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Historia 23 jun 2017

Breve historia de BBVA (XXII): renovación en el tardofranquismo

El gobierno de Franco corría sin descanso hacia una pretendida normalización del sistema financiero tras haber comprobado que la mayoría de los esfuerzos de apertura realizados en la última década larga habían ido dando sus frutos. La liberalización progresiva del sistema era, por tanto, una senda a continuar recorriendo y entre otros asuntos, la administración puso el acento en un cambio en el panorama bancario privado en 1974.

La reforma del 74

El 9 de agosto de 1974 se dejaron atrás algunos de los impedimentos legales de expansión que llevaban sufriendo los bancos durante años. Se abría paso una nueva normativa de creación de bancos y de expansión de sucursales para los ya existentes. La iniciativa surgió de Antonio Barrera de Irimo, ministro de Hacienda de corte tecnócrata del gobierno de Carrero Blanco.

En lo referente a la creación de nuevas entidades bancarias, la aprobación dependía del ministerio de Economía, previo informe del Banco de España, de la Junta Consultiva del Crédito Oficial y del Consejo Superior Bancario. Se establecieron dos requisitos mínimos:

  • Un capital social mínimo de 750 millones de pesetas si el banco se abría en las plazas de Madrid o Barcelona o de 500 millones para cualquier otra localidad. Además el 100% de las acciones debían ser suscritas de inicio, con un mínimo del 50% de su valor desembolsado, así como el desembolso del 100% de una prima de emisión para nutrir con ella una reserva especial no movilizable sin autorización previa.
  • Todos los accionistas del banco de nueva creación debían ser personas físicas.

La norma dictaba la libertad para abrir nuevas sucursales para los bancos limitada solamente por su capacidad de expansión. Dicha capacidad de expansión iba a estar determinada por la diferencia entre los recursos propios de cada banco según su último balance mensual y la capacidad consumida de cada entidad resultante de aplicar el montante de los recursos precisos para cada pieza con arreglo a las escalas que aplicara el ministerio de Hacienda.

La liberalización de la apertura de nuevas sucursales tuvo un efecto expansivo tremendo en la industria bancaria española. De las 5.711 oficinas existentes en 1974 se pasaría a las 15.045 que se podían contar en 1981, sólo siete años después del cambio normativo. Los tres años que fueron desde 1974 a 1977 la economía española sufriría una inflación de dobles dígitos, llegando a alcanzar el 27%, producto de la situación económica mundial que se produjo tras la crisis del petróleo de 1973. Pese a ello, la alegría expansiva de la industria bancaria española parecían vivir un camino distinto al de la complicada tónica económica general del país.

Banco de Bilbao

En el periodo de 1969-1974 el Banco de Bilbao no sólo absorbió los bancos de La Coruña, el Castellano, el de Irún y el Asturiano de Industria y Comercio, ya reseñados con anterioridad, sino que fijó su vista en el extranjero. La firma del Acuerdo Preferencial entre España y la CEE que tuvo lugar en Luxemburgo en junio de 1970 y la liberalización de la economía nacional animaron a los hombres de Gervasio Collar a expandirse fuera de España. Así la entidad bilbaína abrió hasta 12 oficinas en el extranjero y tomó posiciones en el accionariado de Unibanc y el Banco de Andorra. De igual manera, fue el primer banco en participar en el mercado del eurodólar y las euromonedas.

Los nuevos tiempos marcaron las prioridades del Bilbao durante este periodo que se pueden resumir en los siguientes aspectos:

  • Una pujante internacionalización tanto en el negocio extranjero como en las relaciones financieras que se generaban entre España y el exterior.
  • Una búsqueda de la dimensión ideal requerida para atender con seguridad la amplia gama de operaciones que se quería atender.
  • Una mayor diversificación en todos los mercados y actividades financieras más allá del tradicional concepto del negocio con el fin de tener una presencia activa en todos los sectores de la actividad financiera.
  • Una descentralización en la toma de decisiones entre el acercamiento con poder decisorio al cliente y los intereses del grupo.
José Ángel Sánchez Asiaín, por Ricardo Macarrón

José Ángel Sánchez Asiaín, por Ricardo Macarrón

El Banco de Bilbao inició un camino claro hacia el apoyo específico de las economías domésticas con gratas medidas como la Campaña de la Mujer en 1970 y el Crédito Instantáneo en 1972. Asimismo, en 1971 incorpora la Tarjeta de Crédito, servicio en el que el Banco de Bilbao sería líder del mercado español durante las siguientes dos décadas.

El primer mes de 1973, razones de salud obligan a Gervasio Collar a dimitir como presidente del banco y es sustituido por José Ángel Sánchez Asiaín. La entidad bilbaína nombraría un año después de Rafael Acosta España como director general, puesto que ocupará durante 15 meses antes de ser nombrado adjunto a la presidencia.

Banco de Vizcaya

El Vizcaya aprovechó también el paso de los 60 a los 70 para imprimir un destacado impulso en su internacionalización. Así, abre primero oficinas en Nueva York y en México para después hacer lo propio en Amsterdam y Londres. Al mismo tiempo también comenzó a participar en el mercado de las eurodivisas.

Al igual que en el caso de su vecino Banco de Bilbao, el Vizcaya anduvo muy presto a la hora de sumarse a los nuevos servicios y productos que demandaban los tiempos. Como ya se ha comentado, adquirió una participación mayoritaria en Eurocard en 1970 apostando así por la novedad que suponía la irrupción de la Tarjeta de Crédito. Comenzó a instalar sus primeros cajeros automáticos y ofreció a sus clientes otros servicios como, por ejemplo, el cheque-gasolina.

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Ángel Galíndez, por Oriol Icaza

La reforma liberalizadora de 1974 hizo que el Banco de Vizcaya apostara por sumarse a la posibilidad de abrir nuevas sucursales, como demuestra el hecho de que mientras en 1970 contaba con 305, diez años más tarde la cifra se multiplicaría por tres hasta llegar a las 904.

Tras 32 años ocupando la presidencia del banco, Pedro de Careaga dejó un puesto al que accedió Ángel Galíndez Celayeta, ingeniero agrónomo vizcaíno que ya formaba parte del Consejo de Administración del Banco de Vizcaya desde 1967 y había estado muy ligado igualmente a la eléctrica Iberduero.

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