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Un gran gigante silencioso: ¿Cómo nos afecta la contaminación del suelo?

Un gran gigante silencioso: ¿cómo nos afecta la contaminación del suelo?

La contaminación de los suelos afecta a todos los continentes y hasta a las regiones más remotas de la Tierra. Aunque suele resultar invisible, afecta a la capacidad de los suelos para ofrecer sus servicios ecosistémicos, esenciales para mantener la salud de la naturaleza y de los seres humanos.

Tan solo el 30 % de la superficie del mundo es tierra. Sin embargo, su importancia es esencial: no solo da nombre a nuestro planeta, sino que también es la superficie sobre la que construimos nuestros hogares, cultivamos nuestros alimentos y pasamos gran parte de nuestras vidas.

Desde hace décadas, los suelos de diferentes rincones de la Tierra se enfrentan a una amenaza común. La actividad humana los ha llenado de contaminantes, una serie de sustancias que resultan muchas veces invisibles a simple vista. A menudo, las alarmas solo saltan cuando el nivel de contaminación es tan alto que altera de forma importante el medioambiente y la salud humana.

La importancia del suelo

“El suelo es un ente muy complejo, dinámico y heterogéneo que realiza funciones muy importantes para el resto de los convivientes de sus ecosistemas. Estos van desde los microorganismos más pequeños hasta los seres humanos”, explica Juana Isabel López, profesora de Edafología de la Universidad de Burgos.

Lo cierto es que los suelos realizan todo tipo de servicios ecosistémicos para que el mundo sea tal y como lo conocemos. En primer lugar, son el hogar de la cuarta parte de la biodiversidad. En ellos conviven todo tipo de especies, como lombrices, ácaros, hongos, bacterias o nematodos. Son la base, también, sobre la que crecen las plantas que hacen posible la vida.

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Por otro lado, regulan el ciclo de nutrientes y el ciclo hídrico, son importantes sumideros de carbono y mantienen el equilibrio de los ecosistemas. Sin ellos, no tendríamos nuestra principal fuente de materias primas, elementos para fabricar medicinas, recursos energéticos y alimentos. Se calcula que un 95 % de los alimentos que consumimos provienen directa o indirectamente de los suelos.

“Sin embargo, el suelo solo puede ofrecer estos servicios ecosistémicos si está sano. Es un organismo vivo que tiene que realizar sus funciones de forma satisfactoria”, explica la profesora de la Universidad de Burgos. “Podemos compararlo con el cuerpo humano: si empezamos a tener algún problema, todo lo demás se resiente”.

Actualmente, los suelos se enfrentan a numerosas amenazas: la desertificación, la erosión y la deforestación, estrechamente ligadas al cambio climático, son algunas de ellas. Otra que tiene un alto impacto en la calidad del suelo es la contaminación. “Es muy importante prestar atención a los contaminantes del suelo porque se trata de elementos exógenos, que no son naturales y no deberían estar ahí. Un suelo contaminado es un suelo que no está sano, y por lo tanto no puede realizar sus funciones de forma satisfactoria”, ha señalado López.

Una larga lista de contaminantes

Los seres humanos han contaminado los suelos a lo largo de toda su historia. Sin embargo, ha sido durante los últimos siglos cuando el crecimiento urbano, el desarrollo industrial, las prácticas agrícolas no sostenibles y la expansión del transporte, entre otras actividades, han aumentado de forma significativa la presencia de contaminantes en los suelos.

“El suelo se empieza a degradar física, química o biológicamente en el momento en que empezamos a utilizarlo”, corrobora López. “Mantiene su equilibrio porque tiene cierta capacidad de regeneración, pero esta capacidad no es infinita. Llega un momento en que el grado de contaminación es tan grande que se supera este umbral en el que el suelo es capaz de regenerarse por sí mismo”.

