Las consecuencias de la crisis han cambiado enormemente el panorama del sector bancario. De las 8.600 entidades que había en Europa en 2008, quedaban 6.500 a comienzos de este año. Además, estos bancos tienen que operar bajo un marco regulatorio mucho más estricto que el previo a la crisis y en un mercado que también ha cambiado. Todo esto está llevando a un giro en el modelo de negocio de los bancos europeos ¿Tienen ahora un perfil más minorista que antes de la crisis? Todo apunta a que sí.

Veamos por qué. En noviembre de 2016,  la Comisión Europea anunció un paquete de medidas legislativas. Una profunda reforma legislativa que abarcó todos los frentes: capital, liquidez, apalancamiento y capacidad de absorción de pérdidas. Esto se añade a las más de 40 iniciativas legislativas en el marco de la regulación financiera acordadas desde 2007.

Esto ha tenido como consecuencia la necesidad de incrementar los colchones regulatorios. Además, los bancos han estado operando en un entorno en el que los mercados de capitales siguen sin funcionar correctamente. De hecho, el BCE mantiene sin cambios sus programa de compras de activos. Estos factores han tenido una consecuencia adicional: un viraje de las entidades financieras hacia un modelo de negocio con mayor peso minorista, en contraste con el modelo de banca de inversión.

De acuerdo con un informe publicado por BBVA Research, en los últimos años se observa un aumento de los depósitos  minoristas como fuente de financiación para  las actividades de los bancos europeos. Esto ocurre en prácticamente todos los países, aunque en mayor medida en aquellos que ya presentaban un perfil claramente minorista (los de Europa del Este).

Los depósitos minoristas han aumentado sustancialmente en la eurozona desde el estallido de la crisis: más del 30% (de 6.900 millones de euros a 9.100 millones de euros). Así, mientras que en 2008 representaban el 22% de los activos totales, ahora suponen casi el 30% de las fuentes de financiación utilizadas por los bancos de la zona del euro.

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En lo que respecta a los préstamos, la evolución ha sido algo diferente. La desaceleración económica y el excesivo apalancamiento de algunos sistemas redujo la demanda de nuevos préstamos. Y esto fue más acusado en aquellos países en los que el componente minorista era mayor. En cambio, tendieron a aumentar en aquellos sistemas  bancarios  (los de Europa Occidental) con  menor  proporción  de  préstamos de empresas y familias.

Si se analiza por países, existe  una  clara  distinción  entre  los emergentes  europeos y los desarrollados. En los primeros, los  préstamos y los depósitos  minoristas  representan  más  de  un  50%  de  los  activos  totales. En cambio, en los  países  de  Europa  Occidental,  constituyen menos de un 30%. España se encuentra en una situación intermedia, con un peso del negocio de banca de inversión mucho menor que el de los grandes bancos franceses, ingleses o alemanes.

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