“Nunca dejes que nadie te diga que no puedes hacer algo. Ni siquiera yo”. Esta es la frase tomada de una famosa película que dio combustible a Félix González para recorrer 26.000 km en busca de la felicidad de su hijo Augusto. En Paraguay, como en varios países, el día del padre se celebra el tercer domingo del mes y en BBVA quisimos homenajear a un papá con una inspiradora experiencia que contar: la de Félix, tesorero de BBVA en la ciudad de Pedro Juan Caballero.

Todo empezó a comienzos del año pasado cuando Augusto, el hijo mayor de Félix, quedó seleccionado para ser parte del plantel del Laboratorio de Robótica de BBVA Paraguay. La emoción no se hizo esperar y la promesa de lograr grandes cosas se encendió en los ojos de Augusto.

Sin embargo, como suele ocurrir cuando perseguimos un sueño, aparecen las barreras y los obstáculos que ponen a prueba las ganas. En el caso de Augusto, esa barrera eran casi 900 kilómetros que debía recorrer cada sábado para llegar a clase.

La primera reacción de Félix y su esposa fue decirle a Augusto que era complicado y que ya habría otras oportunidades. No obstante, al ver la desazón de su hijo ante la respuesta, entendieron lo importante que era para él y decidieron hacer el sacrificio.

Así fue como Félix junto con toda su familia emprendió 26 viajes de 900 kilómetros cada uno, todos los sábado, durante el periodo de clases del Laboratorio. Cada inicio de fin de semana se preparaba toda la familia y conducían hasta la ciudad de Asunción a casi 450 kilómetros de distancia. A pesar de las horas tras el volante, Félix recordó que el cansancio no era lo más difícil: “Lo más complicado fue el factor del clima […] recuerdo que debido a las intensas lluvias, un río se desbordó y se llevó un puente entonces eso se escapaba de nuestras posibilidades…” .

Así fue como cada sábado contra viento, lluvias y cansancio, hacían los 900 kilómetros para que Augusto pudiera participar del Laboratorio y conocer un mundo nuevo. Para su papá, el Laboratorio fue solo el inicio: “Vamos a hacer un laboratorio acá en la ciudad para competir a nivel nacional y por qué no a nivel mundial”.

Todo el entorno de Félix coincidió en que era una “locura”, pero para él, la locura es necesaria para hacer grandes cosas, creencia que sostiene recordando las palabras de Steve Jobs.

Pienso que si en esta vida podemos dejar nuestros legados ya sea a nivel mundial o aunque sea en el pueblito donde nacimos o en nuestras familias, entonces pudimos vivir una vida completa”.

El viaje de Félix

La ilusión de Augusto fue lo que motivó y empujó a este papá a recorrer “la milla extra” para que no solo aprenda sobre robótica, sino para que aprenda sobre la vida misma: “Mi esposa y yo tratamos de que nuestros tres hijos sean hombres que puedan servir a la humanidad, ya sea en las tareas que ellos decidan realizar como profesión o con sus futuras familias. Porque pienso que si en esta vida podemos dejar nuestros legados ya sea a nivel mundial o aunque sea en el pueblito donde nacimos o en nuestras familias, entonces pudimos vivir una vida completa”.

Augusto terminó las clases del Laboratorio sin faltar ni una sola vez desde su primer día. Pero lejos de que se acabe el entusiasmo, las ganas de seguir aprendiendo se encendieron más que nunca. Félix afirma que seguirá motivando a su hijo a perseguir sus sueños y acompañándolo en todo lo que quiera emprender, porque en sus propias palabras: “eso es lo más valioso que puede hacer un padre por sus hijos”.

En este día del padre, Félix dejó un ejemplo y un mensaje: “Siempre estén presentes y dando ese apoyo incondicional a sus hijos en todos los sueños que tengan, aunque parezcan una locura, pues no hay límites, ¡nosotros somos los que colocamos las barreras!

Comunicación corporativa