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Tecnología 02 feb 2018

La tecnología y las ‘startups’ llegan a las bodegas

Nada escapa al torbellino de la digitalización, ni siquiera un sector tan tradicional como el vinícola. Cada vez hay más empresas emergentes dedicadas a mejorar el cultivo, comercio y consumo de esta milenaria bebida alcohólica a través de la tecnología. Estas son algunas de las que más están dando que hablar (y beber).

Pasando por algoritmos para encontrar el perfecto maridaje, hasta el ‘TripAdvisor de los vinos’, la industria vinícola está innovando más que nunca. La consultora CB Insights ha elaborado un mapa con las mejores ‘startups winetech’ que están aplicando nuevas tecnologías en este sector. Han identificado 50 empresas  divididas en ocho categorías que, en total, han recaudado más de 400 millones de dólares en financiación en 2017.

En 2016 se consumieron unos 242 millones de hectolitros de vino en todo el mundo, según Statista. Los países que más vino producen son Italia (un 17,43%), Francia (16,73%) y España, que produce un 13,10% del total en el planeta. Francia, además, está entre los seis países del mundo que consume más de 40 litros por persona y año, según el Observatorio Español del Mercado del Vino (OeMv). Con estos datos no es de extrañar que la mayoría de estas empresas vengan del país vecino, Francia, donde se produce casi tanto como se consume a nivel mundial.

La firma que más apoyo económico ha logrado ha sido Coravin (64 millones de dólares), una ‘startup’ que ha diseñado un sistema para abrir, servir y conservar botellas de vino sin necesidad de quitar el corcho. Esta ingeniosa firma forma parte de la categoría de ideas para mejorar la forma de servir esta bebida, junto con otras como Aveine, que trabaja con sistemas de aireación del vino inteligentes: con tan solo escanear la etiqueta, el mecanismo introduce la cantidad justa y necesaria de aire dentro de la botella para servirlo en condiciones perfectas.

Otras empresas seleccionadas por CB Insights, al igual que Aveine, se encargan de reducir la complejidad asociada al consumo del vino para hacerlo más accesible a los menos expertos, así como a proveedores y restaurantes. Uno de los principales retos a los que muchos se enfrentan, incluso antes de tener que abrir la botella, es tan simple como la elección. ¿Cómo distinguir un buen vino?, ¿con qué se bebe cada uno? Ante estas comunes dudas, la inteligencia artificial parece tener una solución.

Maridaje en el siglo XXI

La empresa Matcha, fundada por dos ‘sommeliers’ franceses y dirigida a restaurantes y vendedores, ha desarrollado algoritmos de inteligencia artificial que ayudan a recomendar vinos en función de las preferencias del usuario y de la comida con la que vaya a consumirse. Otro factor que influye en la calidad de la experiencia al consumir esta bebida es conocer la fecha exacta en la que estará en su mejor momento, tarea nada sencilla. Para solucionar este problema, la firma (también francesa) Sublivin ha diseñado un algoritmo que predice ese momento. La ‘startup’ se dirige especialmente a bodegas, a las que ofrece “el asistente inteligente del vino”, con el que sacar el mayor partido de sus cosechas a la hora de venderlas.

Más allá de los expertos, quizás los que más sufren con las exquisiteces del vino son los propios consumidores finales. Para ellos están pensadas varias de las categorías analizadas por la consultora, como las que incluyen aplicaciones para evaluar vinos, servicios de suscripción, o vinos a domicilio. Entre estos grupos destaca la estadounidense Winc, que crea un perfil del ‘gusto’ del usuario a partir de un test en el que se le pregunta qué alimentos y sabores prefiere y cuáles no soporta (café negro, sal, cítricos…). En base a estos datos, la ‘startup’, que ha recibido 42 millones de dólares en financiación, envía cuatro botellas mensuales elegidas a gusto del consumidor gracias al ‘big data’.

Vino sin uvas y bodegas inteligentes

En el modelo de suscripción y envío a domicilio hay de todo tipo: desde las que lo llevan a casa las 24 horas (por ahora solo en París y alrededores) como KOL, que ha recibido ya 1,1 millones de dólares; o las que envían una selección mensual de vinos, pero por copas en vez de botellas, como Vinebox. Tampoco pueden faltar en la lista ‘apps’ para recomendar vinos como WineAdvisor, que permite escanear las etiquetas de las botellas para conocer más de ellas; o la china 9KaCha, que incluye un sistema de reconocimiento de imágenes para identificar los vinos y permite a los usuarios puntuar los que han probado.

Pero además de modelos digitales para la venta y el consumo, también hay firmas que están explorando cómo usar las técnicas avanzadas en biotecnología para mejorar la producción del vino desde su origen. La firma Ava Winery, nacida en San Francisco (EE. UU.), se ha propuesto una ambiciosa misión: hacer vino sin uvas. Para lograrlo, los ocho científicos de su equipo emulan en el laboratorio los cientos de componentes químicos que dan el vino su característico sabor, aroma y textura. Quizás los enófilos más puristas lo consideren un sacrilegio, pero la empresa asegura que su misión es hacer “accesible a todo el mundo un producto tradicionalmente de lujo”.

Por último están las empresas que apuestan por introducir el vino en el ámbito del Internet de las Cosas. En concreto, los sistemas de almacenaje de las botellas, uno de los elementos clave de los que depende su buena conservación.

Empresas como las francesas Caveasy y Cellier Domesticus han creado sistemas de almacenaje inteligentes que monitorizan factores como la temperatura y la humedad y cambian los ajustes necesarios para mantener el vino en condiciones perfectas. También, en el caso de Caveasy, es posible configurar la ‘app’ para que avise a los usuarios cuando su despensa no está lo suficientemente llena. Todo sea por mantener bien provisto al consumidor, ¡salud!

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