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Opinión 04 junio 2019

La regulación europea de intercambio de datos debería extenderse a todos los sectores

Tribuna de Carlos Torres Vila, presidente de BBVA, publicada en Financial Times el 3 de junio de 2019.

Los datos se han convertido en la palanca de crecimiento de la economía global; no hay más que ver el ‘ranking’ de las empresas más valiosas. Estas empresas recopilan y aprovechan la información que sus usuarios generan a través de miles de millones de interacciones diarias. Pero las empresas también están acumulando datos, impidiendo que otros (incluso los usuarios a quienes se refieren los datos) accedan a ellos y los utilicen.

Esto aplica a los grupos tradicionales, como los bancos, las telecos y las empresas de servicios públicos y, también a las grandes compañías digitales que dependen de los datos de los usuarios. Los reguladores nacionales y globales deben resolver este problema obligando a las compañías a dar a los usuarios la posibilidad de compartir sus datos, si lo desean, de una manera fácil.

Esta es la consecuencia lógica de que los datos personales pertenezcan a los usuarios. También existe el potencial de obtener grandes ventajas socioeconómicas si podemos crear flujos libres de datos, con el consentimiento de sus propietarios. Necesitamos que todas las empresas compartan sus datos, en todos los sectores, de manera estandarizada y en tiempo real, no a la velocidad ni en el formato establecido por las empresas que actualmente hacen acopio de datos de usuarios.

“Necesitamos un marco global con normas comunes entre regiones y sectores”

Y estas nuevas normas deberían aplicarse a todos los datos generados de manera electrónica por los usuarios, tanto los que proporcionen directamente, como los derivados de sus interacciones en internet con cualquier proveedor, atravesando fronteras geográficas, y en cualquier sector. Esto podría incluir desde un historial de geolocalización o el consumo de electricidad, hasta búsquedas recientes ‘online’, información sobre pensiones o incluso las canciones reproducidas más recientemente.

Esto no va a ser fácil de lograr en la práctica, pero la buena noticia es que ya disponemos de un marco que podemos usar como modelo para diseñar una solución de mayor alcance. El sistema de Open Banking de Reino Unido ofrece un claro ejemplo de lo que es posible. En Europa, la norma conocida como la Directiva de Servicios de Pago 2 permite a los clientes del sector bancario compartir información de sus transacciones con múltiples proveedores a través de interfaces informáticas seguras y estructuradas.

Ya estamos comenzando a ver cómo, a raíz de esto, han surgido nuevos modelos de negocio y se está intensificando la competencia en servicios financieros. Pero estas normas no van todo lo lejos que debieran; sólo afectan a historiales de pago, y eso no es suficiente para impulsar una revolución económica basada en el dato que se expanda a otros sectores de la economía. Necesitamos un marco global con normas comunes entre regiones y sectores.

Esto es algo que ya ha sucedido en los servicios financieros: tras la crisis financiera de 2008, el G20 fortaleció los estándares globales bancarios, y creó el Consejo de Estabilidad Financiera. Estas normas, sin ser perfectas, han fomentado una uniformidad que ha reforzado el sistema. Necesitamos un impulso global similar hacia reglas comunes sobre el uso de datos. Aunque va a ser difícil alcanzar un consenso sobre los datos, y, indudablemente, mucho más complicado implantarlo y velar por su cumplimiento, creo que ha llegado el momento de decidir qué es lo que queremos.

“La próxima Comisión Europea debería priorizar una regulación intersectorial de intercambio de datos”

La involucración del G20 en el establecimiento de normas globales será fundamental para hacer realidad el potencial de los datos para ayudar a hacer de éste un mundo mejor para todos. Oiremos quejas sobre el coste de implementar estas normas. Sé de primera mano lo costoso que puede resultar abrir y proteger simultáneamente los sistemas troncales de una empresa. La alternativa son datos en silos que retrasan la innovación. También se oirán voces preocupadas, de manera justificada, por las nuevas amenazas que pueden surgir si hacemos más fácil compartimos los datos. La seguridad debe ser un principio innegociable en el diseño de las interfaces entre empresas y en la protección del acceso a datos sensibles.

Pero la banca abierta muestra que estos retos se pueden resolver. La Unión Europea ha estado en la vanguardia, estableciendo unas reglas claras para los datos y una economía digital que crece cada vez más rápido. Debe seguir defendiendo a los usuarios, al tiempo que ayuda a impulsar la innovación y la competitividad. La próxima Comisión Europea debería priorizar una regulación intersectorial de intercambio de datos y mostrar que la apertura de los datos puede impulsar la innovación y beneficiar a los clientes y las empresas. Un marco regulatorio de gran alcance incrementará el nivel general de competitividad de la UE. El siguiente paso sería liderar las conversaciones en el G20, tratando de alcanzar un consenso global, muy necesario, en esta materia.

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