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Un profesor jubilado y otro en activo charlan sobre los cambios en educación en España

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La pandemia ha transformado la enseñanza en poco tiempo. La tecnología es uno de los factores más destacados que comentan Francisco Caballero y María Medina, dos profesores que han enseñado en épocas muy distintas. Su irrupción (tabletas, ordenadores con proyector…) ha sido uno de los hitos en el sistema educativo.

"Me imagino repartiendo ‘tochos’ de fotocopias por las casas de mis alumnos, y todo el día enganchado al teléfono. Pero tanto mis compañeros como yo habríamos llegado a nuestros estudiantes, estoy seguro", responde Francisco Caballero, 70 años, jubilado desde hace 10 después de cuatro décadas como maestro de matemáticas, la última en el IES La Sisla de Sonseca (Toledo), cuando se le pregunta cómo lo habría hecho él si hace 30 años le hubiera tocado lidiar con una educación a distancia debido a una pandemia. A María Medina, 27 años, graduada en Español: Lengua y Literatura, y profesora interina de lengua en el mismo instituto público toledano, no le formulamos la pregunta en condicional. A ella le ha tocado mantener el proceso de enseñanza-aprendizaje en remoto, qué remedio, y lo ha logrado gracias a la tecnología.

"Para mí, la tecnología lo ha sido todo", remacha Medina. Zoom y Google Meet (herramienta mediante la que, por cierto, tiene lugar esta entrevista a tres bandas), Flipgrid para exámenes orales.

En esos meses, por necesidad, Medina ganó la competencia digital que quizás habría tardado años en alcanzar en circunstancias normales. "Me convertí en ‘youtuber’; como las clases no se podían grabar por Zoom, por tratarse de menores, en mi tiempo libre me ponía a hacer video-tutoriales", señala. "Con los cursos más altos utilicé Google Classroom pero con los más pequeños tuve que tirar del aula virtual de Papás 2.0. [la plataforma educativa de Castilla-La Mancha], que fallaba y se caía", recuerda. "¿Cómo no iba a colapsar, si estaba diseñada para atender a 15.000 o 20.000 usuarios y, de golpe, se conectaban 500.000?", enfatiza Caballero. "El centro no estaba preparado", añade la docente en activo.

"Hay chicos que no tienen ordenador y solo disponen del ‘smartphone’ de sus padres, compartido con sus otros hermanos", lamenta Caballero, que da clases de español, como voluntario, a mujeres paquistaníes y marroquíes. Comenzó a manejarse con WhatsApp para comunicarse con ellas, y conoce la realidad de sus hogares. En lo más duro del confinamiento, aprendió a recargar online las tarjetas móviles de sus alumnas, para que sus hijos tuvieran datos y pudieran seguir el ritmo desde casa. "Ésa es una realidad; otra es la de los alumnos que tienen los medios pero no saben cómo utilizarlos", apunta Medina, que se ha encontrado con varios casos así: "Se quedaban descolgados porque no tenían competencia digital; no sabían ni cómo abrir un correo electrónico. Preguntaban a sus padres, y ellos tampoco sabían. Al final terminaba guiándolos yo por teléfono".

Esta crisis sanitaria ha destapado carencias que Caballero señalaba cuando estaba en activo, como los currículos muy extensos (metodologías y planes de estudio que definen los objetivos educativos) y las aulas muy atestadas. Consultando con María comprueba que han bajado, pero no tanto: actualmente las ratios están en 30 en ESO, en 40 en Bachillerato. Aunque en su IES ahora, por la COVID-19, la ratio ha bajado a 23 alumnos en ESO. Otros centros educativos han optado por la semipresencialidad.

