La gestión de las finanzas personales requiere de un cierto conocimiento previo para el que no se prepara a los niños y adolescentes durante su etapa formativa. Si bien es cierto que cada vez existe una mayor conciencia en cuanto a la necesidad de una formación que tenga que ver con lo más esencial del mundo financiero más cercano, son todavía muchas las lagunas que jóvenes y mayores tienen respecto a cómo manejarse con el dinero y sus alrededores. A continuación se presenta una muestra de los errores que más frecuentemente se cometen en la gestión de las finanzas personales.

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  • No realizar presupuestos mensuales

La realización de un presupuesto mensual es el primer aspecto que debería tener cubierto cualquier persona o familia antes de enfrentarse a la realidad económica en la que se mueve a diario. El presupuesto no es otra cosa que un sencillo documento de previsión de los ingresos y gastos a los que se va a enfrentar quien lo realiza, con el fin de evitar desagradables sorpresas que lleven a no poder cerrar el mes con un cierto saldo positivo.

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Aquellos que no tienen en cuenta la trascendencia de la elaboración de un presupuesto suelen encontrarse con la aparición de gastos no contemplados, por la ausencia de la revisión previa, que pueden provocar indeseadas tensiones de tesorería. Asimismo, el presupuesto es una herramienta que permite ser consciente no sólo de a cuánto asciende la partida de gastos de la mensualidad sino de cuáles son los conceptos que conforman esos gastos. Mediante el presupuesto es muy sencillo tener claro en cada momento de qué partidas se puede prescindir o cuáles se pueden corregir sobre la marcha para ajustarse de manera óptima a la realidad del momento.

  • No construir un fondo de emergencia

El fondo de emergencia, referido popularmente como colchón, no solamente es útil sino que es prácticamente necesario para cada economía doméstica. Por muy bien que se haya realizado un presupuesto, la sombra de los imprevistos acecha en no pocas ocasiones.

Un electrodoméstico que se estropea, una avería importante en el coche, una enfermedad grave o un robo son situaciones que no acontecen a diario pero que no son infrecuentes a lo largo de la vida. Pueden provocar momentos complicados en la vida familiar si no se ha sido ordenado y riguroso a la hora de destinar un cierto ahorro para casos como los descritos, teniendo que recurrir al pago a través del crédito con un incremento del monto debido a los intereses.

  • Realizar compras innecesarias

Las compras que no son necesarias pueden fagocitar una parte considerable de la capacidad financiera sin que apenas se dé uno cuenta de ello. Caprichos en la compra del supermercado, estancias en hoteles de mayor rango que el necesario, la compra de ropa nueva cuando no hay necesidad real o un teléfono móvil último modelo son algunos ejemplos de los que se puede prescindir para reorganizar mejor los gastos y ajustarlos así a los ingresos a la hora de realizar el presupuesto.

  • No tener en cuenta el paso del tiempo

Un trabajador se acerca a la edad de la jubilación en menos de lo que uno se espera y ser consciente de ello ayuda a que el inevitable momento en el que los ingresos vayan a bajar considerablemente no resulte una sorpresa.

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Pasados los primeros años de la incorporación al mercado de trabajo conviene ponerse a estructurar una forma de ahorro que permita tener un considerable complemento a la hora de la jubilación. Nadie es joven para siempre por mucho que la salud y el buen aspecto físico acompañen. No afrontar a tiempo este importante deber con uno mismo puede llevar a que el descuido suponga un problema de muy complicada resolución.

  • Destinar demasiado gasto a la vivienda

El gasto en vivienda va a depender de varios factores en la vida de una persona. Uno de ellos es el momento que viva el mercado inmobiliario y el precio del dinero en el momento de la compra y el otro, tiene que ver con los ingresos, que suelen ir variando a lo largo de la vida laboral del trabajador.

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La recomendación más habitual respecto al porcentaje de los ingresos que se deberían destinar al pago de una hipoteca suele rondar sobre un tercio de la capacidad económica de una familia. Rebasar ese límite puede comprometer la salud financiera e impedir afrontar otros gastos también necesarios del día a día.

  • Olvidar las inversiones o tomar malas decisiones en ellas

Siempre que se pueda hay que intentar sacar rentabilidad al ahorro. El dinero no debería estar quieto. No es tarea sencilla ni mucho menos pero tampoco hay prisa para dar con la tecla adecuada. En muchas ocasiones basta con tratar de dedicar tiempo a una cierta formación financiera o buscar asesoría al respecto.

Los depósitos, los fondos de inversión en todas sus modalidades y grados de riesgo, la bolsa o hacerse con una porción de alguna pequeña empresa son algunas de las muchas posibilidades que existen al alcance del ahorrador.

  • Tener una sola fuente de ingresos

Dejar que todos los ingresos familiares dependan de un único origen puede ser peligroso. Bien porque se pierda el trabajo o porque en cualquier momento no quede otra que tener que asumir más gastos por la razón que fuera.

Resulta muy recomendable estudiar el mercado e identificar posibles nichos en los que conseguir ingresos extra que complementen los principales y ayuden a diversificar los riesgos al mismo tiempo.

  • No contar con la asesoría de un experto

Ponerse en manos de un experto financiero tiene un cierto coste económico pero sirve para notar muy pronto el beneficio que supone para el bolsillo contar con sus servicios. Desde la ayuda con los impuestos hasta el consejo a la hora de invertir, pasando por las recomendaciones durante valles de liquidez, la presencia de un asesor financiero resulta hoy en día un activo casi imprescindible.

  • Vivir a crédito por sistema

La falta de planificación puede hacer que no se controlen los gastos y por tanto se tenga que recurrir a la financiación en algún momento. Conviene ser conscientes del error cometido y hacerse con las riendas del presupuesto porque de lo contrario no es complicado entrar en una espiral que empujen al endeudado a seguir por ese desaconsejable camino, que no solamente supone un mayor esfuerzo financiero para devolver las deudas contraídas sino que impiden volver a la normalidad a la economía familiar.

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  • No poner un límite claro a las aficiones

Todo el mundo tiene alguna afición que ha ido cultivando a lo largo de los años, pero como con todo lo demás, con los hobbies también hay que ponerse unos límites. El hecho de que uno sea muy aficionado a la lectura o a la música, por poner un ejemplo, no puede significar que tenga que hacerse casi con cada libro o disco que le llama la atención. Lo mismo puede ocurrir con el deporte y las competiciones en vivo o con cualquier otra modalidad.

Para no caer en el exceso de gasto en las citadas aficiones, se recomienda poner de antemano un presupuesto anual ajustado a las posibilidades económicas de cada uno. El mismo límite permitirá asimismo poder disfrutar mejor de esos pequeños caprichos cuando lleguen.

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