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¿Qué hay que hacer para garantizar la sostenibilidad de las pensiones?

Rafael Doménech, responsable de Análisis Macroeconómico de BBVA Research lo tiene muy claro: “El reto de ahora es converger a un sistema de cuentas nocionales o individuales”.

Doménech además de ser economista, asesor, autor de diversas publicaciones y responsable de Análisis Macroeconómico de BBVA Research desde 2009, es catedrático de Análisis Económico de la Universidad de Valencia. Una dilatada experiencia que le confiere precisión y claridad a la hora de transmitir cuáles son las mejores propuestas para hacer sostenible el sistema de pensiones.

En esta entrevista, Rafael Doménech explica detalladamente cómo se podría aplacar la desviación persistente del déficit de la Seguridad Social y el recurso continuado al Fondo de Reserva, que ha disminuido un 62% desde los 66.800 millones que alcanzó en 2011. Un hecho que ha generado una vez más un intenso debate sobre la viabilidad del sistema de pensiones en nuestro país.

P.- Desde 2010 hay una política más decidida en la reforma del sistema público de pensiones, pero el actual déficit de la Seguridad Social y la disminución del Fondo de Reserva indican que no ha sido suficiente. ¿Por qué ahora es el mejor momento para converger a un nuevo sistema de reparto más eficiente y transparente?

R.- Las últimas reformas han servido para mejorar la sostenibilidad del sistema, pero no son suficientes desde el punto de vista de la eficiencia, transparencia y suficiencia. Estos retos siguen pendientes y cuanto más tardemos en afrontarlos menos gradual y anticipados podrán ser los cambios. Ahora el reto es converger cuanto antes a un sistema de cuentas nocionales o individuales, como ya tienen otros países europeos desde hace décadas.

P.- ¿Implantar un sistema de cuentas nocionales, por lo tanto, es la única opción? ¿Qué ventajas ofrece este sistema?

R.- No es la única opción, pero es la mejor por sus ventajas en términos de transparencia, flexibilidad, anticipación y cuentas claras para trabajadores y pensionistas. El sistema sigue siendo de reparto, de manera que cada trabajador paga sus contribuciones con las que se financian las pensiones presentes. Pero esas contribuciones dan lugar a derechos para la pensión futura, que se van acumulando durante toda la carrera en cuentas individuales, bajo el principio de que un euro de contribución da derecho a un euro de pensión contributiva. A diferencia del sistema actual, los trabajadores saben en cada momento lo que tienen acumulado. Al llegar a la jubilación esos derechos acumulados dan lugar a una pensión que asegura el equilibrio actuarial, en función de la edad de jubilación y la esperanza de vida.

“El reto es converger cuanto antes a un sistema de cuentas nocionales o individuales, como ya tienen otros países europeos desde hace décadas

P.- ¿Cómo debería ponerse en marcha la reforma para que fuera lo menos traumática posible? ¿Cómo debería implantarse este sistema?

R.- Su implantación debería ser gradual. Suponiendo, por ejemplo, que se consiguiera implantar un sistema de cuentas nocionales en 2020, las pensiones de los trabajadores que se jubilasen durante los primeros años, a partir de esa fecha, vendrían determinadas en su mayor parte por el sistema actualmente vigente. Cada año iría aumentando el porcentaje de la pensión calculada con el sistema de cuentas nocionales. Solo al finalizar el periodo de transición (en Suecia duró 15 años) se jubilarían los trabajadores con pensiones calculadas íntegramente con el nuevo sistema.

P.- ¿Qué suponen las tasas de reemplazo -tasas de sustitución- y beneficio actuales para España? ¿Se podrán mantener esas tasas?

R.- La tasa de reemplazo es el porcentaje que supone la pensión inicial sobre el último salario antes de la jubilación. La tasa de beneficio es el porcentaje que supone la pensión media sobre el salario medio. En la actualidad esas tasas son de las más altas de Europa. Por ejemplo, la tasa de beneficio en 2013 era 65,4%, la segunda más alta de toda la UE y 23 puntos superior a la media de las ocho economías más avanzadas (42,4%). La tasa de reemplazo es incluso superior. Es difícil mantener estas tasas. Hay que entender que con la cotización del 28,3% de un año de salario (sumando la aportación de la empresa y del trabajador) no se financiarían ni tres meses y medio de la futura pensión expresada en valor presente.

Rafael Doménech, responsable de Análisis Macroeconómico de BBVA Research

P.- ¿Y cómo hemos podido mantener hasta ahora esas tasas de beneficio y de reemplazo?

