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Análisis económico 17 mar 2016

¿Por qué la innovación y el emprendimiento pueden ser factores de desarrollo de un país?

La palabra emprendimiento ha sido una de las más utilizadas por los políticos durante la crisis económica. Durante este período se han lanzado iniciativas para facilitar que se pusieran en marcha proyectos. No obstante, detrás de esa iniciativa hay mucho más.

El emprendimiento en pleno siglo XXI, con un altísimo desarrollo tecnológico que no cesa de crecer, se ha convertido en algo más que un intento por parte de las instituciones por mejorar los índices de paro. Es una herramienta para generar riqueza, crecimiento y, a la vez, situar a una sociedad en la vanguardia económica y social.

¿Por qué? Porque este concepto está estrechamente ligado con el de innovación. El emprendedor de lo que ya se hace llamar la cuarta revolución industrial desarrolla proyectos de corte tecnológico, disruptivos, que aportan innovación al sistema económico y a las relaciones comerciales.

Silicon Valley, El Dorado

Casi todos los nuevos negocios y empresas que se ponen en marcha hoy en día son de base tecnológica gracias a la corriente que ha creado en todo el mundo ese idealizado lugar llamado Silicon Valley, donde están ubicadas algunas de las compañías más exitosas del mundo, como Google, Facebook, Yahoo! o Cisco, multinacionales que empezaron siendo pequeños proyectos –casi todos nacidos en un garaje- y que ahora prácticamente dominan el mundo.

La imagen que se ha transmitido al mundo de ese lugar es de una especie de El Dorado, donde el sueño americano –y el de cualquiera- puede hacerse realidad con talento, esfuerzo y una idea innovadora y rompedora. Esa filosofía se ha exportado a todo el mundo y casi todos los países desarrollados ya cuentan con su propia recreación del famoso valle.

Madrid, por ejemplo, tiene el Camp Tecnológico, al que también llaman garAJE –fundado por la Asociación de Jóvenes Empresarios- , desde el que imparten campus en los periodos vacacionales y en fines de semana para los futuros emprendedores y niños interesados por la tecnología. Sin embargo, la joya de la corona es el Campus Madrid de Google, un espacio gestionado por Google Entrepreneurs para que los emprendedores desarrollen sus ideas, reciban formación y asesoramiento y hagan el famoso networking –relaciones de trabajo con sus homólogos para fomentar el intercambio de ideas y la colaboración mutua-.

Actualmente, esta comunidad tiene 1.800 miembros, todos ellos empresarios del sector tecnológico que persiguen ser el Mark Zuckerberg del futuro. La inauguración de este espacio el pasado verano fue un paso muy importante para España, un país que siempre ha estado a la cola del emprendimiento por lo complicado que siempre lo ha tenido el pequeño empresario a la hora de abrir un negocio por las elevadas exigencias –licencias, elevados impuestos y cotizaciones de partida, etc-. Por ello, este cambio de mentalidad que se está dando en nuestro país hay que entenderlo como algo que va más allá de una moda, sino de una transformación más profunda que se produce en todo el mundo.

Abanderado del cambio, el profesor del Esade y experto en startups Javier Santiso ha publicado un libro, “España 3.0: Necesitamos resetear el país”, en el que subraya que el único modo de que España dé un salto al futuro pasa por cuatro vías: educación, innovación, digitalización e internacionalización. Y propone algo tan sencillo como crear visados de entrada para emprendedores extranjeros, ofreciendo mecanismos de financiación y una fiscalidad atractiva a la inversión que suponga la creación de empresas que aporten y aporten al PIB.

Si no innovas, te quedas fuera

Y es que ya se dijo en el pasado Foro Económico de Davos, el mundo está a las puertas de la cuarta revolución industrial, una revolución que va a cambiar las formas de trabajar en casi todos los ámbitos, y los países deben estar preparados si quieren participar de ella y no quedarse fuera.

No estar a la altura conlleva un serio perjuicio para esos países, pues empobrecerían considerablemente y su población quedaría muy mermada, pues los profesionales más preparados tendrían que irse fuera y las empresas no podrían estar a la altura del resto de competidores mundiales.

 

Por todo ello, la innovación y el emprendimiento cada día son más importantes en cualquier sociedad, sobre todo en las desarrolladas, pues como se ha visto en los países emergentes, cualquier pequeño fallo puede dejarte a la cola de la vanguardia mundial y aumentar la desigualdad y la pobreza dentro del país.¿Y dónde repercutiría directamente? En las exportaciones. Si los productos nacionales no tienen ese valor añadido, innovador y disruptivo que se va a exigir a partir de ahora, los estados extranjeros no querrán comprarlos, lo que causaría un grave daño a la economía, ya que España, precisamente, ha salido de la crisis gracias a las exportaciones.

Por eso, desde muchos ángulos se apunta a la innovación. Y es que España, de acuerdo al índice de innovación Altran 2015, ocupa el puesto 16º en inversión en I+D con respecto al PIB, con un valor del 1,24%, insuficiente si se quiere ser un país competitivo y jugar en primera división

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