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“Conseguí mi primer crédito sin pedirle permiso a mi esposo. Me sentí libre e independiente”

No es ficción ni una frase rescatada de una hemeroteca: lo ha dicho Elisa Cuchupoma, una mujer peruana que se “atrevió” a pedir un préstamo sin decirle nada a su marido, porque encontró una entidad –la de la Fundación Microfinanzas BBVA en Perú–, que no le exigió más que esfuerzo y capacidad emprendedora. “Dejé de necesitar el dinero que me daba mi marido para el día a día y tuve que demostrarle que era tan capaz como él”, ha añadido esta emprendedora en la presentación del Índice de Instituciones Sociales y Género 2019 (SIGI) del Centro de Desarrollo de la OCDE, que se acaba de presentar en Madrid.

Una de las conclusiones principales del informe es que existen todavía costumbres, normas sociales e incluso leyes que lastran el progreso de mujeres como Elisa y que nos les dejan avanzar. Porque ella es solo una de los millones de mujeres en América Latina que arrastran el peso de la discriminación y el machismo pero que no se conforman.

En el acto, organizado por la OCDE junto a la FMBBVA y la Secretaría General Iberoamericana, Elisa le ha puesto voz y rostro a un documento que señala, por ejemplo, que el 36% de los latinoamericanos no se siente cómodo con que las mujeres ganen más que los hombres.

“La débil implementación de las leyes y la persistencia de normas sociales discriminatorias son los principales obstáculos para alcanzar la igualdad de género en la región de aquí a 2030”, ha asegurado la jefa de la división de Redes, Alianzas e Igualdad de Género del Centro de Desarrollo de la OCDE, Bathylle Missika. El coste social es muy alto y  cuantificable: a América Latina, la desigualdad de género le cuesta más de 400.000 millones de dólares.

Elisa y otras 12 mujeres tejen, cosen, cocinan o amasan pan para derribar estas barreras. Se avalan mutuamente y se apoyan entre ellas: esas son las principales ventajas del crédito grupal “Palabra de Mujer”, con el que la Fundación ya ha apoyado en Perú a más de 90.000 mujeres en vulnerabilidad económica.

“Además de unas condiciones y unos requisitos sencillos, me gusta mucho el acompañamiento que nos ofrecen: nuestra asesora nos ayuda a gestionar el grupo y nos aconseja sobre las finanzas, el negocio, la familia, la casa…”, cuenta esta emprendedora que lleva trabajando desde que su familia la mandó a Lima con solo 12 años para que optara a un futuro mejor.

“Nuestra asesora nos ayuda a gestionar el grupo y nos aconseja sobre las finanzas, el negocio, la familia, la casa”

De momento, con 30, es una mujer independiente, dueña de un pequeño negocio con más de diez trabajadoras, y madre de un hijo de 13 años. De hecho, su mayor prioridad es que siga yendo al colegio y su sueño, construir una casa que resista al tiempo porque ahora es de madera.

(De izq. a der.): La responsable de Empoderamiento de la Mujer de la Fundación Microfinanzas BBVA, Laura Fernández Lord; el director general de la Fundación Microfinanzas BBVA, Javier M. Flores; la Secretaria General Iberoamericana, Rebeca Grynspan; la jefa de la División de Redes, Alianzas e Igualdad de Género del Centro de Desarrollo de la OCDE, Bathylle Missika; el Embajador y Representante Permanente de España ante la OCDE y Presidente del Consejo Directivo de su Centro de Desarrollo, Manuel Escudero; y las emprendedoras de la Fundación Benita Hernández (Rep. Dominicana) y Elisa Cuchupoma (Perú) - Fundación Microfinanzas BBVA

Según la Secretaria General Iberoamericana, Rebeca Grynspan, que ha hablado también en la presentación del SIGI 2019, “todos los estudios muestran que, si eliminamos las barreras para el empoderamiento económico de las mujeres, vamos a tener un crecimiento más dinámico e inclusivo, más equidad y menos pobreza”.

Ese es el mundo al que aspira la Fundación Microfinanzas BBVA, que ya apoya a más de dos millones de emprendedores en América Latina; 1,2 millones son mujeres como Elisa, incansables en su esfuerzo y optimistas en su futuro.

Porque ese mundo al que nos acercamos, pero que todavía vemos de lejos, necesita esa ilusión y ese trabajo pero también contar con el apoyo de instituciones públicas y privadas y una ley que no limite su potencial: once países de la región siguen prohibiendo a las mujeres ejercer las mismas profesiones que los hombres. Ya no se trata solo de progreso, desarrollo o crecimiento económico: es una cuestión de igualdad, justicia y humanidad.

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