R.- Básicamente porque entraban al mercado de trabajo más cotizantes que personas que se jubilaban y pasaban a ser pensionistas. Pero a partir de los próximos años todo hace pensar que va a ocurrir lo contrario, cuando se empiece a jubilar la generación del baby boom. El número de pensiones va a crecer desde algo más de 9 millones en la actualidad a más de 15 en 2050. Ante estas previsiones, para mantener las tasas de beneficio y reemplazo actuales necesitaríamos que los afiliados a la Seguridad Social crecieran en 10 millones, hasta superar los 27 millones en 2050. No es imposible pero es difícil que ocurra y exigiría flujos migratorios muy importantes, que solo serán posibles si nuestra economía es capaz de atraer muchos inmigrantes mediante un crecimiento y salarios elevados, y tasas de desempleo reducidas.

P.- Si las tasas de reemplazo y beneficio disminuyen, ¿necesitaremos más ahorro privado para la vejez?  

R.- El sistema público de pensiones debe asegurar pensiones suficientes, lo que exige también un sistema de pensiones mínimas que eviten cualquier riesgo de exclusión social. Pero si como resulta previsible disminuyen las tasas de reemplazo y de beneficio, asegurar una mayor renta disponible en el momento de la jubilación requiere una mayor responsabilidad individual a lo largo de la vida laboral. Primero, con carreras más intensas en empleo, más largas y más productivas, que permitan pensiones más elevadas. Segundo, con más ahorro privado si así se desea. Como en otros países que nos preceden en las mejoras de sus sistemas, sería conveniente crear cuentas individuales de capitalización de adhesión automática, con aportaciones tanto del trabajador como de las empresas en las que fuera trabajando a lo largo de su carrera laboral, independientemente de que la gestión de esas cuentas fuera pública o privada. En cualquier caso, para tomar estas decisiones lo mejor es estar bien informado y para ello, de nuevo, las cuentas nocionales son la mejor forma de proporcionar esta información a lo largo de la carrera laboral de cada trabajador.

“El número de pensiones va a crecer desde algo más de 9 millones en la actualidad a más de 15 en 2050

P.- La realidad es que la población española, como la de la mayor parte de las economías avanzadas, envejece a una velocidad nada despreciable, pero ¿cuál es la razón por la que otros países europeos no tienen el mismo problema que nosotros? ¿Retrasar la edad de jubilación es la única solución?

R.- El reto es mayor en España por varias razones. Primero, la población española tiene afortunadamente una de las esperanzas de vida mayores de Europa. La esperanza de vida para las personas que llegan a los 65 años viene aumentando aproximadamente 16 meses cada 10 años, es decir, más de tres horas cada día. Segundo, la tasa de natalidad es más baja que en otros países europeos. Tercero, en la próxima década empezará a jubilarse la generación del baby boom, más tarde que en otros países que empezaron a adoptar cambios en el sistema de pensiones más pronto y con los que vamos con mucho retraso. Retrasar la edad de jubilación no es la única solución, pero sí que debe formar parte de las medidas que debe incluir una reforma integral del sistema. Otra de las ventajas de un sistema de cuentas nocionales es que la edad de jubilación puede ser flexible, de manera que los derechos de pensiones acumulados dan lugar a pensiones más altas cuando se decide retrasar la edad de jubilación, ya que el sistema asegura el equilibrio intergeneracional.

P.- El sistema ahora en vigor, aprobado en 2013, vincula la revalorización de la pensión a un índice para que las pensiones no se paguen con deuda sino que el gasto se vincule a los ingresos del sistema. Esto es algo que asegura que las pensiones se seguirán cobrando, pero si el sistema genera pocos ingresos las pensiones también serán más reducidas… ¿Cuáles son vuestras previsiones de futuro y cómo se debería actuar para equilibrar el sistema?

R.- En las próximas dos décadas el crecimiento del gasto debido al aumento del número de pensiones y de la pensión media por la renovación de pensionistas se va a mover previsiblemente dentro de una horquilla entre el 3% actual y el 2,3% de 2040. Las altas de pensiones más elevadas que las que causan baja (efecto sustitución) hacen que la pensión media esté creciendo en la actualidad al 1,6%. Las previsiones demográficas indican que el número de pensiones crecerá entre el 1,2% actual y el 1,8% en 2035. Solo a partir de 2045 aumentará por debajo del 1%. Dadas estas previsiones, el mejor escenario sería que el crecimiento en términos reales del PIB (es decir, la suma del crecimiento del empleo y de la productividad) y de los ingresos del sistema fuera superior al 2,5%, igualando el crecimiento del gasto por el aumento del número de pensiones y de la pensión media por el efecto sustitución. En este escenario, una mayor o menor inflación tendría efectos inocuos: la diferencia entre el crecimiento nominal y el real de los ingresos permitiría revalorizar las pensiones en la misma proporción, sin que su poder adquisitivo se viera afectado.

