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¿Qué consecuencias implica desconocer lo imprescindible sobre finanzas personales?

Para valorar si poseemos un nivel mínimo de conocimiento financiero, tres sencillas preguntas podrían ayudarnos, según una iniciativa del Global Financial Literacy Excellence. Las tres nociones básicas son el interés compuesto, la inflación y el riesgo y su diversificación. Desconocerlas es la primera piedra para tomar decisiones equivocadas, para no comprender el asesoramiento que puedan prestarle profesionales, ni el consejo de personas en las que se confía. Cada noción importante que se desconoce acarrea consecuencias negativas concretas.

Se podría decir que, comprender estas tres nociones básicas constituiría un mínimo imprescindible para poder manejarse con una cierta normalidad en la toma de decisiones relativas a las finanzas personales.

¿Qué consecuencias tiene desconocer la noción del interés compuesto?

Desconocer lo que es el interés del dinero supone no comprender las implicaciones que tiene el tiempo en nuestras decisiones. Cuando tomamos una decisión nos importa, no solamente cuáles pueden ser las consecuencias, sino cuándo pueden suceder dichas consecuencias. No es lo mismo cobrar ahora que cobrar dentro de un año, dos años o cinco años. Pero en qué medida no es igual, nos lo dice el tipo de interés.

Seguramente, en su escuela le dijeron que no se podía sumar peras con manzanas. Pues lo mismo sucede con los cobros, pagos, costes, beneficios y demás consecuencias de sus decisiones, que implican consecuencias en el futuro. Por ejemplo, no se pueden sumar cobros de hoy con cobros de dentro de 5 años.Pongamos un ejemplo: si a alguien le dicen que cobraría 10.000 euros hoy, 10.000 euros dentro de cinco años y 10.000 euros dentro de 10 años, ¿cuánto cobrará? El error típico de quien desconoce el concepto de interés es decir que cobrará 30.000 euros.

El interés compuesto implica que los 10.000 euros de hoy generan unos intereses a lo largo del tiempo, lo mismo que los que cobre dentro de cinco años, o los de dentro de diez, si queremos analizar cuánto se tendría en plazos mayores. Esto implica que esos intereses generarán nuevos intereses. Por eso no son equivalentes los 10.000 euros de hoy, de dentro de cinco años y de dentro de diez años. Es decir, no tendremos lo mismo dentro de 10 años con un interés del 2% que con un interés del 5%. El tipo de interés será clave para saber cuánto tendremos en cada momento.

No comprender la noción de interés compuesto es como andar por el tiempo a ciegas, sin tener un elemento de comparación entre lo que sucede en los diferentes momentos del tiempo. En la vida son muchos los momentos en los que hacemos un sacrificio hoy para obtener beneficios en el futuro. Un ejemplo de ello son las aportaciones a planes de pensiones. Y también las situaciones en las que se obtiene un beneficio en el presente a cambio de alguna renuncia en el futuro, como en el caso de obtener un préstamo.

Si uno no comprende la noción de interés compuesto, no comprenderá la importancia de las ventajas y sacrificios que se pueden producir en los diferentes momentos del tiempo. Las personas que no comprenden esta noción tienden a hacer comparaciones equivocadas.

¿Qué consecuencias tiene no comprender el efecto de la inflación?

Seguro que usted tendrá algún amigo, algún familiar o algún conocido que, cuando la inflación es baja dice eso de “las inversiones no dan nada”. Quizá usted mismo lo ha pensado en alguna ocasión. Establecen la comparación con los intereses que se cobraban en época de inflación elevada.

Estas personas, sin pensar que la inflación pega un “mordisco” al poder adquisitivo de sus ahorros, piensan de forma equivocada. Eso les lleva a tomar decisiones erróneas porque piensan que los posibles costes y beneficios de su decisión son distintos de los que son. Por ejemplo, una persona que cree que el rendimiento de sus ahorros es muy bajo, simplemente porque la inflación es reducida, puede pensar que para obtener un rendimiento más alto habrá de asumir más riesgo, cuando realmente ya está cobrando más de lo que se imagina, valorado en términos reales.

También hay personas que no son conscientes de que la inflación afecta a sus deudas. La inflación puede conducir a las personas que no la tienen en cuenta, a considerar ventajas o sacrificios que, en términos de lo que van a poder comprar o dejar de comprar, no son tales. Estas personas pueden desechar alternativas interesantes para ellas y aceptar otras que, si considerasen la inflación, no aceptarían.

¿Qué problemas puede ocasionar desconocer lo que es el riesgo y su diversificación?

Las personas que no saben lo que es el riesgo o que, al menos, no han aprendido a sopesar los riesgos, no son conscientes de las decisiones que tienen que tomar. El riesgo es inherente a la mayoría de las decisiones humanas. Las cosas pueden salir mejor o peor de lo pensado. Para cualquier ahorrador, para cualquier inversor, para cualquier decisor, conocer lo que es el riesgo y los tipos de riesgo es algo fundamental.

