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Música 11 jul 2018

Del vinilo a las recomendaciones y el ‘trap’

Desde instrumentos más virtuales que analógicos, hasta géneros musicales totalmente nuevos, pasando por algoritmos que sugieren lo que está de moda, la música ha sabido utilizar los avances tecnológicos para mejorar exponencialmente en el último siglo.

A principios del siglo XX la música comienza a expandirse entre todas las clases de la sociedad gracias a inventos como la radiodifusión y los discos gramófonos. A finales de los setenta, el radiocasette revolucionó la forma de grabar y conservar sonidos. Según la RIAA (Recording Industry Association of America), en 1983 sólo un 0,5% de la población utilizaba CDs, pero casi la mitad escuchaba música en LPs.

Desde este momento, la evolución de la música, y su manera de escucharla, ha ido mano a mano con la tecnología. El MP3, 4 o 5, la realidad virtual para algunos videoclips, festivales ‘techies’ o la capacidad de una red social como YouTube para almacenar miles de horas de contenido son sólo algunas de las mejoras que han ocurrido en los últimos años del panorama musical.

Viejas glorias, nuevos formatos

Los historiadores coinciden en que los Juegos Píticos, de la Antigua Grecia, son el primer festival que, además de deporte, incluía música y danza en sus espectáculos. Aunque la forma de este tipo de eventos no ha cambiado (un conjunto de personas reunido en una zona amplia donde varios grupos ofrecen su arte), sí se han modernizado a media que ha avanzado la tecnología.

Por ejemplo, festivales famosos como Coachella o Tomorrowland incorporaron el año pasado las etiquetas RFID, identificación por radiofrecuencia (el sistema detecta el código del producto y luego cobra según lo captado) y el ‘cashless’ mediante pulseras inteligentes, para evitar que los clientes tengan que llevar la cartera encima. En Brahma Smile Festival se ofrecieron unos ‘Copoke’: vasos que mostraban las letras de las canciones a los consumidores de cerveza de la marca ‘Brahma’. Y en el festival Sónar se envió música a 50 años luz de la Tierra, en una iniciativa conocida como Sónar Calling GJ273b.

Brahma ‘Copoke’

No sólo estos conciertos de masas son la forma de ofrecer música a un público, las salas acústicas, intimistas y de aforo limitado también tienen en cuenta la tecnología, aunque su enfoque puede ser totalmente diferente. Algunos grupos como Sidecars o el solista Iván Ferreiro ya han anunciado que en los pases que van a ofrecer en las salas madrileñas Galileo Galilei y Clamores habrá inhibidores de cobertura, para poder disfrutar de la experiencia sin estar pendiente del móvil.

De colecciones de discos a recomendaciones ‘online’

El uso del ‘smartphone’ y otros dispositivos para escuchar música ha crecido, en gran medida, gracias a la posibilidad que ofrecen de descubrir nuevas canciones. Desde 2010, son los propios programas informáticos los que seleccionan qué música se debe escuchar. La clave de esto reside en los algoritmos de recomendación, una especie de fórmulas matemáticas ‘secretas’ (cada empresa la guarda las suyas de forma confidencial) que ayudan a las compañías a tomar decisiones. Y si las redes sociales las utilizan para decidir qué contenido priorizar, las plataformas virtuales de audio no iban a quedarse atrás.

Spotify, creada en 2008, no sólo lanzó un modelo de negocio diferente a lo que se ofrecía hasta el momento, sino que ofrece varios tipos de recomendaciones diferentes gracias a su trabajo con datos e inteligencia artificial. Empezó con la creación de radios y con los “artistas similares”, pero en 2015 incorporó ‘Descubrimiento Semanal’, una lista de canciones cuyo algoritmo es tan complejo como acertado. Que aparezca una u otra canción depende en gran medida del contenido que se escuche y se guarde en la biblioteca de la aplicación.

Por su lado, YouTube, aunque en origen no era una plataforma musical, cuenta en su top 10 de vídeos más vistos con 9 videos musicales. En cabeza, el éxito de Luis Fonsi, Despacito (2017). El algoritmo es igual de complejo que el de Spotify, aunque evolucionó en 2012 priorizando las interacciones frente a los clics, es decir, los ‘me gusta’, los comentarios y el tiempo de reproducción del usuario en cada vídeo.

La tecnología y su forma de hacer música

Los avances en producción audiovisual y ajustes de sonido también han afectado a la industria de fabricación de instrumentos. Yamaha ha lanzado al mercado un piano que puede mover las teclas de manera autónoma, leer partituras en PDF y conectarse vía wifi, creando así una especie de profesor virtual.  Y la web Misadigital.com vende una guitarra cuyas cuerdas virtuales que permiten agregar efectos sonoros como por ejemplo eco o un rasgado más suave.

Una profesión que se ha beneficiado de estos nuevos aparatos es la de ‘Disc-Jockey’, figura que surgió en los años 20, y que actualmente se divide en dos tipos de profesionales del género: los que siguen usando discos de vinilo o compactos y aquellos que utilizan archivos digitales. Estos últimos manipulan la música desde un ordenador a través de distintos tipos de ‘hardware’, como Serato Scratch Live. En la actualidad, algunos de estos pinchadiscos virtuales utilizan lenguaje de programación para componer melodías únicas y diferentes, llamado comúnmente Live Coding.

Videoclip de ‘Malamente’, de Rosalía

Estos avances en música electrónica, junto con los sintetizadores y el ‘autotune’ (programa de mejora de la calidad vocal) se han adueñado de la música urbana que ha hecho florecer dos géneros musicales que suenan en todas partes: el electro- latino y el ‘trap’. El primero es una fusión entre electrónica y reguetón, mientras que el segundo ha surgido de la mezcla entre electrónica y hip-hop. Dos géneros que muestran abiertamente que música, tecnología y actualidad pueden tener una relación estable por mucho tiempo.

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