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Historia 07 jul 2017

Breve historia de BBVA (XXIV): Bilbao y Vizcaya se fusionan

Pasada la fuerte crisis del primer lustro de los años 80, el panorama bancario mostró una industria en la que las concentraciones bancarias habían crecido. Los bancos más sólidos y solventes absorbieron entidades que habían sido intervenidas y se hicieron con otras que no habían sido capaces de pasar el complicado periodo depresivo. Los grupos bancarios más importantes se hicieron más fuertes pero aún se habrían de vivir operaciones más ambiciosas y decisivas para afrontar los retos que esperaban ante la nueva situación europea.

España había entrado en la Comunidad Económica Europea en 1986 y José Ángel Sánchez Asiaín continuaba insistiendo en la necesidad cada vez más imperiosa de dimensionar la industria bancaria adecuadamente. El entonces presidente del Banco de Bilbao veía con preocupación las dificultades para competir con otros bancos continentales en el nuevo escenario que se presentaba. Así, de manera silente comenzó a explorar posibilidades de crecimiento para el banco con sus colaboradores más próximos.

El intento de Banesto

Hacía años que era de dominio público que Sánchez Asiaín era un adalid de las concentraciones bancarias, pero llegado 1987 su postura no era ni mucho menos única. Las autoridades políticas y económicas españolas se habían alineado con sus tesis y esperaban que las entidades bancarias comenzaran a posicionarse en ese sentido. La firme creencia de que el Banco de Bilbao debía crecer tuvo su primera traslación a la acción en el otoño de 1987. El Bilbao era el cuarto banco español en tamaño y puso sus ojos en Banesto, el segundo en el ranking. El objetivo no era otro que formar un grupo financiero de un tamaño suficiente para poder competir con sus iguales en Europa.

El Banco de Bilbao anunciaba el 19 de noviembre de 1987 que había iniciado unos contactos con Banesto para “la realización de un proyecto de integración de ambas entidades, a fin de constituir un único grupo bancario y financiero competitivo tanto a nivel nacional como internacional” y Banesto admitió que José María López de Letona, su vicepresidente y consejero delegado, y los nuevos consejeros Mario Conde y Juan Abelló se reunieran con el primer ejecutivo de la entidad bilbaína. El planteamiento era el de una fusión amistosa y contaba con la aquiescencia del gobierno español y el conocimiento del Banco de España, pero aun así el Consejo de Administración de Banesto desestimó la oferta.

Unas fechas más tarde, el 30 de noviembre, el Banco de Bilbao presentaba una opa sobre Banesto tras haber sido aprobada la decisión por el Consejo cuatro días antes. Se trataba de una opa hostil, ya que no había sido posible llegar a acuerdo alguno entre las dos compañías. La oferta del Banco de Bilbao a los accionistas de Banesto consistía en ofrecer seis acciones nuevas más una antigua del Bilbao por cada diez acciones de Banesto, así como 15.000 pesetas en metálico, lo que suponía una prima del 40%. Mientras tanto y de manera coincidente, Pablo Garnica –presidente hasta ese momento de Banesto– proponía nombrar a Mario Conde como su sucesor, asunto que contó con la aprobación del Consejo del banco madrileño.

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Portada de’El Correo’ el día después de la OPA de Banesto.

La operación, con Mario Conde ya al mando de Banesto, no llegó a buen puerto, y no sólo por la oposición del nuevo presidente y su Consejo de Administración. La Junta Sindical de la Bolsa de Madrid tuvo un peso decisivo al decidir no admitir a trámite la opa porque –siempre según la opinión de la Junta– no se podían contratar futuros activos todavía inexistentes como razón principal. Además, la ausencia en manos del Banco de Bilbao de un importante paquete de acciones de Banesto tampoco ayudó a que la operación fuera llevada a trámite.

Buscando un acuerdo amistoso

Tras la experiencia fallida de Banesto, Sánchez Asiaín buscó rápidamente crecer a través de un acuerdo amistoso con algún otro banco de tamaño similar e intereses parecidos. Así, el Banco de Vizcaya surgió como opción más lógica y desde el Banco de Bilbao se pusieron en contacto con Pedro Toledo, presidente del Vizcaya, con la intención de llegar a una entente cordial.