“La esperanza de vida para las personas que llegan a los 65 años viene aumentando aproximadamente 16 meses cada 10 años

P.- Sin embargo, recientemente se ha propuesto una iniciativa parlamentaria para volver al sistema anterior y que las pensiones se revaloricen únicamente de acuerdo con la inflación. ¿No es posible hacerlo con el actual sistema?  

R.- Es perfectamente posible hacerlo con el Índice de Revalorización de las Pensiones (IRP) aprobado en 2013. El IRP permite que las pensiones suban igual que la inflación siempre que se aumenten los recursos estructurales de la Seguridad Social cuando sea necesario. Por ejemplo, con subidas finalistas de impuestos que se destinen a financiar las pensiones de forma equilibrada y sin endeudamiento de las cuentas públicas. Esta es la forma nítida y clara de plantear a la sociedad la disyuntiva existente. Por el contrario, tratar de comprometer un aumento del gasto sin proponer de manera detallada y transparente cómo financiarlo, sólo con una llamada genérica a aumentar la aportación del Estado cuando sus cuentas están en déficit, es tratar de buscar un atajo para incumplir la restricción presupuestaria, lo que solo generará incertidumbre y frustración a largo plazo, cuando se vea que ese camino no es posible. La experiencia de las tensiones financieras de 2011 y 2012, y sus efectos tan negativos sobre el crecimiento y el empleo son una claro ejemplo de las consecuencias posibles de esa estrategia.

P.- Por lo que usted explica no solo es necesario equilibrar el sistema de pensiones, sino que lo ideal sería tratar de conseguir más ingresos. ¿De qué forma se podrían obtener otra serie de recursos adicionales?

R.- Sólo hay dos maneras de obtener recursos adicionales. La primera es ir aumentando la presión fiscal de manera que los impuestos que se destinan a pagar pensiones crezcan por encima del PIB. Esta opción supone transferir cada vez más renta de la población activa a los jubilados, aumentando aún más la carga sobre las generaciones futuras. Además, los ingresos que se consigan aumentando las contribuciones a la Seguridad Social o destopando las bases máximas de cotización, no harían sino reducir la relación entre unas contribuciones mayores en el presente y las relativamente menores pensiones futuras. La segunda opción, es llevar a cabo las reformas estructurales necesarias para aumentar el crecimiento del empleo y de la productividad, lo que permitiría que las bases imponibles de los impuestos (renta, consumo, etc) crecieran también y que el sistema pudiera recaudar más sin subir impuestos. Entre las dos opciones claramente es preferible la segunda y la que necesita la economía española. Cuanto más crezca el empleo y los salarios más crecerán las pensiones que podremos permitirnos, incluso aunque disminuya la tasa de reemplazo.

P.- Además de estas reformas que aumenten el crecimiento del empleo y de la productividad, ¿qué otras medidas deberían adoptarse?

R.- Una reforma integral requiere actuar en varios frentes simultáneamente, tanto en los ingresos como en los gastos. Es necesario que los regímenes especiales dejen de serlo y converjan al régimen general. Hay que seguir luchando activa y eficazmente contra el fraude en las cotizaciones sociales. La edad de jubilación de referencia debe aumentar a medida que lo haga la esperanza de vida. Y así otras muchas medidas. Pero al final tenemos que entender que un sistema de pensiones de reparto solo puede repartir los recursos de que dispone, de manera que el gasto termine creciendo al mismo ritmo que crecen los ingresos. Y esto se consigue con un buen sistema de cuentas nocionales y de revalorización de las pensiones como el aprobado en 2013. Todos estos cambios deben realizarse con la máxima transparencia, para que los trabajadores puedan anticiparse y tomar decisiones con las que compensar los efectos de estas medidas sobre sus futuras pensiones, prolongando su vida laboral, mejorando su formación, aumentando su tasa de actividad e incrementado su ahorro para la jubilación. Los jóvenes de ahora tienen toda su vida por delante para adaptarse sin problemas a estos cambios.

“Al final tenemos que entender que un sistema de pensiones de reparto solo puede repartir los recursos de que dispone

P.- ¿Qué consecuencias cree que podría haber si se siguen aplazando las reformas que usted menciona?

R.- Cuanto más se tarde en adoptar medidas correctoras menos graduales van a poder ser sus efectos, la transición a una situación en la que la tasa de beneficio y de sustitución sea menor pero sostenible deberá hacerse en menos tiempo y los cambios serán más traumáticos para la sociedad. Esto es lo que pasó en Grecia, con disminuciones de las pensiones que podrían haberse evitado si se hubieran hecho las reformas mucho antes. Tenemos que aprender de los errores de otros países y estamos a tiempo de hacerlo. Es perfectamente posible afrontar el envejecimiento y asegurar un reparto equitativo entre generaciones de los costes asociados al mismo si nos ponemos cuanto antes a ello.

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