"Dedicamos un 4% del PIB a educación; cuando lleguemos al 6,5% de alemanes o finlandeses, hablamos", apunta el profesor jubilado, que se ha sentido verso libre en claustros y departamentos. "Siempre he creído que en el aula había que contar pocas cosas, pero bien contadas", comenta. "Apostaba por el aprendizaje de capacidades, por competencias, no por los conocimientos instructivos", prosigue. Vocacional declarado, cree que cada docente es único en su forma de enseñar, porque cada persona es diferente, y educa según su experiencia, y lo que le funciona. "Yo lo hacía sin ordenador, sin proyector, muchas veces con ventanas sin cristales y estufas que no funcionaban", se ríe. Si, por ejemplo, el día era lluvioso, retaba a su clase a calcular los litros caídos en el estadio Santiago Bernabéu.

"Las explicaciones ahora son más cortas, aunque siguen siendo expositivas, y hay más ejercicios en clase, para que el profesor sepa dónde se atasca cada cual", observa Medina, partidaria de metodologías activas, más dinámicas y lúdicas, basadas en la tecnología, que ha intentado poner en práctica, y no le han funcionado. ‘Escapes room’, ‘flipped classroom’, gamificación. "Me encantan, creo que es lo que demanda el alumnado ‘millennial’, nativo digital, pero para eso necesitamos equipamiento, grupos más pequeños, y que los alumnos vinieran de casa con unas normas básicas de disciplina y educación", reclama. "Incorporo pequeñas dosis, pero no son el eje vertebrador de mi día a día; en mis clases predomina la metodología expositiva tradicional", admite. "Al final, como no se dan las circunstancias, vuelves a lo seguro", concede Caballero. Ella asiente.

Caballero se declara autodidacta. Medina se siente satisfecha con su formación inicial (el máster de un año que sustituye al antiguo CAP para acreditar al profesorado de Secundaria). Él se ha llevado a sus chicos y chicas de excursión sin pensárselo demasiado. "Menos mal que nunca pasó nada". Y se ha vuelto de las casas de sus estudiantes cargado de nueces o naranjas. Ella tuvo problemas por llamar a una madre a las 19.00 (fuera del horario lectivo) durante el confinamiento para decirle que su hija no estaba haciendo nada. "Yo no me arriesgo a ir a una casa", exclama.

Tanto el alumnado como la relación con las familias ha cambiado, según coinciden ambos. "A mí no es solo que los padres me tuteen, que eso lo hacen todos, sino que algunos, como me ven joven, me dicen cosas como 'Hola, guapa' o 'Muchas gracias, chiqui", destaca María, no demasiado contenta. El maestro jubilado dio clases en la antigua EGB, cuando la educación era obligatoria hasta los 14 años. La profesora en activo enseña en la ESO, con chicos y chicas de hasta 16 años, algunos de los cuales no quieren estar en el aula. "No podemos tratarlos a todos por igual; el café para todos no sirve", enfatiza Francisco. "En mi infancia, a la escuela iba uno de cada 10 niños; el resto estaba en la calle", recuerda. Medina observa "familias muy sobreprotectoras" y lamenta (a coro con Caballero) el poco reconocimiento social que tienen hoy los docentes.

Reimaginando las aulas post-pandemia

El cierre masivo de colegios, institutos y universidades de los dos últimos cursos escolares y la forzosa educación en remoto muestran que no todos los centros, profesores, alumnos y familias están preparados para enseñar y aprender online. La conectividad y los recursos tecnológicos son clave, pero también lo son las competencias digitales necesarias para su correcta utilización. En este sentido, BBVA y Fad presentaron en junio de 2020 Educación Conectada, un proyecto que comprende un conjunto de acciones dirigidas al ámbito educativo tras la crisis causada por la pandemia. Ésta dejó al descubierto las carencias en competencias digitales de los principales colectivos que forman la comunidad educativa (centros, docentes, familias y alumnado). Para ayudar a paliar dichas carencias, el proyecto ha formado en 2021 a 15.000 personas de la comunidad educativa para avanzar en el proceso de transformación digital de la educación española, con el objetivo de reducir la brecha de uso digital.

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