El 21 de enero de 1988, y tras 19 días de conversaciones entre las cúpulas de ambas compañías vizcaínas, el Banco de Bilbao y el Banco de Vizcaya emitían un primer comunicado conjunto que decía que “los consejos de administración de los bancos de Bilbao y de Vizcaya celebrarán hoy sendas reuniones con el objeto de estudiar un proyecto de fusión de ambas entidades, en términos igualitarios y amistosos”. Era el estreno público de un camino que las dos entidades, cuarta y quinta en el escalafón español por recursos ajenos, ya no dejarían de andar en común.

Los respectivos Consejos de Administración aprobaron al día siguiente las líneas generales del proceso de fusión entre los que se encontraba la decisión de crear una sociedad llamada Bilbao-Vizcaya Holding, S.A. en cuyo capital iban a participar ambas entidades al 50% y que se situaría como cabeza de ambos grupos.

El 27 de enero de 1988, en una sesión pública y solemne en la que se reunieron ambos Consejos de Administración al completo, se procedió a la firma del protocolo de fusión por parte de José Ángel Sánchez Asiaín y Pedro Toledo en su calidad de presidentes del Banco de Bilbao y el Banco de Vizcaya, respectivamente. Asimismo, quedó constituida la sociedad Bilbao-Vizcaya Holding, S.A. con un Consejo formado por la suma de los dos anteriores y se dispuso que la nueva sociedad se encargara de dirigir las operaciones de acoplamiento de los asuntos referentes a los sistemas y la organización.

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Sánchez Asiaín y Toledo firman el protocolo de fusión de los bancos ante la presencia de Emilio Ybarra.

Por fin, el 1 de junio las juntas extraodinarias de cada uno de los bancos dieron el visto bueno tanto a la fusión como al nacimiento de una nueva sociedad de nombre Banco Bilbao Vizcaya, S.A. con una aprobación de más del 90% del capital de las dos entidades. Según las estimaciones que se dieron en aquellas fechas, el ahorro estimado por la operación de fusión supondría unos 17.000 millones de pesetas.

Los nuevos responsables de BBV optaban así por desarrollar su vocación de banca universal preparando el camino para la apertura liberalizadora del mercado europeo que se iba a dar en 1992 tal y como está previsto por ley. Sociedades de ambas partes como el Banco de Comercio, Induban, la Banca Mas Sardà y Banca Catalana se integraron de inmediato y se puso en marcha un Plan Básico de Integración que debía ser cumplido antes del 1 de octubre. El esfuerzo resultó ser titánico pero dio sus frutos al cumplirse las previsiones a tiempo. Habían transcurrido 131 años desde que el Banco de Bilbao echara a andar como tal en la capital vizcaína en 1957 y el nuevo Banco Bilbao Vizcaya se convertía en la primera gran fusión bancaria de la época, desmintiendo a quienes públicamente habían afirmado una y otra vez que operaciones como la que había tenido lugar no eran en absoluto necesarias de cara a la entrada en vigor del mercado único europeo.

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Retrato de Pedro de Toledo, por Mari Puri Herrero.

La fórmula aprobada para asumir la presidencia de BBV fue la de escoger dos copresidentes, procedentes de cada uno de los bancos: Sánchez Asiaín por el Bilbao y Toledo por el Vizcaya. Así se comandó el nuevo banco durante más de un año, con momentos no exentos de las lógicas fricciones derivadas de dos culturas empresariales distintas, hasta que se produjo el repentino fallecimiento de Pedro Toledo el 12 de septiembre de 1989. Al día siguiente y viendo que la experiencia de la copresidencia no había resultado tan estable como se previó cuando se diseñara la equitativa fórmula, José Ángel Sánchez Asiaín puso su cargo a disposición del Consejo de Administración de BBV, con la vista puesta en el bien de la entidad. Los consejeros procedentes del Banco de Bilbao y el Banco de Vizcaya no fueron capaces de llegar a un acuerdo para la sucesión de Sánchez Asiaín y finalmente a través de un laudo dictado por el Banco de España, Emilio Ybarra fue nombrado presidente único de BBV el 19 de enero de 1990. Ybarra ocupaba hasta entonces el cargo de vicepresidente por debajo de la bicefalia de Sánchez Asiaín y Toledo.

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