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Pequeños agricultores familiares: la fuerza detrás de un tercio de los alimentos

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Las pequeñas explotaciones agrícolas familiares producen el 35 % de los alimentos del mundo y la mayoría se concentran en países de ingresos bajos. Según la FAO, impulsar la agricultura familiar contribuye a una producción alimentaria sostenible, ayuda a frenar el cambio climático, fomenta la sostenibilidad y mejora la calidad de vida.

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De las tierras más frías de Escandinavia a las montañas de África, pasando por cualquier región de Asia o América. De acuerdo con la FAO, existen más de 608 millones de explotaciones agrícolas familiares en todo el planeta. Estas trabajan entre el 70% y el 80% de las tierras cultivadas y están detrás del 80% de los alimentos producidos a nivel mundial.

Sin embargo, el concepto familiar no es siempre sinónimo de pequeño: una nueva investigación ha profundizado en la realidad detrás de estas cifras para entender mejor qué tipo de explotaciones son las más comunes hoy en día y qué papel juegan las más pequeñas.

Las conclusiones, publicadas en la revista científica World Development bajo el título ‘Which farms feed the world and has farmland become more concentrated?’ (‘¿Qué explotaciones alimentan al mundo y han concentrado más tierras agrícolas?’), ponen de manifiesto el importante valor de las explotaciones más pequeñas. Cinco de cada seis tienen una superficie inferior a dos hectáreas, trabajan solo el 12% de los terrenos agrícolas totales y producen aproximadamente el 35% de los alimentos del mundo.

El papel de los pequeños agricultores

Conocer el tamaño de estos negocios es fundamental para entender el funcionamiento del sector agroalimentario a nivel mundial. Entre los datos más relevantes está que las explotaciones más pequeñas se concentran en los países de ingresos bajos. De hecho, solo el 28 % de las explotaciones de estos países tiene más de cinco hectáreas, frente al 99 % de las de estados con ingresos altos. Además, las pequeñas explotaciones son mucho habituales en Asia meridional y África subsahariana.

Entender esta realidad es también muy importante para establecer políticas con las que respaldar a los pequeños agricultores y mejorar su calidad de vida. Apoyarlos es dar un paso más para hacer del mundo un lugar más sostenible e igualitario y garantizar que nadie se quede atrás: actualmente, el sector de la agricultura es el mayor empleador mundial. Cuatro de cada diez personas se ganan la vida en el sector y absolutamente todos dependemos del mismo para alimentarnos. Sin agricultura, no existiría la vida tal y como la conocemos.

¿Qué es la agricultura sostenible?

Equilibrio, biodiversidad y saber tradicional

Hoy en día, los agricultores se enfrentan a un difícil reto: deben producir alimentos sanos y nutritivos a una población que no para de crecer, a la vez que hacen frente a las amenazas del cambio climático.

Los pequeños agricultores familiares son cruciales para hacer frente a este desafío y mantener el equilibrio del sector. Cumplen funciones medioambientales, sociales y culturales, saben cómo proteger la biodiversidad y poseen conocimientos para adaptarse a las nuevas realidades a la vez que mantienen vivo el saber tradicional.

“No hay nada más cercano al paradigma de la producción alimentaria sostenible que la agricultura familiar”, señalan en el Plan de Acción de la FAO para el ‘Decenio de las Naciones Unidas de la Agricultura Familiar’, que se celebra entre 2019 y 2028. “Cuando se los apoya con políticas y programas favorables, los agricultores familiares tienen una capacidad única para revertir el fracaso de un sistema alimentario mundial que, si bien produce alimentos suficientes para todos, desperdicia un tercio de los alimentos producidos, no consigue reducir el hambre y las diferentes formas de la desnutrición e incluso genera desigualdades sociales”.

Estas son algunos de los beneficios de favorecer su actividad, de acuerdo con la agencia de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura:

  • Crear puestos de trabajo dignos e ingresos regulares en zonas rurales.
  • Ayudar a alcanzar el objetivo hambre cero: la agricultura familiar implementa prácticas agrícolas resilientes y de alta productividad.
  • Favorecer la reducción del desperdicio de alimentos y la gestión eficiente de los recursos naturales.
  • Preservar la biodiversidad y frenar la degradación medioambiental.
  • Promover la movilidad de las ciudades al campo.
  • Dar voz y reconocimiento a potenciales agentes de cambio para lograr un desarrollo más inclusivo.
  • Favorecer la acción por el clima y frenar el cambio climático.

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