno, el precio aproximado de la reposición de una caldera de condensación (de tipo económico) está en torno a los 1.500 y los 1.800 euros. Sin embargo, para los próximos años y tal y como se ha estipulado en el Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios (RITE) de 2021, se espera que el uso de estas calderas de condensación dé paso a otros sistemas que permitan aprovechar energías renovables. Es el caso, por ejemplo, de los de aerotermia. Cada vez son más los nuevos hogares que incorporan estos sistemas por el menor impacto medioambiental durante el calentamiento de las viviendas.

“Entre una caldera de condensación con tecnología actual y un sistema de aerotermia no hay mucha diferencia en cuanto al rendimiento. La principal diferencia está en el uso de combustibles fósiles, que es algo que estamos intentando evitar”, explica Moreno.

El uso de este tipo de calderas y de los sistemas de aerotermia son un paso más para alcanzar, algún día, viviendas de consumo de energía casi nulo y más respetuosas con el medioambiente.

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