Hoy la contaminación del suelo es un problema global. De acuerdo con el estudio 'Global assessment of soil pollution: Report' elaborado por la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) y la UNEP (Programa de la ONU para el Medio Ambiente), pueden encontrarse contaminantes en los suelos de todos los continentes e incluso en las regiones más remotas de la Tierra. Muchos de ellos se mueven a través de corrientes atmosféricas y marinas, tormentas de polvo o el flujo comercial de productos químicos, alimentos y desechos.

Un gran gigante silencioso: ¿cómo nos afecta la contaminación del suelo?

Entre estos contaminantes hay todo tipo de restos de actividades humanas, como productos fitosanitarios, fertilizantes, plaguicidas, desechos urbanos, materiales industriales y de minería, por ejemplo. Uno de los grandes problemas de estos contaminantes es que resultan invisibles al ojo humano, por lo que durante mucho tiempo no se les prestó atención.

Sin embargo, no todos son imperceptibles. El estudio Assessment of agricultural plastics and their sustainability: A call for action, de la FAO, señala que producciones agrícolas y ganaderas utilizan cada año más de 10 millones de toneladas de plástico, de los cuales un porcentaje importante termina en el medioambiente. Como consecuencia, las tierras de cultivo contienen más residuos plásticos y microplásticos que los mares y los océanos.

Su impacto en la salud

El suelo tiene la capacidad de filtrar, amortiguar, retener y degradar contaminantes. Sin embargo, esta capacidad tiene sus límites, y muchos de ellos terminan afectando a la salud de los ecosistemas. La presencia de contaminantes en el medio natural puede llegar, incluso, a provocar la desaparición de organismos en lugares determinados.

“Por eso necesitamos encontrar un equilibrio, lograr un sistema sostenible en el que podamos sacar partido a los suelos y luego dejarlos en las mismas condiciones”, explica López. “Lo ideal sería que las personas que van a utilizarlos después de nosotros los encontrasen en las mismas condiciones, o incluso mejores”.

Esto garantizaría que los suelos pudiesen seguir ofreciéndonos materias primas, recursos energéticos y los alimentos que necesitamos para alimentar a una población en crecimiento. Garantizaría, también, que la contaminación que almacenan dejase de repercutir en la salud humana. De acuerdo con el informe elaborado por la FAO y la UNEP, los efectos de los contaminantes en los seres humanos pueden ir desde la toxicidad hasta el desarrollo de enfermedades crónicas como el cáncer.

Un gran gigante silencioso: ¿cómo nos afecta la contaminación del suelo?

Tierra, agua y aire

Cuando hablamos de la contaminación del suelo, hablamos irremediablemente de la contaminación de todo su entorno. “El suelo es un compartimento medioambiental que está interrelacionado con otros dos, que son el agua y el aire. No podemos tratarlos de forma aislada”, explica López. “La diferencia aquí está en que el suelo es el que menos ha protestado, es el gran silencioso. Cuando el aire está contaminado, lo notamos, genera un problema para la salud pública. Lo mismo ocurre con el agua. El suelo, por otro lado, tiene una gran resiliencia y se mantiene silencioso, pero esto no quiere decir que no se esté viendo afectado”.

Actualmente existen numerosas iniciativas para acabar con la contaminación de los suelos y proteger a este gran gigante silencioso. Estas pasan por limitar el uso de sustancias contaminantes, realizar controles frecuentes para controlar su presencia en los suelos y apostar por la agricultura sostenible.

Entra en juego, también, el papel de los gobiernos y los organismos internacionales. El Pacto Verde Europeo de la Comisión Europea, por ejemplo, tiene como uno de sus objetivos reducir la contaminación del suelo (limitando el uso de plaguicidas al 50 %) y potenciar su restauración para el año 2030.

“La concienciación es muy diferente a la de hace unas décadas”, señala López. “Al menos, nos centramos en la necesidad de que debemos hacer las cosas de otro modo y respetar la salud del suelo, un compartimento medioambiental muy olvidado al que se ha empezado a prestar atención hace muy poco”.