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Historia 16 jun 2017

Breve historia de BBVA (XXI): Bilbao y Vizcaya, aún más importantes

Las sucesivas reformas legales que se hicieron a finales de los años 50 y principios de los 60 posibilitaron la aparición de cuantiosos frutos en la economía y en el sector bancario. Dentro de este último, los principales bancos, y en especial los vizcaínos, salieron reforzados ante un panorama liberalizador que permitió su crecimiento y expansión tras dos complejas décadas del primer franquismo.

Banco de Bilbao y Banco de Vizcaya

Bajo la presidencia de Gervasio Collar y Luis –nombrado máximo mandatario del Banco de Bilbao tras la muerte de Julio de Arteche en 1960–, y tras un periodo de recesión y recuperación desde 1959 a 1963, la entidad bilbaína vivió una década de luz desde 1963 hasta 1974. La recuperación económica española permitió que el Banco de Bilbao pasara por un notable crecimiento de las partidas de créditos y descuentos. El banco pudo incrementar incluso su actividad en los años de recesión notablemente.

El destacado comportamiento del descuento destaca sobre el del activo y la cartera de valores, con dos tercios de fondos públicos, permanece estable. Son años en los que se redobla la atención a los clientes ya existentes y se trata de conservar  un alto nivel de liquidez en previsión de posibles crecimientos futuros. El banco amplía también su capital y se dota de importantes reservas con cargo a sus beneficios. En la fase preliminar de la planificación, todas estas acciones señalan que tiene puesta la vista a una cercana etapa de crecimiento más que en una atención de maximizar a corto plazo la rentabilidad de su negocio. Pese a conducirse de una manera un tanto conservadora, la cotización media del Banco de Bilbao se multiplicaría por 1,4, debido en gran medida al sensible incremento de los recursos ajenos en forma de depósitos.

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Gervasio Collar y Luis, por Enrique Segur

La entidad bilbaína aprovecha asimismo la oportunidad de expandirse por medio del aumento del número de sus sucursales, y así pasa de tener 197 en 1959 a contar con 209 sólo cuatro años más tarde, en 1963. Tras la LOCB del 62 crea su propio banco industrial como hicieron el resto de sus competidores, el Banco Industrial de Bilbao, un empeño al que se ve empujado por el cambio de normativa pero que daría pistas sobre cómo la entidad bilbaína creía en seguir apostando por la inversión industrial. La expansión de su cartera de valores cuenta con un relevante crecimiento de las partidas de fondos públicos (8,1%) y de otros valores (4,2%) en la década que va desde 1964 a 1974, un indicador de su vocación de permanecer como banca mixta. El Banco de Bilbao mantiene una estrategia de participación sostenida en el nuevo proceso de crecimiento industrial, con un notable aumento de su cartera de valores industriales y apuntalado por un crecimiento en el descuento y del crédito a corto plazo renovado a sus clientes.

Al terminar la década de los 60 y aprovechando los planes de expansión bancaria fiscalizados por el Banco de España, los grandes bancos se lanzan a superar las participaciones que disponían en otras entidades y pasan en algunos casos a adquirir bancos de tamaño mediano por medio de absorciones. El pistoletazo de salida de este nuevo proceder se daría en 1968 y el grueso de las operaciones tendrían lugar durante los siguientes cinco años. En el caso del Banco de Bilbao, la apuesta de Gervasio Collar consistió en hacerse con algunas de las entidades en las que el banco contaba con participación previa (en algún caso desde 1930). Así fueron absorbidos por el Banco de Bilbao, el Banco Asturiano de Industria y Comercio (Oviedo), el Banco Castellano (Valladolid), el Banco de La Coruña y el Banco de Irún.

Los datos de crecimiento del Banco de Bilbao en el periodo 1959-1974 fueron muy destacados hasta el punto de conseguir una tasa de crecimiento anual acumulativa del 11,76% en términos reales.

El Banco de Vizcaya también pudo contar como exitosa la última década y media del franquismo. Bajo la presidencia de Pedro de Careaga y Basabe, la entidad vizcaína reforzó su conocido carácter de banco que apostaba por la inversión industrial y durante este tiempo participó en la creación de entidades de la importancia de Intermedios y Colorantes, S.A. (Incosa), Petróleos del Norte, S.A. (Petronor) o Altos Hornos del Mediterráneo, así como el nacimiento de su propia entidad industrial: el Banco de Financiación Industrial (Induban).

Asimismo, en 1969 se sumó al momento de absorciones bancarias al hacerse con la Banca Villela, que tenía una amplia red de sucursales en Cataluña. Además cabe destacar la apuesta del Vizcaya por crear nuevas compañías financieras entre las que destacan la sociedad de inversión mobiliaria Finsa (1965), la sociedad de gestión de patrimonios Gesbancaya (1970) y la compañía de leasing Liscaya (1972). Igualmente, la aparición de nuevas formas de pago como las tarjetas de crédito y los cajeros automáticos hizo que los rectores de la entidad se decidieran a participar de una compañía internacional como Eurocard. En 1972, el Banco de Vizcaya también pasó a formar parte de la propiedad de la compañía de seguros Plus Ultra, empresa que había sido fundada en 1887.

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El Banco de Vizcaya entró en el accionariado de Eurocard en 1970

Pero el destacado crecimiento del Banco de Vizcaya no sólo tuvo lugar de puertas para fuera sino que modernizó también la entidad internamente  mediante la unificación y mecanización de la red informática y administrativa en 1967, proyecto que ayudó a reducir de manera considerable las tareas administrativas en las oficinas del banco.

Pese a ser un banco más joven y de menor tamaño que el Banco de Bilbao, el Banco de Vizcaya mostró una tasa anual acumulativa de un 9,67% en el periodo que va desde 1959 a 1974 en términos reales.

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