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¿Cómo se financian las empresas? Préstamos versus bonos

En un contexto sujeto a la volatilidad de los mercados financieros, las ventajas de diversificar las fuentes de financiación son evidentes para las empresas, sea cual sea su tamaño. En la financiación a largo plazo destacan dos instrumentos, el préstamo (sindicado o bilateral) y el bono, colocado entre inversores. Ambos instrumentos pueden ser más o menos adaptados a las necesidades de plazo y precio de la compañía, su perfil crediticio, su capacidad de repago, el momentum de mercado, etcétera.

Dicho de otro modo, a una empresa ¿qué le conviene más en el entorno actual: pedir financiación a su(s) banco(s) de relación o emitir deuda en el mercado de bonos? ¿Son estos dos instrumentos realmente excluyentes entre sí? Veámoslo brevemente.

El acceso a las fuentes de financiación

El universo de compañías con acceso directo a los préstamos bancarios es sin duda mucho más amplio que el de emisores potenciales en el mercado de bonos. Tradicionalmente, las pymes y empresas de menor tamaño han venido dependiendo en gran medida, sino exclusivamente, de las entidades bancarias a la hora de endeudarse, especialmente en Europa, donde la bancarización de la economía ha sido históricamente muy fuerte. Muchas empresas no cuentan con un tamaño y un volumen de deuda suficiente para plantearse la necesidad de diversificar sus fuentes de financiación y, por tanto, en el universo de compañías, el número de empresas con emisiones es muy bajo.

El tópico de que sólo las grandes multinacionales pueden emitir bonos ya no es una realidad

El tópico de que sólo las grandes multinacionales pueden emitir bonos ya no es una realidad. La tendencia actual apunta hacia una dependencia cada vez menor de la financiación bancaria, especialmente tras los recientes años de crisis económica donde los bancos se vieron obligados a contraer sus balances en un contexto de restricción del crédito. Desde ese punto de vista, el tamaño crítico para acceder al mercado de bonos se ha reducido notablemente como demuestra en España la creación del MARF, o Mercado Alternativo de Renta Fija, con vocación de que pymes y empresas medianas puedan convertirse en emisores. La desintermediación financiera es un hecho aunque España se sitúa muy lejos todavía de otras geografías, como Estados Unidos, donde la penetración del bono es mucho más importante.

bonos versus préstamos 2

Financiación que se adapta a las necesidades de la empresa

Una compañía en búsqueda de plazos largos para financiarse (más de 5 años) y pocas obligaciones financieras con sus acreedores verá mucho valor en el formato bono. Por la propia aversión al riesgo, y sobre todo por el contexto regulatorio, a los bancos no les compensa prestar a muy largo plazo. Para las compañías con rating público de grado de inversión o investment-grade (BBB- o superior), los mercados de renta fija son actualmente mucho más eficientes que el mercado bancario, no sólo en plazo sino también en términos de coste financiero.

Si tomamos como ejemplo a las principales compañías del Ibex 35 (mayoritariamente de rating investment grade), veremos que tienen un mix de deuda bancaria versus emisión de renta fija en el que el volumen de deuda en formato bono representa más del 50% del total, llegando en algún caso a volúmenes del 80% de su deuda en bono. Para las demás compañías con rating subinvestment-grade o high yield (BB+ o inferior), el formato bono sigue ofreciendo la ventaja de plazos más largos, de tener un perfil de repago a vencimiento sin cuotas de amortización intermedias y de tener obligaciones financieras, o covenants, limitados, si bien ya no es tan competitivo en coste respecto al préstamo bancario.

¿Por qué entonces el préstamo bancario en sus distintos formatos sigue siendo el instrumento de referencia para muchas compañías a la hora de endeudarse? Ante todo por la flexibilidad que ofrece en términos de repago anticipado sin penalización alguna y de renegociación de condiciones (plazo, tipo de interés, calendario de amortización, etc) mediante novaciones. Esto queda especialmente patente en la financiación bancaria bilateral, entre una compañía y un banco, aunque también aplica al formato de préstamo sindicado donde las renegociaciones de condiciones y alteraciones de plazo y calendario son muy habituales. De alguna manera, el préstamo tiene la gran ventaja de ser estructurado a la medida de la compañía y adaptable a la evolución de la misma, más si cabe cuando se trata de un banco de relación con una vocación de apoyo a largo plazo.

Por otra parte, la política monetaria actual llevada a cabo por el Banco Central Europeo ha aliviado la sequía crediticia en los últimos 3 años. La liquidez bancaria ha vuelto para quedarse y se ha venido plasmando en todo el espectro crediticio, propiciando una mejora muy notable en las condiciones de los préstamos bancarios. Hasta un plazo de 5 años, para la inmensa mayoría de compañías, el préstamo será sin duda competitivo en coste financiero además de las ventajas estructurales ya mencionadas y sin requerimientos de rating.

Bonos y préstamos: financiación complementaria

La realidad es que contraponer el préstamo al bono no tiene sentido, son productos complementarios en muchos casos, y así lo entienden las compañías más sofisticadas. Combinar las características de un formato con las del otro tiene como objetivo sentar una estructura financiera optimizada y diversificada en cuanto a fuentes de financiación.

Un buen ejemplo de cómo articular préstamo bancario y bono es el de las financiaciones de adquisición donde el fondeo de la compra está garantizado por un préstamo bancario asegurado por una serie de entidades financieras, generalmente llamado puente por su vocación de corto plazo (bridge to bond), con el objetivo de ser cancelado y refinanciado en el mercado de bonos a más largo plazo, una vez la adquisición se ha llevado a cabo.

Contraponer el préstamo al bono no tiene sentido, son productos complementarios en muchos casos

Estas estructuras híbridas de valor añadido demuestran hasta qué punto la desintermediación financiera, reflejada en el auge del formato bono en los últimos años, no supone ni mucho menos el declive de la financiación bancaria.

En este sentido, BBVA cuenta con un equipo de profesionales en la que la interacción con los clientes en cuanto a financiación se basa siempre en dar la mejor recomendación independientemente del instrumento, préstamo o bono, con el objetivo de implementar soluciones integrales y creativas de valor añadido, optimizando así el customer experience.


Este artículo ha sido elaborado por Emilio López Fernández, responsable de préstamos corporativos para Iberia, y Javier Urraca, responsable de renta fija para clientes de Banca de Empresas y Corporaciones.

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