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Análisis económico 13 dic 2017

Mercados expectantes ante un punto de inflexión fiscal clave

Una vez más, la economía argentina se encuentra en las puertas de definiciones importantes, si quiere evitar otro fracaso y encaminarse hacia un crecimiento más sustentable. Los mercados siguen de cerca el rumbo postelectoral que tomó la victoriosa administración de Mauricio Macri.

Sobre octubre de 2017, la visión de los mercados era que el gobierno de Mauricio Macri había logrado mejoras en la actividad económica a partir de la aplicación de la estrategia del “gradualismo” para reducir el déficit fiscal y de la posibilidad de cubrir ese rojo de las cuentas públicas con financiamiento externo.

Este esquema funcionó como un reloj de precisión: el ministro de Finanzas, Luis Caputo, colocó bonos en forma fluida en el exterior y así consiguió los dólares que sirvieron para aumentar las reservas del Banco Central y los pesos para cubrir el exceso de gasto sobre la recaudación en la contabilidad del Tesoro.

Ese resultado no fue el único. La entrada de dólares para tapar el rojo fiscal (el Tesoro colocó bonos en el exterior por 33.318 millones de dólares americanos entre junio de 2016 y 2017) y la que realizaron las provincias y el sector privado le dieron a la economía el bálsamo que genera un mercado cambiario tranquilo y un precio del dólar bajo control y retrasado que sólo encontró en los momentos previos a las elecciones internas (PASO) argumentos para subir hasta los 18 dólares. Pero nada del mercado cambiario salió de madre.

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Datos fundamentales de Argentina

El Banco Central, a fuerza de contracción monetaria, tasas altas e intervenciones esporádicas, logró mantener a raya al dólar y tranquilizar los ánimos de los operadores que lograron una calma aún mayor después del resultado de las PASO, en  las que el Gobierno demostró posibilidades para ganar en las elecciones legislativas del 22 de octubre.

Federico Sturzenegger jugó su partido en este escenario. Compró dólares para fortalecer las reservas que en agosto de 2007 estaban en 48.500 millones de dólares americanos con un crecimiento de 51% en un año.

Ese “esfuerzo” del Central para comprarle los dólares al Tesoro tuvo su correlato en una fuerte impresión de billetes y, cerrando el círculo, Sturzenegger intensificó la política de absorber fondos del mercado colocando letras del Banco Central (las famosas “Lebac”) a tasas altas que aspiraron buena parte de los pesos que andaban dando vueltas por el mercado.

Los números del sector externo empezaron a mostrar que ‘el punto de inflexión’ para la toma de decisiones fiscales clave comenzó a acercarse”

Trípode antiinflacionario clave

Sólo a modo de radiografía de la política del Central basta ver los números: las Lebac pagaban 27% anual con una inflación del 21-23% anual y con la base monetaria (depósitos más dinero circulante) aumentando sólo 3% entre enero y septiembre.

Para las autoridades monetarias ese trípode fue clave para favorecer el descenso de la inflación que, sobre el tercer trimestre, oscila en torno del 1,5% mensual y permite hacer más creíble la posibilidad de que a fin de año el ritmo de suba del índice de precios al consumidor llegue a estar en torno de un 1% mensual.

El esquema de contracción monetaria coexistió a lo largo de 2017 con el aumento del crédito que se generó, en parte, porque los bancos no le renovaron todas las Lebac al Banco Central y, en otra parte, porque los bancos redujeron sus niveles de liquidez excedente para aumentar su capacidad prestable.

El resultado fue el aumento del otorgamiento de todo el abanico de préstamos: personales, prendarios, etc y, como novedad, a la expansión de los préstamos hipotecarios que, por primera vez en años, resurgieron de la mano de la cláusula de indexación en tiempos en que la expectativa inflacionaria resulta descendente.

En las semanas previas a la elección del 22 de octubre parecía que los planetas se habían alineado en materia económica para favorecer al oficialismo y la música de fondo seguía sonando: el financiamiento fluido del exterior que aportó los dólares para garantizar el “gradualismo” oficial en la baja del déficit fiscal.

Hasta allí la realidad parecía no tener costo pero los números del sector externo empezaron a mostrar que “el punto de inflexión” para la toma de decisiones fiscales clave comenzaba a acercarse.

En las semanas previas a la elección del 22 de octubre parecía que los planetas se habían alineado en materia económica para favorecer al oficialismo”

El mínimo sentido común indica que nadie puede vivir siempre a crédito y que, en algún momento, habrá que pagarlo.

En ese sentido, el economista Ricardo Arriazu puso el ojo en la mira, en el marco de una conferencia de la Convención anual de FIEL, al afirmar que el problema argentino no es sólo el nivel del rojo fiscal, sino que “este año (refiriéndose a 2017) vamos a terminar con un déficit en cuenta corriente mínimo de 21.000 millones de dólares americanos”.

Resultan claras las bondades que generan los dólares cuando entran pero también las dificultades cuando se van.

Argentina, frente al “punto de inflexión” en materia fiscal, es una película que ya se vio y en el pasado, en general, no tuvo resoluciones perdurables. Todo indica que en 2018 el país tendrá una nueva posibilidad de ratificar una reactivación de corto plazo o de sentar las bases para un crecimiento más sustentable. ¡Hagan juego, señores!

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