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Biología 19 jun 2016

Claves antiextinción para la vida en hábitats rotos

Ilkka Hanski era un ávido coleccionista de mariposas ya desde niño. A los once años dio con un ejemplar de una especie considerada extinta en Finlandia, y un profesor de la Universidad de Helsinki experto en esa especie le envió personalmente una de sus publicaciones científicas.

El detalle tuvo una enorme influencia en el joven entomólogo, que no solo siguió cultivando su afición, sino que con el tiempo y con su investigación logró encontrar estrategias para que las mariposas y otras muchas especies sobrevivan a su mayor amenaza: la fragmentación y pérdida del hábitat.

Hanski, catedrático de Zoología de la Universidad de Helsinki, cita en sus charlas al también premio Fronteras del Conocimiento Edward O. Wilson cuando afirma que el mayor peligro para la humanidad hoy es la pérdida de biodiversidad: de otros problemas es posible recuperarse, dicen Hanski y Wilson, pero la evolución necesita millones de años para enriquecer el planeta en variedad de vida. «Y estamos perdiendo biodiversidad muy rápidamente», alerta Hanski.

Da una cifra: hoy se extingue el uno por ciento de las especies de animales y plantas por siglo. ¿Parece poco? Solo si se desconoce que antes de la influencia humana las especies se extinguían mil veces más despacio. Y más alarmante aún es que el ritmo de extinción sigue acelerándose. Hanski estima que como mínimo hacia 2050 se habrá multiplicado por diez.

Ilkka Hanski, Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en Ecología

, Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en Ecología. University of Helsinki,  Linda Tammisto.

La primera causa de extinción es la pérdida de hábitat provocada por fenómenos como el cambio climático, la deforestación y la urbanización. De ahí la importancia del trabajo de Hanski, que analiza la relación entre la distribución espacial de una especie y su supervivencia. Más en concreto, estudia qué características deben tener las distintas poblaciones de una especie para evitar la extinción, o a la inversa: qué factores poblacionales ponen en riesgo a la especie.

Hanski ha desarrollado modelos matemáticos que, partiendo de datos como el número, tamaño y grado de conectividad de las poblaciones de una especie, llegan a predecir la viabilidad de la misma. Así por ejemplo, la conectividad es un parámetro esencial porque determina el que una población pueda colonizar otra y reforzar sus efectivos.

Los estudios con mariposas de Hanski han mostrado que, cuando las poblaciones quedan demasiado aisladas, la endogamia promueve mutaciones que afectan a la capacidad de vuelo de los insectos y la supervivencia de la especie a largo plazo se reduce.

Imagen de la Amazonia desde el espacio_ NASA

Imagen de la Amazonia desde el espacio.  NASA

Los modelos de Hanski son hoy esenciales para orientar sobre la eficacia de las actuaciones dirigidas a preservar la biodiversidad. Se aplican al diseño de áreas protegidas, a la creación de corredores biológicos o a los estudios de impacto ambiental de grandes infraestructuras. También informan sobre el máximo grado de fragmentación en el hábitat que tolera cada especie, un umbral que cuando es superado lleva ala extinción. Previsiblemente el impacto de estos trabajos seguirá creciendo «a medida que los hábitats se fragmentan más y más por influencias antropogénicas», afirma el acta del jurado.

La pérdida y la fragmentación del hábitat es realmente la causa principal de que la biodiversidad esté disminuyendo rápidamente en todo el planeta — Hanski

El nombre del área académica desarrollada por Hanski es ecología de metapoblaciones, un concepto referido a la red de poblaciones que integra cada especie. Y aunque el estudio de las metapoblaciones es muy útil, como se ha visto, para paliar la extinción en hábitats fragmentados artificialmente, las metapoblaciones en sí son un fenómeno del todo natural.

Lo explica el propio Hanski: «En la naturaleza muchos hábitats no son homogéneos, sino que están parcelados, fragmentados, y en esas situaciones las especies se distribuyen en metapoblaciones. Es importante entender las redes de metapoblaciones, porque la acción humana aumenta la fragmentación».

Ilkka Hanski nació en Helsinki (Finlandia) en 1953. Como doctorando en la Universidad de Oxford (ReinoUnido) a finales de los años setenta, se interesó por el grado de aislamiento de las poblaciones en el medio. Observaba en concreto escarabajos peloteros, y le intrigaba que cada bosta de vaca funcionara como una isla de biodiversidad habitada por unas especies y no otras. Empezó a utilizar modelos matemáticos para descifrar las variables del éxito o fracaso de cada especie.

De vuelta en Finlandia inició lo que el acta llama «exquisitos trabajos de campo de larga duración». Inspirado por una visita de Paul Ehrlich, entomólogo de la Universidad de Stanford (Estados Unidos) y también premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento, Hanski escogió como organismo modelo la mariposa doncella punteada (Melitaea cinxia), y estableció como área experimental una región en las Islas Åland, en el Báltico, cuyos miles de prados secos conforman el perfecto hábitat fragmentado donde vive este insecto.

Desde principios de los años noventa el mismo Hanski y sus estudiantes censan anualmente las mariposas en cada prado, recopilando los datos que sustentan sus modelos. Es una combinación de trabajo teórico y de campo que ha sido especialmente valorada por el jurado.

Imagen de mariposa doncella punteada estudiada por el Premio Fronteras del Conocimiento Ilka Hanski

Mariposa doncella punteada (Melitaea cinxia). Niclas Fritzén - Robinson R

Los principios conceptuales de la biología de metapoblaciones se han extrapolado a otras disciplinas. El propio Hanski ha desarrollado una teoría que relaciona el grado de biodiversidad en el entorno de cada persona con su microbioma y con su sistema inmune. El incremento en las enfermedades de tipo alérgico puede tener que ver, sugiere este ecólogo, con la pérdida de biodiversidad, porque «al fin y al cabo —dice Hanski— las personas somos hábitats fragmentados para nuestro microbioma».

Ilkka Hanski falleció el pasado 10 de mayo a los 63 años. Antes de morir quiso grabar su discurso de aceptación de este premio, que comenzaba así: «Nosotros los biólogos no siempre apreciamos lo afortunados que somos al participar en el estudio del fenómeno que hace único a nuestro planeta: la vida».

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