Lo usamos desde hace tan solo dos o tres generaciones, pero el plástico se ha convertido en un elemento omnipresente en nuestras vida y, según ha confirmado el investigador Andrés Cózar en un estudio que ha recibido el apoyo de la Fundación BBVA, también en nuestros océanos. Incluido, paradójicamente, el que baña uno de lugares menos poblados del planeta: el Océano Ártico.

Según datos de PlasticsEurope, la Asociación de Fabricantes de Plástico de Europa, y EPRO, la Asociación Europea de Organizaciones de Recuperación y Reciclaje de Plásticos, en 2015 se fabricaron 269 millones de toneladas de este tipo de materiales en todo el mundo. Ese mismo año, España fue el cuarto país europeo donde mayor demanda se registró, una demanda que no ha dejado de crecer en los últimos años. Europa es el segundo productor global, por detrás de China y compartiendo podio con América del Norte.

Aunque en 2014 se recogieron 7,5 millones de toneladas para reciclaje, se calcula que una cifra similar, en torno a 8 millones, acaba en ríos y mares. Allí, muchos animales corren el riesgo de ingerirlo o sufrir enredamientos y ahogamientos, desde aves y moluscos a ballenas, tortugas o leones marinos.

León marino, con un plástico enredado en el cuerpo.

En 2014, Andrés Cózar publicó un trabajo en Proceedings of the National Academy of Sciences en el que calculaba que el 90% de toda la superficie oceánica de la Tierra está ya cubierta de residuos plásticos.

Ahora, a través de un estudio que cuenta con el apoyo de la Fundación BBVA y que se ha publicado en Science Advances, el investigador de la Universidad de Cádiz ha podido comprobar cómo la gran cinta transportadora que atraviesa los océanos de la Tierra, la Corriente de Circulación Termohalina, disemina por nuestros mares los desperdicios que generamos.

“La Corriente Termohalina es extremadamente relevante desde el punto de vista climatológico”, explica Cózar. “Esta gran cinta transportadora provoca desplazamiento de agua tanto en superficie como en profundidad y redistribuye el calor del ecuador y las zonas tropicales hacia los polos”. Esta redistribución actúa a modo de regulador térmico planetario.

“Nosotros la acoplamos no solo a una redistribución de calor sino a una redistribución de residuos, ya que son las latitudes cálidas las que están pobladas y las que hasta ahora sabíamos que tienen mayores concentraciones de plástico. Lo que esta corriente está haciendo es extenderlos hacia latitudes polares”.

Tras su viaje, los residuos quedan retenidos en un callejón sin salida en los mares situados entre Groenlandia, Escandinavia y Rusia, donde Cózar calcula que se acumulan hasta 300.000 millones de fragmentos. Muchos de ellos son microplásticos de muy pocos milímetros de tamaño, cuya eliminación resulta muy difícil.

El barco de la expedición Tara Oceans, durante su campaña en el Ártico.

©Anna-Deniaud (Tara Expeditions Foundation)

Los datos de los estudios de Andrés Cózar provienen de los programas de investigación Tara Oceans y Expedición Malaspina 2010, este último liderado por el CSIC con la colaboración de la Armada Española y la Fundación BBVA. Cózar fue uno de los más de 400 investigadores españoles y extranjeros que, entre diciembre de 2010 y julio de 2011, se embarcaron en los buques Hespérides y Sarmiento de Gamboa para evaluar el impacto del cambio global sobre los mares del planeta y estudiar la biodiversidad del océano profundo.

Cózar ha recibido una Ayuda Fundación BBVA a Equipos de Investigación Científica, con la que en los próximos años analizará la evolución de la contaminación por plástico de los océanos desde 1950 hasta la actualidad, y tratará de calcular cómo seguirá evolucionando durante la próxima década.

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