Algunas personas que no saben sopesar los riesgos simplemente piensan que todo irá bien, otros se ponen siempre en lo peor. Para saber si merecen la pena los riesgos, deben conocerse primero. Y eso afecta a cualquier actividad de la vida en la que ventajas y sacrificios no se producen en el mismo momento y en las que no se sabe con certeza cuáles serán esas ventajas y sacrificios, sino simplemente lo probable que es un escenario concreto.

Por ejemplo, cuando alguien se somete a una intervención quirúrgica y le presentan un consentimiento informado le están pidiendo que tome conciencia de que los beneficios y perjuicios de la intervención no son fijos, sino que existen ciertas probabilidades de que sucedan escenarios más ventajosos o más desventajosos. Y le piden que, una vez valorado, exprese una decisión.

La clave está en si merece la pena asumir escenarios más ventajosos a cambio de enfrentarse al riesgo de un escenario más desventajoso, o bien, es preferible esperar menores ventajas sabiendo que son más seguras, que su obtención es más probable. Eso es algo que tiene que decidir usted, pero previamente informado. Es muy frecuente el caso de algunas personas que no quieren asumir ningún riesgo en la vida y, sin embargo, esperan los mayores rendimientos. Los rendimientos esperados y los riesgos van asociados, es algo que tenemos que tener muy claro.

La mayor parte de las personas valoran como algo negativo que los resultados que se derivan de una determinada decisión se puedan apartar mucho de lo previsto. A veces se dice que son aversos al riesgo o que tienen aversión al riesgo. Es cierto que existen algunas personas que son propensas al riesgo. Son personas a las que no les gustan las medias tintas. Si tienen éxito que sea a lo grande, aunque ello implique fracasos a lo grande. Pero no es lo normal.

Pongamos un ejemplo. Imaginemos dos árboles frutales. Los dos dan como promedio la misma cantidad de fruta a lo largo de los años, pero no de la misma forma. Uno da de forma regular todos los años una cantidad de fruta muy aproximada al promedio (con pequeñas variaciones). El otro frutal, unos años da muchísima más fruta, mientras que en otros años prácticamente no da nada. Habrá algunos individuos que prefieran el segundo árbol, que aunque les deje sin fruta algunos años, en otros les permitirá unas comilonas exageradas. Pero la mayor parte de la gente prefiere aquél que ofrece una cierta regularidad, los mínimos sobresaltos.

Imaginemos que tenemos 100 árboles de los que, supongamos, se espera el mismo rendimiento. Supongamos, por simplificar, que la única cosa que pudiese afectar a su rendimiento es el viento dominante en ese año. Si plantásemos 25 árboles expuestos a cada punto cardinal, ¿estaríamos renunciando a poder recoger más fruta que si están todos expuestos hacia el mismo viento? Está claro que no implica una renuncia. Unos árboles irán mejor, otros peor. Según el viento dominante, unos años serán mejores para los árboles que están expuestos hacia un punto y otros años serán mejores para los expuestos a otro punto. Pero los buenos y los malos se compensarán ofreciendo un patrón más o menos regular de recogida de fruta.

Eso ya se hace desde épocas muy antiguas. Los labradores de épocas antiguas procuraban sembrar tierras que se viesen beneficiadas por factores que perjudicaban a otras, con el fin de que las malas cosechas de las unas se viesen compensadas por las buenas cosechas de las otras. En nuestro ejemplo de los frutales, quien desconoce la diversificación, quien no la comprende, plantará todos los árboles en el mismo lugar. Eso supondrá que cuando vengan años favorables tendrá unas cosechas de fruta enormes, pero también que serán minúsculas cuando el viento sea el más desfavorable.

Supongamos que la alimentación de esa persona depende de la fruta que recogiese, tanto para comerla como para venderla y obtener dinero con el que comprar alimentos. De no tener algunos ahorros, los años desfavorables podría llegar a pasar mucha hambre. Incluso, en esas hambrunas podría llegar a fallecer parte de su familia. De poco le serviría entonces tener algunos años muy buenos en lo sucesivo. La diversificación facilita patrones más regulares y previsibles, en la medida de lo posible, sin renunciar a los rendimientos. Eso permite esquivar algunas situaciones muy adversas. Esas situaciones tan adversas son a las que se tiene que enfrentar quien desconoce los beneficios de la diversificación.

Cursos, software y programas

También los instrumentos son muy importantes en finanzas personales. Por ejemplo, las aplicaciones de móvil pueden ser un buen aliado para controlar sus finanzas personales. Los cursos y otra formación más informal le pueden ayudar a aprender nociones muy útiles como aprender a construir su balance personal. Leer siempre es otra buena recomendación para adquirir conocimientos. Existen muchos contenidos especializados para que las personas no iniciadas puedan tener un manual para organizar sus finanzas personales.

Y, por supuesto, como en toda actividad, siempre está la parte práctica. En finanzas personales se domina la práctica cuando se aprende a pensar, a valorar y a tomar decisiones a medida de nuestras circunstancias.

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