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Investigación 19 jul 2019

Cinco cosas que no sabías de la llegada del ser humano a la Luna

“Un pequeño paso para el hombre, un gran salto para la humanidad” fue la famosa frase que pronunció Neil Armstrong al pisar por primera vez la superficie de la Luna. La frase sirvió para coronar una de las mayores hazañas llevadas a cabo por la especie humana y de la cual este año se celebra su 50º aniversario.

Pese a lo que pueda parecer, la misión estuvo lejos de ser tarea fácil: el complicado contexto histórico, el elevado coste económico o la escasa tecnología con la que contaban en aquel momento bien podrían haber puesto en peligro la operación. Sin embargo, los tres astronautas que despegaron desde la Tierra a bordo de la nave Saturno V regresaron sanos y salvos a nuestro planeta.

Para celebrar el medio siglo de la misión Apolo XI, te contamos algunos de los datos menos conocidos del viaje que mantuvo en vilo a toda la población mundial.

Cifras astronómicas para una hazaña estelar

Acorde con su calado histórico, la misión dejó grandes cifras que también pasaron a la historia. El programa Apolo contó con la colaboración de cerca de 400.000 personas que trabajaron de forma directa o indirecta en llevar a Armstrong, Aldrin y Collins a la Luna con un presupuesto de 25 mil millones de dólares de la época (unos 153 mil millones si ajustamos a la inflación actual).

Los primeros pasos de Neil Armstrong sobre el satélite fueron seguidos en directo por televisión por 600 millones de personas en todo el mundo, es decir, casi un 20% de la población mundial de entonces.

En total, la misión Apolo XI duró algo más de 8 días desde su despegue hasta su regreso a la Tierra. De esas 195 horas, solo dos pasaron Armstrong y Aldrin paseando por la superficie lunar. Durante ese tiempo, desplegaron la bandera estadounidense y colocaron una placa conmemorativa, hablaron con el presidente Nixon por teléfono, realizaron diversos experimentos, instalaron un sismógrafo y reflectores láser que permitirían recoger datos del satélite desde la Tierra y recogieron un total de 22 kilos de rocas lunares para su análisis.

España: un lugar privilegiado

Pese a que el programa Apolo fue creado, desarrollado y financiado por la NASA, fueron muchos quienes participaron desde otros rincones del planeta. Estados Unidos estableció tres estaciones de seguimiento para el programa Apolo: una en California, otra al suroeste de Australia y otra en Fresnedilla de la Oliva, a 50 kilómetros de Madrid, con el objetivo de cubrir la comunicación con la Luna durante las 24 horas.

En el momento del alunizaje del Apolo XI, la situación de la península encaraba la Luna, por lo que la situación de la estación de Fresnedillas estaba en una situación privilegiada. Desde allí se recibieron las comunicaciones del módulo lunar y, por lo tanto, fueron los primeros en escuchar las palabras de Armstrong, con unos segundos de diferencia con el centro de operaciones de la NASA.

Allí estuvo José Manuel Grandela, ingeniero español que entonces trabajaba en la estación y que participó en el evento de BBVA OpenMind Objetivo la Luna, donde contó su experiencia. “Tuvimos el honor de ser los controladores natos, únicos y exclusivos entre la Tierra y ellos. En cuanto oímos las palabras Houston, Tranquility Base here, the Eagle has landed, fue un momento en el que todos explotamos. Sin darnos cuenta habíamos aguantado la respiración y tuvimos fuerzas para abrazarnos unos a otros porque la primera fase de la misión se había conseguido”

Las mujeres de la carrera espacial: relegadas pero fundamentales

Durante la carrera espacial de los años 60, ninguna mujer fue considerada para viajar al espacio en el programa Apolo. La primera estadounidense en hacerlo fue Sally Ride y no lo hizo hasta 1983. Sin embargo, muchas mujeres trabajaron desde la Tierra en las misiones espaciales y, aunque en un principio fueron destinadas a realizar operaciones secundarias, revisar cálculos que realizaban los ordenadores y escribir código de menor importancia, su papel fue determinante para el éxito del programa.

Dos de las más importantes fueron Katherine Johnson y Margaret Hamilton. Johnson, matemática y física afroamericana, tuvo que enfrentarse a los prejuicios que se tenían en la época sobre su sexo y raza y realizó los cálculos de trayectoria del Apolo XI en su viaje al satélite. La precisión de sus cálculos aseguró que el módulo lunar pudiese alunizar en la superficie de la Luna. Su trabajo también contribuyó a que los astronautas del Apolo XIII volviesen a la Tierra después de la explosión de un tanque de oxígeno en la nave.

Hamilton, científica computacional, fue la encargada de desarrollar el software de navegación del módulo lunar. Tres minutos antes del alunizaje, saltaron las alarmas por la activación de un protocolo equivocado, lo cual estuvo a punto de hacer fracasar a la misión, pero gracias al sistema de priorización de tareas desarrollado por Hamilton, el Eagle fue capaz de tomar tierra.

Un viaje complicado

Ser el primer humano en pisar la Luna es un honor que siempre pertenecerá a Neil Armstrong, pero su legado va más allá. Su hazaña inspiró a las generaciones posteriores y miles de niños y niñas crecieron con el sueño de viajar al espacio. A día de hoy, unas 560 personas en total han conseguido hacerlo de una manera u otra, pero las condiciones de hoy no son las de los años sesenta.

Además de Armstrong y Aldrin, otros diez hombres han pisado la Luna como parte del programa Apolo.

Los tres tripulantes del Apolo XI eran experimentados pilotos, grandes conocedores de los sistemas Apolo y participantes en el programa Gemini, el predecesor de Apolo, en el que habían completado misiones de forma satisfactoria. Desde que se anunció la tripulación que llevaría a cabo la misión, los tres tuvieron seis meses para prepararse con un duro entrenamiento que les sometió a las condiciones más extremas y que incluía simulaciones de pilotaje y alunizaje.

El viaje no fue mucho más agradable: los espacios de la nave eran muy reducidos, la posición era muy incómoda, la comida era insípida y la misión tuvo momentos complicados en los que se temió lo peor. Incluso el presidente Nixon tenía preparado un discurso en el caso de que los tres astronautas no regresarán a nuestro planeta sanos y salvos. Sin embargo, al regresar a la Tierra, los astronautas tuvieron que pasar 21 días aislados en cuarentena por la posibilidad de que hubieran traído consigo algún germen patógeno.

2024: ¿Regreso a la Luna?

Además de Armstrong y Aldrin, otros diez hombres han pisado la Luna como parte del programa Apolo. Doce personas en total en seis misiones distintas de Apolo. Los últimos en hacerlo fueron los tripulantes de Apolo XVII Cernan y Schmitt en 1972, hace 47 años. La cuestión es ¿volverá a pisar la Luna un humano? ¿Con qué objetivo?

La administración Trump ya ha desvelado sus intenciones de dotar a su agencia espacial de recursos suficientes para poner en marcha el programa Artemisa, destinado a volver al satélite en 2024. El vicepresidente Pence aseguró este mismo año que “la NASA está lista para el desafío de avanzar hacia la Luna, esta vez para quedarse”. Además, este programa tiene pensado llevar a la primera mujer.

Pero no solo la NASA se plantea volver. Las agencias espaciales de Rusia, China e India también han puesto en marcha planes para “reconquistar” la Luna. Por su parte La Agencia Espacial Europea (ESA) ha mostrado interés en desarrollar una base lunar permanente.

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