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Turismo 22 jun 2020

Verano I, era COVID-19: cómo serán las primeras vacaciones en España

La mayoría de los turistas optará por el transporte privado, los destinos nacionales y segundas residencias o apartamentos turísticos frente a hoteles. Además, habrá una menor presencia de turistas extranjeros y se recurrirá a la tecnología para controlar aforos en playas o piscinas para evitar nuevos contagios por coronavirus.

La desescalada sigue desarrollándose y poco a poco España está volviendo a una nueva normalidad. Las medidas de distanciamiento y de higiene, así como el uso obligatorio de mascarillas en espacios públicos han cambiado la forma en que salimos a la calle, vamos a la peluquería o tomamos algo en un bar. Y, a las puertas del verano, todo indica que serán unas vacaciones diferentes.

El coronavirus ha confinado durante casi tres meses a 47 millones de españoles en sus casas. Todo apunta a que este verano habrá ciudadanos reticentes a realizar cualquier viaje por el temor al contagio, frente a otros turistas, que actuarán como si no hubiera una pandemia e incluso serán más activos que otros veranos por el confinamiento sufrido. Así lo afirma el experto en turismo Pablo Díaz Luque, que también es profesor de los Estudios de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya.

Turismo de interior

El catedrático opina que habrá perfiles de turistas con tendencia a buscar menos contacto social por la influencia del virus y el confinamiento. “Los eventos serán mucho menos numerosos y, en general, viviremos un verano menos festivo y más desdibujado en este sentido”, añade. Además, por las limitaciones de movilidad entre países y las reticencias a viajar lejos, “se vivirá un verano con mucha menos presencia de turistas extranjeros”.

Los viajes se realizarán principalmente dentro de las fronteras y en transporte privado, según sostiene este experto en turismo. “Los destinos que han logrado una singularidad positiva en España, como las islas, Andalucía, Murcia y el norte cantábrico, pueden tener una mayor afluencia que aquellos otros que parezcan no haber escapado del virus con mejores cifras”, señala. De hecho, el 85% de los desplazamientos se harán a destinos nacionales, según indica el Barómetro Turístico Braintrust. Aunque conforme avance el verano y se diluyan las restricciones también se volverá a salir al extranjero.

Los eventos serán mucho menos numerosos y, en general, viviremos un verano menos festivo y más desdibujado

El avión

En cuanto a los vuelos, se ha reforzado la desinfección de los aviones, hay más controles y los pasajeros deben llevar mascarilla y apenas pueden moverse de su asiento. Se les indica incluso cuándo y cómo desembarcar. Por el momento, las aerolíneas están trabajando en adaptarse a la nueva normalidad que ha causado el virus.

¿Se podrá ir a la playa? Todo apunta a que sí, pero manteniendo el distanciamiento físico con otros bañistas. En las playas de mucha afluencia habrá incluso supervisión pública por medio de vigilantes para mantener esas distancias, según comenta Luque. La tecnología también jugará un papel importante en la gestión de esta nueva situación. En el caso de las playas, especialmente en el control de aforo.

Enrique Martínez Marín, presidente de la Sociedad Estatal para la Gestión de la Innovación y las Tecnologías Turísticas (Segittur), explica que ya antes de la pandemia había municipios de España que habían desplegado en sus playas infraestructuras WiFi, cámaras o drones. Ahora, según cuenta, es posible combinar estas herramientas para controlar aforos y asegurarse de que se cumplen las medidas de distanciamiento social: “Puedes comparar, por ejemplo, el aforo que se deduce del conteo por móviles y los tickets de entrada a la playa que se han obtenido con una aplicación”. Cada playa tendrá posibilidades y necesidades distintas, lo que exigirá un tipo u otro de herramientas. Para Martínez, la más sencilla sería una aplicación para reservar sitio, informar del número de personas que entran en el arenal y del tiempo que permanecerán en el mismo.

La tecnología como apoyo

Además de permitir medir el aforo de los espacios abiertos, la tecnología también servirá para “controlar la temperatura de los turistas, con cámaras termográficas, o gestionar reservas de espacio en piscinas”. De hecho, Martínez afirma que en aeropuertos y estaciones serán habituales las cámaras termográficas y el reconocimiento facial por biometría. En el caso de la restauración, se impondrán las cartas digitales a través de códigos QR. Y en los alojamientos “cada vez será mayor el uso de aplicaciones para el ‘check-in’ y de ‘chatbots’, para atender consultas frecuentes de los visitantes”.

Es probable que en las próximas semanas haya reticencias a los hoteles y a las zonas comunes de estos por el pánico. Pero Díaz considera que “este miedo se irá superando” a medida que avance el mes de julio. Aún así, en este contexto inicial, predice que las segundas residencias y apartamentos turísticos de confianza ganarán peso hasta que los alojamientos hoteleros recuperen la confianza de los turistas.

Los precios

¿Y cuánto costará irse de vacaciones? ¿Saldrá más caro o más barato que en veranos anteriores? “En el alojamiento difícilmente subirán los precios, ya que se trata de atraer a un público impactado y temeroso por el COVID-19 y la posible secuela económica”, responde el experto en turismo. No obstante, en segmentos de altos precios sí se pueden dar subidas, si la capacidad adquisitiva de los clientes así lo permite. En cuanto al transporte, en principio parecía abocado a un encarecimiento por la imposición de distancia física y la inviabilidad de los precios ‘low cost’. “Sin embargo, con la desaparición de esas medidas [en los vuelos] se comienzan a ver precios muy reducidos y promocionales, lo que lleva a pensar que los precios serán similares a antes de la pandemia”, concluye el experto.

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