Cerrar panel

Cerrar panel

Cerrar panel

Cerrar panel

Historia 21 feb 2018

La tulipomanía, la primera burbuja económica de la historia

La primera burbuja económica de la historia, conocida como tulipomanía, se produjo en la economía más potente de la Europa del siglo XVII, los Países Bajos. Hoy, Holanda es un país reconocido por ser el máximo productor de tulipanes del mundo. Dicha flor es, sin duda, imagen del propio país, pero, lo que hoy es un símbolo, un día fue una pesadilla que arruinó su economía por completo.

El tulipán llegó a Europa a mediados del siglo XVI, desde Turquía. En aquel tiempo, la alta burguesía centroeuropea acostumbraba a adornar sus jardines con flores de las variedades más exóticas a su alcance; de tal manera, el Embajador austriaco en Turquía no dudó en hacerle llegar al Emperador Rodolfo II de Austria algunos bulbos para sus Jardines Imperiales en Viena y Praga.

El tulipán, la flor oriental precursora de la primavera

Éste fue el germen de una costumbre que se extendió por la aristocracia y alta burguesía europeas hasta el punto de que el tulipán se convirtiese en uno de los elementos más codiciados por las clases más adineradas del viejo continente. Pero, ¿por qué fue precisamente en los Países Bajos donde se enfervorizó esta práctica?

Además de ser el país más rico de Europa, las características climatológicas y geológicas de la región ofrecieron al exótico tulipán las condiciones ideales para su germinación. Aparte, fue precisamente ahí, sin que los botánicos consiguiesen averiguar por qué, el único lugar en el que la brillante flor oriental comenzó a experimentar mutaciones que otorgaban intensos y aleatorios colores a sus pétalos, llamando a la puerta de la vanidad de las clases más ricas del país.

BBVA tulipan tulipomanía burbuja económica

Las flores que sufrieron mutaciones llegaron a valer 40 años de sueldo de un artesano medio

A lo largo de las tres primeras décadas del siglo XVII, el tulipán fue la estrella de los jardines de los más ricos personajes holandeses y, de forma paulatina, fue incrementándose su precio. Pero, no fue hasta fechas cercanas a 1630 cuando el mercado saltó de las clases más altas a las clases medias y bajas. El negocio se convirtió en una práctica de taberna, lugar en el cual hombres de toda índole y condición se daban cita para comprar y vender los bulbos.

Una solvente fábrica de cerveza, el valor de 25 toneladas de mantequilla, una mansión, una casa en el barrio más acomodado del país, el valor de 80 cerdos, un barco mercante con su tripulación o 250 toneladas de trigo, son sólo algunos ejemplos, registrados documentalmente, de lo que se podía llegar a pagar por uno de aquellos preciados tubérculos. Cuanto más extravagante era la flor respecto a sus colores, más codiciada era y, por lo tanto, mayor su precio en el mercado.

Pero fue la avaricia humana la que originó la catástrofe; la que provocó que la sociedad terminase por considerar insuficiente el mercado físico. Éste sólo podía producirse entre verano y primavera, que es cuando los bulbos pueden estar fuera de la tierra. Fue entonces, en otoño de 1636, cuando entró en funcionamiento la compra-venta de futuros bulbos procedentes de la siguiente recogida.

A este mercado se le llamó el “Negocio del aire”

Un bulbo virtual, sobre el papel, podía cambiar hasta 10 veces de manos en un solo día, generando beneficios en cada uno de los intercambios.  El precio subió entre un 500 y un 2000% en tan solo unas semanas, exacerbando el impulso de inversión de toda la sociedad, que invertía todo lo que tenía en comprar al menos uno de aquellos pagarés.

Mucha gente se endeudó de por vida para poder participar holgadamente en el mercado del tulipán, hipotecando su casa, sus tierras, sus pertenencias o, incluso, prometiendo décadas de sus futuros sueldos.  Ya no se trataba de la vanidad de adornar el jardín con las mejores flores del continente; se había construido de la nada un mercado financiero de futuros en el que estaba involucrada toda la sociedad.

El 5 de febrero de 1637 se vendieron 40 bulbos por 100.000 florines (un artesano bien pagado de la época tenía una renta anual de 150 florines), pero, en aquel momento nadie pudo ni tan siquiera imaginar lo que estaba a punto de ocurrir. La mañana del 6 de febrero en una taberna de Haarlem, un comerciante puso a subasta algo menos de medio kilo de bulbos por 1250 florines, una buena oferta; nadie la aceptó.

El comerciante, sorprendido, al igual que todos los presentes, bajó el precio a 1000 florines y tampoco hubo comprador. Cundió el pánico, la noticia se propagó por todo el país en un solo día. Los desesperados intentos por minimizar las pérdidas provocaron que toda la sociedad quisiera vender. Ya nadie quería comprar, la primera burbuja financiera de la historia acababa de estallar.

Los estragos de una crisis financiera

En tan solo un par de meses el valor del tulipán descendió en casi un 100%. Los poseedores de futuros bulbos no tenían nada, los endeudados de por vida habían firmado su ruina económica perpetua. El mundo se había visto azotado por la primera gran crisis proveniente del pinchazo de una burbuja financiera.

Sólo una fuerte, y muy costosa, intervención del Estado, el Gobierno de Holanda (como suele ser habitual en las crisis financieras), permitió que de manera paulatina se fuese recobrando la normalidad. Una de las primeras medidas fue la anulación de la inmensa mayoría de contratos futuros que hubiesen condenado económicamente a miles de personas. A pesar de ello, aún se tardaría muchas décadas en dejar definitivamente atrás los estragos del “negocio del aire”.

BBVA tulipanes bulbos tulipomanía burbuja económica

Los bulbos de tulipán, que anteriormente suponían una fortuna, ya no valían prácticamente nada

La importancia del mercado del tulipán en la economía holandesa fue tal, que, entre 1633 y 1637, el volumen de la compraventa de tulipanes fue más de diez veces superior al montante de los ingresos de los empresarios más poderosos del país; y la inflación tal, que en la actualidad se podría adquirir una cantidad cercana a 300.000 tulipanes si se estuviese dispuesto a pagar lo que se llegó a pagar en la época por sólo uno de ellos.

La desregularización del mercado, el exotismo inesperado de la flor producido por las mutaciones, la vanidad humana y, sobre todo, el convencimiento en que era una inversión segura, fabricaron en tan solo unos años una burbuja financiera que fue precursora de todas las que le han seguido hasta la actualidad, copiando todas ellas gran mayoría de síntomas y condicionantes de la propia tulipomanía.

El tulipán holandés en la actualidad

Hoy en día el mercado holandés del tulipán es un mercado regulado, eficiente y muy prolífico para los Países Bajos, acumulando el 80% de la producción mundial de la históricamente controvertida flor.

Nota: Actualmente se conoce que las mutaciones de la flor eran fruto de una enfermedad de la planta, un virus trasmitido por el pulgón común que producía variaciones en el ADN y, consecuentemente, cambios en el color de sus pétalos. En definitiva, el pulgón común hizo enfermar al tulipán de igual manera que la tulipomanía hizo enfermar todo el entramado económico holandés.

Otras historias interesantes