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Macroeconomía 20 sep 2021

Inflación, ¿cómo afecta a mis inversiones?

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Las economías desarrolladas han experimentado una significativa subida de los precios, coincidiendo con la recuperación económica por la salida de la pandemia. Aunque, por el momento, el escenario no es preocupante, es importante vigilar la inflación debido al impacto negativo que tiene sobre las carteras de inversión. BBVA Asset Management ha identificado una serie de activos ‘pro inflación’, que se pueden incorporar a las carteras para mitigar el efecto de la subida de precios en el largo plazo.

“El impacto de la inflación en las carteras es como si tuviéramos un cubo lleno de agua con un agujero, donde el agua es el valor de los activos y la inflación ese agujero. Si no se tapa, antes o después el cubo se vacía”, explica Jaime Martínez, director global de Asignación de Activos en BBVA Asset Management.

La inflación es una merma en el valor de los ahorros. Por ejemplo, con una inflación anual del 2%, en un plazo de 25 años, sin hacer nada al respecto, se perdería el 40% del valor de una cartera de activos. Con una inflación superior, esa pérdida de valor se produciría antes. Por ello, la comunidad inversora distingue entre la rentabilidad nominal y la rentabilidad real, que es la que incluye el impacto de la inflación. Si un bono de Gobierno tiene una rentabilidad nominal del 0,33% en un periodo determinado y la inflación en ese periodo ha sido del 3,3%, la rentabilidad real es negativa, del -2,97%. Es decir, en términos reales se pierde dinero.

La salida de la pandemia ha derivado en una normalización social que ha canalizado un mayor consumo e inversiones que habían estado retenidos

¿Por qué está aumentando la inflación?

Las economías desarrolladas han visto cómo se disparaba la inflación en un plazo corto de tiempo. En Estados Unidos, la inflación interanual se encuentra en torno al 5%, frente a una media del 2% en los últimos años. En la zona euro es algo menor, del 3,3% en España y del 3,9% en Alemania, frente a una media reciente cercana al 1%. Existen diversas razones que explican el alza de los precios. En primer lugar, la salida de la pandemia ha derivado en una normalización social que ha canalizado un mayor consumo e inversiones que habían estado retenidos. Asimismo, se ha retrasado el tiempo de entrega de los suministros y se han generado cuellos de botella en las cadenas de distribución al crecer más rápido la demanda que la oferta. Otro factor clave ha sido la subida del precio de la energía, especialmente del gas natural y del petróleo. El alza de la energía ha impulsado a su vez el precio de los alimentos. Finalmente, en Estados Unidos ha afectado a la inflación la subida del precio de los coches de segunda mano, cuya demanda ha aumentado debido al retraso de la entrega de los coches nuevos ante la falta de semiconductores.

Sin embargo, para Joaquín García Huerga, director de Estrategia Global en BBVA Asset Management, este aumento de la inflación tiene más de transitorio que de estructural. Principalmente porque para que haya un aumento consistente de la inflación deben producirse subidas de salarios también consistentes. Y para que ello ocurra, debe reducirse todavía más la capacidad ociosa de la economía, lo que lleva a los empleadores a elevar la oferta salarial para atraer talento. Este proceso es sólo incipiente en EE. UU., pero es que en la eurozona no ha empezado.

En paralelo, durante los últimos años ha aumentado considerablemente la oferta monetaria y se ha inyectado liquidez en los sistemas financieros. Pero esta liquidez se ha utilizado más como protección que como una vía para elevar el crédito a la economía real. Este último sería otro factor que elevaría los precios. Pero no se ha dado el caso.

“No estamos ante un cambio estructural de la inflación”, afirma García Huerga. “Hacen falta economías más maduras con fuertes crecimientos; la liquidez inyectada por los bancos centrales no está siendo inflacionaria, y la globalización, que suele ser deflacionaria, no ha desaparecido del escenario internacional a pesar de la pandemia”. En su opinión, la inflación ya ha hecho pico en EE. UU. y la eurozona, y tenderá a normalizarse en los próximos trimestres. Esta previsión se cumplirá siempre que no se produzcan una serie de factores a vigilar, como por ejemplo, un aumento de las presiones en el mercado laboral de EE. UU. a medida que baje el paro, el alza de los precios de la energía, el retraso en la subidas de tipos por parte de los bancos centrales, el desanclaje de las expectativas de inflación a largo plazo por parte del mercado o la aceleración del crecimiento económico en una situación de control de la pandemia cuasi total.

“El impacto de la inflación es mayor en las carteras conservadoras por su mayor peso en bonos de gobierno”

¿Cómo combatir la inflación en las carteras de inversión?

Históricamente, los diferentes activos que integran una cartera tienen comportamientos diferentes en períodos inflacionistas. Por ejemplo, en épocas de elevada inflación, las bolsas y los bonos suelen comportarse negativamente, en términos reales, mientras que otros activos como las materias primas o la energía lo hacen mejor. En cambio, en periodos de estabilidad de los precios sucede prácticamente lo contrario. “El impacto de la inflación es mayor en las carteras conservadoras por su mayor peso en bonos de gobierno”, explica Jaime Martínez.

De cara a contrarrestar el efecto de la inflación en las carteras, la gestora de activos de BBVA ha identificado una serie de activos que llaman ‘pro inflación’, porque históricamente se ha demostrado que se comportan mejor en temporadas de subidas de los precios. Para incorporar estos activos en las carteras deben cumplir tres requisitos: tener correlación positiva con la subida de precios, que esa correlación sea estable en el tiempo y que la magnitud del movimiento alcista en periodos de inflación sea significativo.

La cesta de activos ‘pro inflación’ de BBVA Asset Management incluye materias primas, REITs globales (activos inmobiliarios), sector energético, bonos en euros ligados a la inflación de corto plazo y activos sintéticos que reflejan las expectativas de inflación en la eurozona (conocidos como Euro Breakeven). En una cartera de tipo ciclo de vida, que va reduciendo el riesgo a medida que se acerca la fecha horizonte o destino, la cesta ‘pro inflación’ va aumentando su peso con el paso del tiempo. “Como inversores es esencial tener en cuenta la inflación”, añade Jaime Martínez.

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