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De la cueva de Altamira a Silicon Valley

Un hombre dibuja animales en el techo de una cueva, un fenicio escribe los mitos de su pueblo en tablillas de arcilla, Zenón de Elea formula paradojas sobre el  tiempo y el espacio, los mayas observan las estrellas y descubren el cero, Plineo el Viejo recopila el conocimiento de su época, Hildegarda de Bingen escribe los tratados médicos más completos de su tiempo, Humboldt deja registro de las Colonias en sus crónicas, Marie Curie estudia la radioactividad, Picasso revoluciona la pintura con todas las perspectivas del cubismo, Hedy Lamar inventa el WiFi, un grupo de jóvenes funda la compañía Twitter Inc.

Comunicar y dejar huella en el mundo ahora es posible a través de distintas plataformas virtuales en las que es factible publicar en vivo y con alcance mundial, cualquier opinión, duda, estado anímico y reflexión. Es este impulso por narrar su estancia en el planeta lo que acerca al hombre de hoy de aquel que alguna vez, hace miles de años, decidió dejar registro de su vida en las cuevas de Altamira.

En torno a esos temas giró la charla del escritor mexicano David Miklos, en el marco de Ven y tómate un café, proyecto organizado por Fomento Cultural de la Fundación BBVA Bancomer en el Centro de Innovación de la Torre BBVA Bancomer, cuyo objetivo primordial es dar a conocer de una manera cercana a los colaboradores del banco la labor de distintos profesionistas del mundo cultural mexicano.

Puede parecer que la brecha que separa al hombre de hoy de sus antepasados se abre enorme ante él, que la humanidad ha cambiado a pasos agigantados porque hoy a través del teléfono celular puede hacer compras de cualquier tipo, llamar a un taxi, pedir comida a domicilio, checar su estado de cuenta y hablar con personas en distintos países a través de una videollamada. Cierto, los hábitos de comunicación, ocio y consumo pertenecen al terreno de lo inmediato, las distancias están ahora a un solo clic. Sin embargo, dos cosas permanecen en el hombre: las preguntas fundamentales y el deseo de trascendencia.

Los seres humanos se siguen formulando a través de la religión, la ciencia y el arte, preguntas como: ¿quién soy?, ¿de dónde vengo? y ¿a dónde voy?, persiguiendo de manera irrefrenable la idea de trascendencia desde las pinturas de las Cuevas de Altamira al último invento en Silicon Valley. No por nada Miklos –escritor de varias novelas y apasionado tuitero– trajo a colación las palabras del pintor español Miquel Barceló: “Creer que el arte ha avanzado mucho desde Altamira a Cézanne es una pretensión occidental, vana.”

Dar fe de su existencia, confesar que ha vivido y con ello crear la narrativa de lo que es en plataformas como Facebook, Instagram y Twitter, es fascinante; si se piensa esto con detenimiento se puede ver que después de tanto y después de todo, el hombre ha regresado a la imagen y al lenguaje escrito como herramientas de comunicación.

Lo que antes fue el arcón de la abuela, ahora lo será el muro de Facebook y el timeline de Twitter, una suerte de archivo histórico con fotos, notas y recuerdos. El vestigio de lo que es, de lo que fue, de lo que ha sido el ser humano.

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