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Social> Innovación y Tecnología Act. 03 sep 2021

Un mayordomo virtual en la casa inteligente y domótica

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Los asistentes digitales han revolucionado la domótica. Ya no despliega grandes y costosas instalaciones, sino dispositivos inteligentes conectados entre sí y gestionados por esos mayordomos. Más diversa, más versátil, más asequible.

Cuando el arquitecto Daniel Ruiz Valderrama entra en su casa inteligente se iluminan el salón y la cocina, se conectan los humidificadores con una mezcla de aceites esenciales y una ‘playlist’ de canciones le da la bienvenida.

¿Por qué su vivienda de 60 metros cuadrados es inteligente? Porque integra 15 dispositivos tecnológicos conectados a cuatro asistentes virtuales Alexa. El arquitecto lo instaló todo él mismo y por un precio que considera asequible, unos 1.000 euros, como prueba de que las tarifas de la domótica se han reducido a medida que se popularizaban sus aplicaciones. "La tecnología está, aunque infrautilizamos sus posibilidades", subraya.

Interruptor ‘on’

La domótica, o el conjunto de tecnologías y dispositivos que automatizan una vivienda, comenzó a finales de los años cincuenta con un interruptor. El físico y empresario estadounidense Joel Spira consiguió graduar la intensidad de la luz con ese simple mecanismo. Pero más importante que el invento en sí fue su visión de las aplicaciones: en los hogares, masivamente.

BBVA

En la década siguiente nació en Escocia X10, el primer control remoto de la historia. A finales de los noventa y los primeros años 2000, algunas promociones mostraban, como valor añadido, la casa piloto domótica, que controlaba en remoto la luz, la temperatura o la música y permitía programar diferentes ambientes (modos noche, fiesta, trabajo...). Aún exigía una instalación compleja y una inversión alta.

El desembarco asistente

Hasta que llegaron Siri (Apple, 2011), Alexa (Amazon, 2014) y Google Home (2016). Entonces el concepto de domótica tal y como se entendía quedó desfasado. "Ahora hablamos de casa inteligente o conectada", apunta Cristina Mateo, vicedecana de la Escuela de Arquitectura de IE University.

Inteligencia artificial, 'machine learning' e Internet de las Cosas (IoT) están logrando lo que hace diez años parecía ciencia ficción: robots salen de sus bases para barrer y fregar cuando la vivienda se queda sola; el frigorífico detecta cuándo se acaba la leche y la agrega a una lista de la compra en el teléfono móvil; la lavadora avisa cuando termina su programa.

En su séptimo informe sobre el mercado de hogares conectados en Europa y América del Norte, 'Smart Homes and Home Automation', Berg Insight define hogar inteligente como aquel que tiene "una aplicación de ‘smartphone’ o un portal web como interfaz de usuario". Según este estudio, los sistemas domésticos inteligentes se pueden agrupar en siete categorías principales: control de acceso y seguridad; gestión energética y control del clima; audiovisuales y entretenimiento; control de iluminación y ventanas; asistencia sanitaria y vida asistida; electrodomésticos; y robótica de servicio.

Compañero 'cobot'

En esta última categoría, Mateo augura a los 'cobots' (robots colaborativos, diseñados para interactuar físicamente con humanos) un largo recorrido en la atención a mayores que viven solos o a personas con movilidad reducida. Además, una casa inteligente tiene mucho que decir en eficiencia energética, reducción de consumo de agua y cálculo de su propio impacto ambiental con sensores que miden las emisiones de CO2.

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A finales de 2019, Google, Amazon, Apple y Zigbee Alliance (organización con cientos de compañías que crean estándares abiertos y globales para IoT) anunciaron que trabajarían juntos en el proyecto Connected Home over IP por un estándar común que integre todos los dispositivos de una casa inteligente, simplifique el desarrollo a los fabricantes y facilite la vida a los consumidores gracias a la compatibilidad entre aparatos y marcas.

Democrática, convergente (e infrautilizada)

Son nuevos pasos hacia la democratización del acceso a la domótica. "La tecnología ya lo está, lo que hay que democratizar es su uso", apunta Ruiz Valderrama. "¿Cuánta gente sabe que Siri es capaz de abrir y cerrar ventanas? Nos compramos Alexa para pedirle la hora y que nos ponga música, cuando sus posibilidades son mucho mayores", insiste el arquitecto. Cree que el próximo paso será el asistente virtual incorporado a un accesorio personal, como unas gafas o unos pendientes.

Según Berg Insight, 144 millones de casas europeas y norteamericanas serán 'smart' en 2023. Para 2025 habrá casi 13.500 millones de dispositivos domésticos inteligentes operativos, con los 'gadgets' de entretenimiento a la cabeza según un estudio Juniper Research. Los asistentes de voz serán cada vez más comunes a la hora de interaccionar con la tecnología. Más que paquetes integrales de domótica, los usuarios tenderán a comprar distintos aparatos individuales y los irán conectando entre sí, apunta ese mismo informe.

"Tendemos hacia la convergencia entre dispositivos y plataformas", reconoce Mateo. También alerta de los riesgos: "Al final, estamos en manos de muy pocos que lo saben todo de nosotros", advierte sobre los gigantes tecnológicos que dominan el mercado. La experta concibe un futuro de casas inteligentes que ya no son solo refugios privados, sino lugares de trabajo, ocio o gimnasios para hacer deporte. "Estaremos conectados con nuestro hogar, pero también, físicamente, con otras personas, con nuestros vecinos o con el comercio de proximidad".

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